Diana Guadalupe Vargas Muñoz es cofundadora de The Young Lab, empresa dedicada a la profesionalización de productos alimenticios en México. Su llegada al emprendimiento no fue directa; sucedió después de casi ocho años trabajando en la industria de alimentos, cuando la pandemia la llevó a abrir una oportunidad de negocio que cambiaría su vida.
“Nunca estuvo en mi mente ser una emprendedora… siempre me gustaba tener actividades diversas, pero no pasaba por mis pensamientos esa opción. Duré unos ocho años en la industria, trabajando. Y, pues, yo siempre digo que el emprendimiento me eligió a mí”.
La idea de la empresa surgió a raíz de la actualización de la Norma 051, que exige a los productos alimenticios mostrar información nutrimental y advertencias sobre exceso de calorías, azúcares, grasas saturadas y sodio. Diana recuerda que muchas marcas no sabían cómo reaccionar ante los cambios.
“Nosotras, como parte de esa empresa, nos tocó este cambio y estábamos batallando… nuestro pensamiento fue: si nosotros estamos batallando, claramente allá afuera va a haber muchas personas que también están pasando por eso. Así comenzó nuestra idea”.
Lo que inició como una actividad complementaria para sobrevivir, al formar parte del grupo de personas que quedaron sin empleo durante la pandemia, evolucionó a un proyecto empresarial consolidado con alcance nacional.
Actualmente, The Young Lab ha trabajado con más de 2,000 productos y clientes en distintos estados de México, como Sonora, Sinaloa, Campeche y Querétaro.
“Nuestra fortaleza es hacer que el propio emprendedor o productor de alimentos lleve las riendas de su negocio… nosotros acompañamos en cierto camino del producto, pero no somos proveedores que se quedan por un largo tiempo”, explicó Diana.
Además de su enfoque normativo, siempre ha impulsado una cultura de innovación dentro de la empresa. “Busco que nuestro trabajo no solo cumpla con la ley, sino que también inspire a los emprendedores a mejorar sus productos y a pensar en nuevas ideas. Queremos que cada productor sienta que tiene las herramientas para crecer y profesionalizarse”, comenta.
Ese compromiso con la creatividad y el aprendizaje constante ha permitido diversificar su portafolio y mantenerse a la vanguardia de las necesidades del mercado alimenticio.
El techo de cristal se presentó
El despegue de su empresa no estuvo exento de desafíos, especialmente por ser una mujer joven en una industria tradicionalmente liderada por hombres. “Al inicio, nos preguntaban: ‘¿Quiénes son ustedes? ¿Qué estudiaron? ¿Cuándo se graduaron?… Fue un reto sentir el ‘techo de cristal’, pero eso nos motivó a certificarnos y demostrar que nuestros conocimientos sí son reales”, comentó.
La especialización y la certificación como Unidad de Inspección en Información Comercial avalada por la Secretaría de Economía y la Entidad Mexicana de Acreditación (ema) consolidaron la reputación de la empresa. Diana y su socia, Ana Paula Jáuregui Puente, química de formación, complementan sus perfiles creativos y científicos para ofrecer servicios normativos, de empaque y de diseño de productos.
“Después de dos años de arrancar actividades, nos certificamos y eso nos abrió las puertas en empresas más grandes que necesitaban un certificado… es un logro bastante grande para nosotras”, destaca.
A quienes buscan emprender les recomienda: “Ser perseverantes. La perseverancia y la constancia van a ser la clave del éxito… No se rindan a la primera vez que les digan que no, no se rindan tampoco si tienen un mes malo o incluso un año malo. La experiencia se gana con constancia y aprendizaje diario”.
Hoy, The Young Lab continúa creciendo, adaptándose y diversificándose con nuevas líneas de productos y servicios, demostrando que la innovación, el conocimiento y el esfuerzo, son pilares esenciales para el éxito empresarial.
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