Estados
  • Ciudad que despierta con el canto de gallos: la mancha urbana que devoró a las granjas en la Comarca Lagunera

La crianza de animales de traspatio sobrevive en los antiguos ejidos de La Laguna pese al avance de la mancha urbana. | Foto: Roberto Amaya.

La expansión urbana de La Laguna ha transformado el uso del suelo, pero en algunos ejidos absorbidos por la ciudad aún sobrevive la crianza de animales de traspatio.

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

M+.- En esta región de la Comarca Lagunera, donde alguna vez hubo parcelas, aire limpio y un horizonte sin obstáculos, hoy se levantan fraccionamientos cerrados, centros comerciales y avenidas por las que circulan miles de vehículos. Pero basta adentrarse en los antiguos ejidos que la mancha urbana ha ido rodeando durante las últimas tres décadas para descubrir que el campo no ha desaparecido del todo.

Al amanecer todavía canta un gallo. En los chiqueros, los cerdos esperan la hora de comer y, de vez en cuando, en los corrales el relincho de un caballo se impone al ruido de los motores.

En comunidades como La Unión, La Concha, Ana, La Paz, La Fe, El Perú, Rancho Alegre, San Luis y El Águila, en Torreón, Coahuila, la crianza de animales de traspatio se resiste a desaparecer.

Es la permanencia de una forma de vida que sobrevivió al avance del concreto y que, para muchas familias, representa mucho más que una actividad productiva: es identidad, tradición y una forma de completar el gasto del hogar.

De acuerdo con el Instituto Municipal de Planeación y Competitividad (Implan), Torreón cuenta con 38 núcleos agrarios registrados ante el Registro Agrario Nacional (RAN).

Aunque hoy se encuentran rodeados por el desarrollo urbano, estos espacios conservan parte de su organización social y una tradición pecuaria que durante generaciones permitió a sus habitantes producir alimentos para el autoconsumo y obtener ingresos adicionales.

Cuando la ciudad alcanzó al campo

La transformación comenzó a acelerarse durante la década de los noventa, a partir de las modificaciones al régimen agrario que facilitaron la incorporación de tierras ejidales al mercado inmobiliario.

Carla Estefanía Tovar Triana, directora de Planeación Urbana Sustentable del Implan, explica que el crecimiento habitacional respondió, en buena medida, a la necesidad de atender el déficit de vivienda social.

"Esto se da por una necesidad de vivienda social en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Se buscó atender ese déficit y es cuando la Reforma Agraria permitió la conversión de suelo ejidal a suelo privado", señala.

Las parcelas agrícolas que rodeaban a los antiguos asentamientos comenzaron a venderse a desarrolladoras. Sobre ellas aparecieron nuevas colonias, vialidades y conjuntos habitacionales, mientras los cascos urbanos originales de los ejidos permanecieron en su sitio.

"Se empiezan a desarrollar nuevos núcleos habitacionales y las zonas agrícolas de Torreón y de La Laguna en general se convierten en fraccionamientos", detalla Tovar.
En algunos ejidos absorbidos por Torreón aún se mantiene la crianza tradicional de animales de traspatio.
La transformación comenzó a acelerarse durante la década de los noventa. | Foto: Roberto Amaya.

Así, el campo no fue desplazado por completo: quedó encapsulado dentro de la ciudad.

El resultado fue una transformación física, pero también cultural.

Comunidades rurales con décadas de historia comenzaron a convivir pared con pared con viviendas construidas bajo una lógica urbana, en una zona donde las formas de vida que durante años fueron cotidianas ahora pueden resultar ajenas para los nuevos vecinos.

El corral como memoria y sustento

Para las familias ejidales, tener gallinas, cerdos, bovinos o caballos en el patio no necesariamente significa mantener un pasatiempo. En muchos casos, se trata de una práctica heredada que conserva una función económica.

En un recorrido realizado por MILENIO por distintos ejidos incorporados a la mancha urbana, fue posible observar corrales construidos en patios y predios domésticos, donde las familias mantienen animales que forman parte de su dinámica cotidiana.

La convivencia tiene una explicación sencilla: esos animales y esos corrales estaban ahí antes de que llegaran las nuevas viviendas.

En algunos ejidos absorbidos por Torreón aún se mantiene la crianza tradicional de animales de traspatio.
Los animales y los corrales estaban ahí antes de que llegaran las nuevas viviendas.| Foto: Roberto Amaya.

"Los ejidos estaban ahí primero. Fue la ciudad la que creció hacia ellos y no al revés", resume Tovar.

Pero el crecimiento urbano también modificó las condiciones de esa convivencia.

Con la llegada de nuevos fraccionamientos aparecieron vecinos que adquirieron viviendas pensando en un entorno residencial y que comenzaron a encontrarse con una realidad distinta: animales que hacen ruido desde temprano, olores derivados de la actividad pecuaria y la presencia de moscas y otros vectores.

El choque entre dos formas de habitar

El conflicto no necesariamente surge por la presencia de los animales, sino por las condiciones en que son criados y, particularmente, por el manejo de los desechos.

La Dirección de Inspección y Verificación de Torreón reconoce que recibe reportes periódicos relacionados con fauna de granja, aunque considera que el volumen de quejas no representa una situación alarmante.

Pablo Fernández, titular de la dependencia, explica que los principales señalamientos aparecen en determinadas épocas del año.

"Las quejas más recurrentes son por el olor, sobre todo en temporada de calor y cuando llueve", detalla.

Las altas temperaturas intensifican los olores derivados de los excrementos, mientras que las lluvias pueden arrastrar residuos hacia las calles pavimentadas.

Lo que comenzó como una molestia entre vecinos puede convertirse entonces en un problema sanitario.

En algunos ejidos absorbidos por Torreón aún se mantiene la crianza tradicional de animales de traspatio.
También hay familias que mantienen gallos, burros y caballos. | Foto: Roberto Amaya.

La acumulación de desechos también favorece la presencia de moscas y otros vectores, por lo que en determinados casos es necesaria la intervención de Salud Pública Municipal.

Los corrales, además, responden a distintas necesidades.

Es común encontrar piaras de cerdos que son criados para su venta durante la temporada navideña, cuando aumenta la demanda para la preparación de tamales y cenas de fin de año.

También hay familias que mantienen gallos, burros y caballos, algunos de ellos vinculados con actividades de trabajo.

Ordenar la convivencia, no borrar la tradición

Ante esta realidad, el Ayuntamiento descarta una política basada en prohibir la crianza de animales o eliminar los corrales de los ejidos.

La apuesta, aseguran las autoridades, es ordenar la actividad y reducir las molestias para quienes viven alrededor.

"No les pedimos que dejen de tener sus animales; buscamos que estén en lugares donde no afecten a la comunidad y que se mantengan en condiciones adecuadas de higiene", sostiene el director de Inspección y Verificación.

El procedimiento comienza con una notificación y el diálogo con el propietario. Se solicita la limpieza del área, la reubicación de los corrales dentro del mismo predio o, cuando las condiciones lo permiten, el traslado de los animales a terrenos más alejados de la mancha urbana.

Si el propietario no atiende las recomendaciones, intervienen de manera conjunta las direcciones de Salud Municipal y Medio Ambiente.

En algunos ejidos absorbidos por Torreón aún se mantiene la crianza tradicional de animales de traspatio.
Las altas temperaturas intensifican los olores derivados de los excrementos. | Foto: Roberto Amaya.

La intención es encontrar un punto de equilibrio entre dos realidades que ahora comparten el mismo espacio: la de quienes llegaron con la expansión de la ciudad y la de quienes ya estaban ahí cuando alrededor sólo había parcelas.

Porque debajo del pavimento, detrás de las bardas de los fraccionamientos y entre las avenidas que han cambiado el rostro de Torreón, los antiguos ejidos todavía conservan señales de aquel territorio rural.

Un gallo que canta al amanecer, un caballo detrás de una cerca o una familia que cría cerdos para venderlos en diciembre parecen escenas de otro tiempo, pero forman parte del presente de una ciudad que creció hasta alcanzar al campo.

Los ejidos, coinciden las autoridades, no son un vestigio que deba borrarse. Son parte de la memoria viva de Torreón y del patrimonio social sobre el que se construyó la ciudad moderna.

En algunos ejidos absorbidos por Torreón aún se mantiene la crianza tradicional de animales de traspatio.
Los ejidos, coinciden las autoridades, no son un vestigio que deba borrarse.| Foto: Roberto Amaya.

e&d

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.