A pesar de que las precipitaciones comenzaron a presentarse relativamente constantes a finales del mes de mayo, esta temporada de lluvia no ha sido tan favorable para los campesinos, ganaderos o productores duranguenses.
De acuerdo con lo mencionado por el presidente de la Unión Ganadera Regional de Durango, Rogelio Soto Ochoa, este sector aún permanece a la espera de que, durante lo que resta del mes de septiembre, las lluvias puedan ser cuantiosas, puesto que, al día de hoy, existe una cantidad importante de plantas de maíz que no se han logrado, agostaderos estresados, plagas que han contagiado a cientos de cabezas de ganado y una inundación de carne brasileña que ha comenzado a desplazar la economía local.
Según los datos proporcionados por el departamento de hidrología y meteorología en la dirección local de la Comisión Nacional del Agua, durante esta temporada el fenómeno climatológico, efectivamente, ha sido intermitente; inclusive, solo se ha tenido registro de que algunas entidades campesinas ubicadas en los municipios de San Dimas, Pueblo Nuevo y gran parte de las quebradas han tenido una presencia constante del líquido vital.
No obstante, se tiene previsto que, para el cierre de mes, el acumulado general en la entidad pueda llegar a situarse en un 80% de la métrica histórica prevista para estas fechas.
Producción y cultivos
Por su parte, el presidente de la Comisión de Desarrollo Rural, Jorge Herrera Castro, ha señalado que no todas las cosechas o precipitaciones han venido en decremento, puesto que siembras como la de la avena, el frijol y los forrajes en general han sabido aprovechar concretamente la presencia de humedad en la tierra.
No obstante, él mismo reconoció que muchos de los productores también se han visto obligados a reducir sus cultivos de frijol, debido al bajo precio que las autoridades del Gobierno federal y el coyotaje les han ofrecido.
Asimismo, el campesino duranguense, Lázaro Campos Segovia, ha expuesto que la intensidad y los lapsos cortos de lluvia son factores casi letales para la producción local, ya que la fuerza con la que arrecia la caída del agua y la poca profundidad que alcanza solamente debilita el crecimiento del brote o la planta.
Es por eso que, ante este panorama, la cosecha de tlazole y la engorda de ganado ha comenzado a convertirse en la única opción de supervivencia para finales de 2026.
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