Miles de personas quedaron maravilladas ante la energía y la intensidad del descenso de la Serpiente Emplumada en el Castillo de Chichén Itzá, un espectáculo que surge del preciso encuentro entre el sol y la arquitectura maya en el estado de Yucatán.
Desde temprana hora, turistas provenientes de los cinco continentes rodearon la pirámide para presenciar este fenómeno arqueoastronómico que ocurre durante el equinoccio de primavera, cuando la luz y la sombra dan vida a una de las postales más emblemáticas del mundo maya.
Inicia la primavera
El 21 de marzo tiene un significado especial: no solo congrega a visitantes de todo el mundo, sino que marca el inicio del ciclo agrícola y la fertilidad, momento en que los antiguos mayas comenzaban la siembra del maíz. Asistieron 8 mil 428 personas a presenciarlo.
En contraste, durante el equinoccio de otoño, en septiembre, se simboliza el regreso del dios Kukulkán para fertilizar la tierra, cerrando así el ciclo de la vida.
Un fenómeno similar puede observarse en la zona arqueológica de Dzibilchaltún, donde el amanecer ilumina de forma precisa la Casa de las Siete Muñecas.
“Yo pienso que Yucatán es un lugar muy especial, sí, son famosos acá el Templo de las Siete Muñecas, Chichén Itzá, pero pienso que toda el área en sí es demasiado especial, la energía que se siente es completamente diferente, entonces, pues expectativas todas y solo llegó un día y las han superado muchísimo”, dijo Vanessa Trejos, una turista colombiana radicada en La Florida, Estados Unidos.
La serpiente emplumada
El juego de luz y sombra es milimétrico: el sol poniente dibuja siete triángulos isósceles sobre la escalinata norte del castillo de Kukulcán, formando la silueta de la Serpiente Emplumada que parece descender hasta la cabeza esculpida en la base. Ante ese instante, nadie duda en levantar cámaras o teléfonos para capturar un momento tan mágico como ancestral.
“Yo estoy sorprendida, la verdad, es la primera vez que vengo, estoy sorprendida, está impresionante, está padrísimo, la verdad, me encantó, me encantó. ¿Volvería a regresar? Sí, claro, claro, por supuesto, sí”, dijo Herminia Fonseca Vázquez, vecina de la ciudad de León, Guanajuato.
Vestidos de blanco, con sombreros para mitigar los cerca de 35 grados Celsius, muchos visitantes aseguraban “llenarse de energía”, mientras los rostros reflejaban asombro y emoción.
“Espectacular, me encanta como mexicana, lo disfruto mucho y es un evento muy espectacular que me encanta”, expresó la señora Mónica, vecina del estado de Quintana Roo.
Vanessa, quien también recorrió Dzibilchaltún y la ciudad prehispánica de Ek Balam, aseguró haber vivido una experiencia inolvidable al presenciar dos equinoccios en Yucatán.
“Muy bonitas, me parecieron. Estuve en Ek Balam, es una zona arqueológica muy bella también, la gente es supremamente amable, mucha calidad humana, la comida deliciosa, el clima espectacular, no, perfecto, perfecto”, dijo la colombiana.
Relató que la experiencia fue profundamente enriquecedora por la combinación de naturaleza, arquitectura y el misticismo que envuelve a las antiguas ciudades mayas.
Incluso se aventuró a subir a lo más alto de Ek Balam: “La subidita, bueno, un poquito retadora porque la sientes inclinada, bien inclinada, pero vale completamente la pena; la vista que tienes es espectacular, lo de 360 grados, tienes una vista genial”.
“Donde se ven las otras pirámides que están abajo, en las esculturas de la entrada del templo donde están los ángeles, los guerreros alados, es algo como si lo hubieran hecho ayer, es algo asombroso. ¿Volvería a Yucatán en una segunda ocasión? Totalmente, es más, estoy pensando en venir en otoño”.