La migración hacia Estados Unidos cambió de manera radical tras el regreso de Donald Trump a la presidencia hace un año. Las nuevas restricciones y políticas migratorias provocaron una disminución significativa en el flujo de personas en tránsito por México, lo que obligó a los albergues y espacios de atención a migrantes a modificar sus dinámicas de trabajo.
En Torreón, Coahuila, los comedores comunitarios y refugios que antes recibían a cientos de personas diariamente ahora atienden a grupos mucho más reducidos. El enfoque también se transformó: además de brindar ayuda humanitaria básica, ahora acompañan a quienes decidieron hacer una pausa en el llamado “sueño americano” o incluso establecerse de manera definitiva en esta ciudad del norte del país.
Menos tránsito, más acompañamiento legal
Un ejemplo de este cambio es el Centro para Migrantes “Jesús Torres”, que redujo de forma considerable su número de atenciones entre 2024 y 2025. De recibir a cerca de 15 mil personas al año, pasó a menos de una tercera parte. No obstante, el trabajo legal y de acompañamiento para solicitar asilo en México aumentó.
Durante el último año, su área jurídica apoyó a 24 familias en el trámite de refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), un número mayor al registrado en años anteriores.
“Hemos identificado que ahora hay más casos de familias. Antes eran principalmente personas solas; ahora son núcleos familiares completos, y muchos de ellos optan por una regularización migratoria”, explica Carolina Hernández, encargada del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana, campus Torreón, y asesora legal del centro.
Detalla que algunos de estos casos corresponden a migrantes que intentaron cruzar a Estados Unidos en años anteriores, pero no lo lograron debido a la espera prolongada de citas en la aplicación CBP One o a la falta de salvoconductos. Muchos permanecieron en México durante ese tiempo y, en algunos casos, formaron familias o tuvieron hijos nacidos en territorio nacional.
“Antes nos decían que querían llegar a Monterrey y que por error habían llegado a Torreón, y aquí se quedaron. Pero este año nos comentan que se quedan porque aquí hay trabajo. Ven a Torreón, Monterrey o incluso Saltillo como ciudades destino por una cuestión económica, pero también por el tema de la seguridad”, señala Hernández.
De acuerdo con cifras del Centro “Jesús Torres”, antes de la pandemia las solicitudes de refugio eran escasas. Posteriormente, se registró un promedio de 15 por año, hasta llegar a 24 en 2025.
“Puede parecer un número pequeño, pero las dinámicas han cambiado mucho, ya que no todas las personas que están aquí solicitan refugio. Eso también es importante resaltarlo”, añade.
Una atención de mayor calidad
Para Irma Leticia Valles, coordinadora del Comedor “Santa Cecilia”, ubicado en la colonia Las Julietas, al suroriente de Torreón, la disminución en el flujo migratorio ha permitido ofrecer un servicio más completo y de mejor calidad.
“Antes no podíamos tener un menú fijo porque había muchísima gente. Servíamos lo básico: frijol, arroz y huevo. Ahora ya podemos dar un platillo en específico cada día. Incluso hay quienes nos dicen que es el primer lugar en México donde les ofrecen un pedacito de carne y sopa”, comenta.
Recuerda que en 2024 el récord de atención en un solo día fue de 495 personas. En 2025, el máximo fue de 60, con un promedio diario de entre 20 y 25 migrantes.
La activista destaca que, además de apoyar a quienes van en tránsito por La Laguna, el comedor también brinda alimento, ropa y apoyo básico a quienes decidieron establecerse en la región.
“Aquí les proporcionamos comida mientras consiguen trabajo y se estabilizan. En ocasiones también les apoyamos con medicamentos o consulta médica”, explica.
Sin embargo, aclara que muchos de los migrantes que se encuentran en pausa en Torreón aún mantienen la intención de continuar su camino hacia Estados Unidos cuando las condiciones lo permitan. Por ahora, al menos cinco familias provenientes de Venezuela, Honduras y Guatemala acuden de forma frecuente al comedor para recibir alimentos.
Valles subraya que la labor humanitaria que realizan no sería posible sin el apoyo de la ciudadanía, así como de instituciones educativas que donan alimentos, ropa y medicamentos. También hace un llamado a la comunidad para ofrecer algo más que ayuda material.
“Si la gente ve a un migrante, puede acercarse y escucharlo. Muchas veces tienen más necesidad de ser escuchados que de comer. No los vean como malas personas”, enfatiza.
Integración laboral, educativa y social
La integración de los migrantes a la comunidad lagunera se ha convertido en una prioridad para los albergues durante el último año. Esta labor va más allá de brindar refugio y alimentos: implica abrir puertas en los ámbitos laboral, educativo y social.
“Buscamos tanto acogerlos como integrarlos a la comunidad. Uno de los principales retos es el tema laboral, porque en algunos trabajos no les aceptan la residencia permanente”, explica Carolina Hernández.
Señala que, a través de organismos empresariales como la Canaco y la Canacintra, se ha buscado sensibilizar a los empleadores sobre la validez de los documentos migratorios.
“La residencia permanente sí tiene validez, quizá no en derechos civiles o políticos, pero sí para el ejercicio de otros derechos, como poder obtener su número de seguro social y trabajar legalmente”, precisa.
En el caso de los menores de edad, el acompañamiento también ha sido clave para garantizar su derecho a la educación. El centro ha trabajado para que niños y niñas migrantes puedan integrarse a escuelas de Torreón.
“Todas las personas, independientemente de su estatus migratorio, tienen derecho a ir a la escuela. Pero a veces nos encontramos con directores o maestros que se niegan. En esos casos, la SEP puede emitir una CURP provisional”, explica la asesora legal.
Durante el último año, lograron que nueve infantes fueran inscritos en planteles educativos de la ciudad, permitiéndoles continuar con su formación básica.
Un nuevo rostro de la migración en Torreón
El panorama migratorio en La Laguna refleja una transición: de ser un punto de paso masivo, Torreón se ha convertido en un lugar de estancia temporal o incluso permanente para muchas familias migrantes. Los espacios de apoyo ya no solo atienden emergencias, sino que acompañan procesos de integración.
La disminución en el número de personas en tránsito ha permitido ofrecer una atención más personalizada, con enfoque en derechos humanos, regularización migratoria y acceso a servicios básicos.
Para los albergues y comedores, el reto ahora es doble: seguir brindando ayuda humanitaria a quienes continúan su camino hacia el norte y, al mismo tiempo, construir puentes para que quienes se quedan puedan formar parte de la comunidad lagunera.
En medio de un contexto internacional cada vez más restrictivo, Torreón se consolida como un espacio de acogida donde la solidaridad, la integración y la empatía marcan la diferencia en la vida de cientos de personas migrantes.
dahh.