El tradicional Paseo del Pendón, que representa la apertura de la feria de Navidad y Año Nuevo, la festividad más importante de la región Centro de Guerrero se desarrolló bajo un fuerte resguardo policíaco para inhibir la actuación de la delincuencia.
La noche del sábado se registraron por lo menos dos balaceras en las inmediaciones de Ciudad Universitaria (CU) y la colonia El Amate, lo que generó expectación entre la población respecto a la conveniencia de participar en el evento.
La mañana del sábado, en diferentes puntos de la ciudad la policía encontró tres unidades del servicio público calcinadas, no se supo lo que sucedió con los choferes.En el transcurso de la tarde se recuperó una cabeza con un mensaje intimidatorio en un puente peatonal, lo que movilizó a policías y militares.
Vigilancia por aire y tierra
La convocatoria para el arranque del paseo del estandarte se fijó para las 11:00 horas del domingo, en la descubierta principal se colocó el gobernador Héctor Astudillo, parte de sus colaboradores y el alcalde de Chilpancingo, Marco Antonio Leyva Mena.
El recorrido fue superior a los seis kilómetros en las avenidas del centro de la ciudad, la duración rebasó las cuatro horas.
Por tierra se desplazaron policías municipales, del estado y brigadistas de Protección Civil.
En la esquina de la avenuda Benito Juárez se registró un pleito entre jóvenes que observaban el paso de personalidades y danzantes. Otro encontronazo se generó en la avenida Juan N. Alvarez.
En el primer caso la policía se movilizó de inmediato para disuadir a los que protagonizaban el pleito. En el segundo no llegaron a tiempo, aunque el hecho quedó documentado en video.
Baño de pueblo y de alcohol
La sociedad de Chilpancingo, sujeta desde siempre a presiones de tipo social, político, económico y de seguridad, se volcó sobre las calles de su primer cuadro para observar el paso de la clase política, interactuar con los grupos de danzantes y consumir cantidades importantes de cerveza y mezcal.
Las autoridades proyectaban la participación de por lo menos 60 mil personas, aunque al cierre de la jornada calculaban que la expectativa se superó.
Los políticos se sumergieron en el mar de gente que se agolpó en las aceras y que recurrentenente invadió el paso de los contingentes.
El tigre no tuvo empacho para protagonizar un porrazo callejero, emulando los encuentros míticos que se desarrollaban en las playas de arena del Río Huacapa, cuando sus aguas eran limpias y la gente se bañaba en ellas.
El pitero amenizó el paso del tlacololero, que con escopeta de palo en mano y chirrión se dejó atrapar por las mujeres, hombres y niños que pedían una imagen para la posteridad.
Rondó la muerte, el diablo de dejó ver en el concreto caliente de las calles capitalinas, mientras manueles y chinelos imprimieron ritmo a la jornada. Contingentes compuestos de jóvenes y adultos avanzaron paso a paso, trago a trago hasta entrar en el estado de embriaguez que genera el consumo abundante de cerveza y mezcal, principalmente.
En la festividad más importante de la capital de Guerrero no hubo baño de sangre, como llegó a temerse por los hechos sucedidos en la víspera, lo que sí pudo mirarse y sentirse, fue un claro baño de pueblo para los gobernantes y un baño de alcohol para cientos, quizá miles de habitantes.