Un predio para la producción agropecuaria en Puebla ahora funciona como tiradero clandestino de residuos médicos recolectados por la empresa GEN, una filial de Promotora Ambiental SAB de CV, con domicilio fiscal en Monterrey, Nuevo León, pero con presencia en todo el país.
La artimaña que pone en peligro a productores y habitantes de los predios aledaños parece oculta, pero Multimedios la localizó para exhibirla ante las autoridades y la opinión pública, pese a los notorios intentos por esconderla.
El ecocidio se ubica junto al panteón de San Bernabé Temoxtitla, localidad del municipio de Ocoyucan que desde hace varios trienios es controlada por Antorcha Campesina, ahora bajo la figura del alcalde Aristóteles Campos Flores.
Aprovechando su colindancia con San Pablo Ahuatempan, de Santa Isabel Cholula, la filial de la empresa PASA, que recoge la basura en Puebla capital y San Andrés Cholula, lleva varias semanas vaciando plaquetas usadas y otros desechos recogidos de hospitales para abandonarlos a la intemperie, a unos 500 metros de la carretera federal Puebla-Atlixco.
Un recorrido en el lugar y videos en posesión de esta casa editorial dan cuenta de lo dicho, puesto que los camiones recolectores de GEN han sido captados a plena luz del día dejando los desechos en el último rincón de San Bernabé Temoxtitla, entrando por Santa Isabel Cholula.
Fuego y estiércol
Multimedios recibió la denuncia ciudadana sobre lo que todavía ocurre en ese lugar hace sólo unos días, pero hay quienes señalan que las prácticas ambientales irregulares comenzaron, al menos, en diciembre de 2025.
De acuerdo con las Normas Oficiales Mexicanas 057 y 083, publicadas por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) desde 2003, la disposición final de los residuos peligrosos biológico-infecciosos (RPBI) deberá realizarse en espacios seguros y previamente autorizados por la federación. Sin embargo, no es el caso de este sitio, un rectángulo de 25 por 30 metros aproximadamente.
En el lugar se encontraron varios montículos de estiércol, los cuales fueron usados para cubrir algunos restos de RPBI, aunque otros tantos fueron incinerados o simplemente abandonados al aire libre sin respetar los protocolos vigentes.
El panorama empeora, ya que las lluvias recientes convirtieron el lugar en un campo de lodo con agua olorosa, cuyos componentes químicos, también conocidos como lixiviados, se están filtrando hacia los pozos más cercanos.
Las huellas que se quedaron marcadas son una evidencia de la incursión de maquinaria pesada para abandonar y apilar los restos sanitarios, pese a que Semarnat y la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial (Smadsot) del gobierno de Puebla prohíben ese tipo de acciones.
Al cierre de esta edición, el terreno permanece en las mismas condiciones; tanto el propietario del terreno como la empresa responsable de la contaminación no han limpiado el terreno.