M+.- El Sierra 1, el hombre que sembró el terror en Morelia y municipios aledaños como Madero, Acutzio del Canje y Titzio, ofreció 100 mil pesos a un agente de seguridad para no ser detenido luego de que lo encontraran al interior de su recámara, en un fraccionamiento al suroriente de la capital michoacana.
Para ello, pidió comunicarse vía telefónica con su hermano, El Sierra 2, y así gestionar el recurso. Previamente se colocó su aparato auditivo porque, además de ser un hombre peligroso, tiene dificultades para escuchar.
Según el Informe Policial Homologado que elaboró uno de los dos agentes que ingresaron a la habitación donde dormía Ernesto Rafael por la madrugada del jueves 24 de junio, y al que tuvo acceso MILENIO, su pareja de nombre Nayeli no participó en el intento de soborno.
Por ello, el juez de control, Gerardo Nava Mejía, hizo la precisión de que, por el delito de cohecho, al que la Fiscalía General del Estado le había intentado fincar responsabilidad a ambos, el único presunto responsable era El Sierra 1.
"El delito aplica desde la promesa, desde el ofrecimiento", puntualizó el juzgador luego de que la defensa intentó echar por abajo la acusación al asegurar que no se efectuó y, por la discapacidad auditiva del imputado, no le fue posible interactuar al momento con los agentes.
"Es ilógico e impensable; la otra agente ni lo menciona en el informe. No es suficiente, creíble e idóneo", sostuvo el abogado defensor de la pareja, el cual no es de oficio y proviene de un despacho privado.
"Hubo tortura": así se realizó la audiencia contra El Sierra 1
La continuación de la audiencia inicial que tuvo un primer momento el sábado fue relativamente breve y puntual. Inició a las 9:22 horas, apenas siete minutos después de la hora fijada.
En la sala 04 de juicios orales del Poder Judicial de Michoacán, a un costado del Centro de Readaptación Social "Lic. David Franco Rodríguez" estuvo El Sierra 1 y su pareja, ambos vestidos con sudadera y pantalón de color beige.
Del lado izquierdo de la sala estaban los dos imputados y su abogado. A un costado, casi sobre la pared, dos policías de custodia y, en la zona de bancas para los asistentes, otros dos más.
Debido a la discapacidad auditiva de Ernesto, tuvo que ser cambiado de posición para ver de frente a los agentes del Ministerio Público al momento de exponer sus argumentos y, de paso, mirar de reojo a los presentes, entre ellos, al único medio de comunicación presente.
El hombre acusado de extorsionar a mezcaleros, madereros y comerciantes estaba sentado, con los brazos cruzados y en silencio la mayor parte de la audiencia; solo respondió las preguntas del juez sobre si tenía o no duda alguna del desarrollo de la audiencia. Solo en cuatro ocasiones se acercó a su pareja y abogado en privado para resolver una observación.
A comparación de las imágenes que circularon al momento de su detención, lucía ligeramente rapado y, a diferencia de la madre de sus hijos, no llevaba puestos tenis, sino sandalias de color negro y calcetas gruesas de color blanco.
El juez de control le recordó que tenía derecho a realizar alguna declaración. Se desistió en un primer momento; sin embargo, al ahondar su defensa en la supuesta tortura que sufrió él y su familia, incluyendo sus dos hijos menores, rompió el silencio.
"Hubo tortura hacia mí y hacia mi familia", dijo.
El hombre originario de Apatzingán, que junto con su hermano entabló una alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación, denunció tortura minutos después de haber sido señalado de intentar corromper a la autoridad, siendo la única vez que tomó la palabra.
Su pareja, quien por lapsos aparentaba estar nerviosa, fue más escueta y solo pidió investigar, pues una de sus hijas, de 16 años, recibe terapia psicológica tras lo ocurrido. El abogado complementó asegurando que no se aplicó ningún protocolo para salvaguardar la integridad de los menores.
El juez Nava Mejía lo paró en seco, diciendo que tras firmar la orden del cateo en el domicilio marcado con el número 49, en el Fraccionamiento Bosque Monarca, instruyó también la presencia de personal experto en manejo de crisis.
"Pese a que ya estamos cansados de estas gentes, no me refiero en exclusivo a usted, sino a otras gentes que generan delitos; sí le pedimos a las autoridades que tengan una actuación legal", señaló el juzgador.
Los agentes del Ministerio Público respondieron que, de acuerdo con los dictámenes médicos, ni El Sierra 1, su pareja o hijos, tenían lesiones algunas.
"La investigación debe ser por el daño psicológico", refutó la defensa.
Los vinculan a proceso; queda un alegato pendiente
El único alegato que pudo ganar la parte acusada fue en el tema de delitos contra la salud, en su modalidad de narcomenudeo. Según las autoridades, se hallaron cuatro "grapas" de metanfetamina y otras dos de cocaína al interior de un buró.
Su forma de presentación fue motivo suficiente para asegurar que tenía como fin la venta; sin embargo, el juez de control observó que no había prueba alguna que sostuviera la acusación, como alguna denuncia anónima.
La modalidad se cambió a posesión, aun cuando los análisis toxicológicos practicados a los imputados arrojaron resultados negativos en cuanto a consumo.
Mientras que para el tema de las armas halladas también en su habitación, por la urgencia del caso, se resolvió que hubo una coautoría "permanente y dolosa", pero precisó que será un juez federal que, dentro del ámbito de su competencia, ahonde más en el tema.
Intentando encontrar algún vacío legal, la defensa buscó quitar responsabilidad alguna a la pareja de Ernesto Rafael, pero se fracasó en el intento. Si bien la orden de aprehensión solo iba dirigida al fundador del Cártel de Altozano, los otros "diversos delitos" la terminaron incriminando.
"El conocimiento que usted tenía de estos objetos era probablemente elevado; podía disponer de ellos", le dijo el juez.
A las 10:28 horas se les dictó vinculación a proceso por los tres delitos mencionados, además de prisión preventiva justificada y oficiosa, y un mes como plazo para la investigación complementaria.
Los agentes habían solicitado dos meses bajo el argumento de tener tiempo para descifrar el contenido de 15 equipos telefónicos. Por el delito de cohecho no procede porque no se realizó ninguna llamada y, por el tema de drogas, solo fue posesión, precisó el juez.
Este fue el segundo alegato que ganó la defensa; ahora solo resta el más importante, el correspondiente al homicidio y secuestro de Sergio Rangel, productor mezcalero, cuya audiencia está por definirse.
ksh