Abrir o mantener un negocio en Durango capital se ha convertido en una carrera de resistencia con muy pocas probabilidades de éxito.
Lo que antes era una plaza atractiva para la inversión local hoy enfrenta un escenario sofocante: rentas desproporcionadas, una carga fiscal y patronal que devora hasta 30% de los ingresos, el estancamiento económico nacional y la paulatina pérdida de dinamismo de su principal pulmón comercial: el Centro Histórico.
Históricamente, el primer cuadro de la ciudad representaba la apuesta más segura para el comercio tradicional, debido al alto flujo peatonal y turístico; Sin embargo, en los últimos años, el Centro Histórico de Durango dejó de ser el motor económico local para convertirse en uno de los factores que más encarecen y dificultan el emprendimiento.
El fenómeno comenzó con una burbuja inmobiliaria impulsada, en su momento, por el arribo masivo de comercios de capital chino. Estos establecimientos comenzaron a arrendar locales a costos muy por encima del valor real del mercado.
Aunque los operativos de las autoridades federales redujeron de manera sustancial la presencia de estos negocios de productos de bajo costo, la secuela permaneció: los propietarios de los inmuebles mantuvieron los precios por las nubes, negándose a ajustar las rentas a la realidad económica del comerciante local.
A esto se suma el deterioro progresivo de la infraestructura del primer cuadro, los problemas de estacionamiento y el cambio en los hábitos de consumo hacia nuevas zonas de desarrollo o plataformas digitales.
El resultado es visible a simple vista: decenas de locales abandonados ostentan letreros de arrendamiento. No se trata solo de grandes naves comerciales, sino de pequeños espacios que durante décadas albergaron empresas familiares y que hoy lucen con las cortinas abajo.
Incluso en los bulevares de mayor aforo vehicular, hacia donde se ha expandido la ciudad, las condiciones tampoco han garantizado las ventas esperadas, dejando a los comerciantes sin una alternativa real de reubicación.
Una losa fiscal y tributaria que consume hasta 30% de los ingresos
Para quienes logran solventar el costo de un espacio físico, el siguiente obstáculo es la carga tributaria y prestacional. Sergio Sánchez, presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), señala que, entre impuestos, obligaciones patronales y el incremento de las prestaciones laborales, los empresarios llegan a perder hasta 30% de sus ingresos.
"Las contribuciones patronales, el IMSS, el Infonavit y cada una de las prestaciones nos están impactando al doble en comparación con años anteriores. Los aumentos al salario mínimo y la ampliación de los periodos vacacionales nos han obligado a reducir drásticamente nuestros márgenes de utilidad o a recortar costos para no quebrar", explicó Sánchez.
Por su parte, Karen Rivas, presidenta del Consejo de Empresarios Jóvenes (CEJ), coincidió en que operar un negocio físico en Durango se ha vuelto financieramente insostenible.
Explicó que, ante la falta de ventas diarias, los emprendedores primero agotan sus ahorros y luego recurren al endeudamiento mediante créditos para pagar sueldos y rentas, hasta que el modelo colapsa.
Rivas añadió que hoy en día muy pocas empresas logran generar utilidades reales.
"Mes con mes, la mayoría opera en números rojos. Para quienes logran un margen de ganancia, generar utilidades ya es una victoria, aunque ante la ley se deba cumplir con el reparto proporcional, lo que reduce aún más el margen de reinversión".
Crecimiento en la cuerda floja y factores externos
El panorama macroeconómico tampoco ofrece un respiro. Arnoldo Gutiérrez Nevárez, vicepresidente de Asuntos Financieros de la Canaco, advirtió que la economía, tanto local como nacional, se encuentra estancada.
Las proyecciones para el cierre de 2026 estiman un crecimiento raquítico de entre 0.5% y 1.0% para Durango, mientras que la expectativa nacional difícilmente superará 1%.
Gutiérrez Nevárez señaló que la economía local ha recibido golpes severos en sectores clave:
a) Fronteras cerradas y crisis ganadera: La presencia del gusano barrenador y las restricciones en la frontera con Estados Unidos han frenado las exportaciones de ganado, afectando a Durango como el segundo productor de carne del país.
b) Incertidumbre comercial y jurídica: La revisión anual del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no ha entregado los resultados esperados para México. A esto se suma la preocupación del sector privado por la incertidumbre jurídica que genera la elección de jueces mediante voto popular, un factor que frena la llegada de nuevas inversiones.
c) El único respiro: La minería se ha mantenido como el único sector resiliente en la entidad, impulsado principalmente por las altas cotizaciones internacionales de los metales.
Ajustes forzados en el mercado inmobiliario
Frente a este escenario, Oliver Morales, líder de comerciantes del Centro Histórico duranguense, sostuvo que el deterioro económico acumula al menos tres años consecutivos, restando capacidad a los comercios para reinvertir o reinventarse.
Como reflejo de esta crisis de desocupación, Alicia Domínguez, presidenta de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), capítulo Durango, señaló que en los últimos meses los propietarios han comenzado a ceder progresivamente, ajustando a la baja el costo de los arrendamientos ante la imposibilidad de encontrar inquilinos dispuestos a pagar los precios del pasado.
Así, mientras las rentas intentan estabilizarse a la fuerza, los empresarios locales continúan haciendo malabares entre deudas, impuestos y bajas ventas, en una ciudad donde emprender se ha convertido, más que en un proyecto de vida, en un acto de supervivencia.
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