Mientras un homicidio, un secuestro o una balacera suelen provocar una inmediata reacción pública, existe otra forma de violencia que se repite todos los días en Hidalgo y que rara vez genera el mismo nivel de atención.
No ocurre en la clandestinidad ni permanece oculta y sucede a plena luz del día, en avenidas, bulevares, cruceros y calles por las que diariamente transitan miles de personas; se trata de una tragedia tan frecuente que terminó por normalizarse, aunque sus consecuencias alcanzan a cientos de familias cada año.
Y es que en el estado de Hidalgo ocurre un accidente de tránsito cada dos horas y media y ello no se trata de una estimación. El dato se desprende de analizar 11 años de información oficial contenida en la Estadística de Accidentes de Tránsito Terrestre en Zonas Urbanas y Suburbanas (ATUS) que se desprende del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), y que arroja los registros del periodo comprendido entre 2014 y 2024.
Durante dicho periodo el estado acumuló 38 mil 220 accidentes en vialidades urbanas y suburbanas. En ese mismo lapso 490 personas fallecieron en el lugar del siniestro y 7 mil 24 personas resultaron lesionadas.
Las cifras adquieren otra dimensión cuando se traducen al ritmo cotidiano de la entidad, ya que el promedio anual de percances viales fue de 3 mil 475 accidentes, 45 personas fallecidas y 639 lesionadas. En términos prácticos, la entidad vivió durante más de una década con un accidente cada dos horas y media, una persona fallecida aproximadamente cada ocho días y un lesionado casi cada 14 horas.
Cuando esos episodios se observan de manera conjunta, el panorama cambia radicalmente y lo que parecen incidentes aislados conforman una crisis permanente de movilidad y seguridad vial que ha acompañado el crecimiento urbano de Hidalgo durante la última década.
Los datos muestran que el comportamiento de los accidentes de tránsito no fue uniforme, pues entre 2014 y 2019 la entidad mantuvo una tendencia relativamente estable sin embargo en 2020 y 2021, la pandemia por covid-19 modificó de forma temporal la movilidad y redujo considerablemente los desplazamientos. Como consecuencia, también disminuyó el número de accidentes registrados por el Inegi.
Pero aquella reducción fue pasajera, puesto que con la reapertura de actividades económicas, el regreso a clases presenciales y la recuperación del tránsito vehicular, los accidentes retomaron rápidamente su tendencia ascendente. El resultado fue que 2024 cerró con 5 mil 573 accidentes, el registro anual más alto del periodo analizado.
La contingencia sanitaria demostró que la movilidad influye directamente en la ocurrencia de accidentes, pero también dejó claro que el problema no desapareció. Una vez restablecida la circulación cotidiana, los niveles de siniestralidad volvieron a incrementarse hasta superar los registros previos.
La evolución de las personas fallecidas y lesionadas siguió una trayectoria similar. La disminución observada durante los años de emergencia sanitaria no representó un cambio estructural en la seguridad vial, sino un efecto temporal derivado de la menor circulación de vehículos.
Situación en municipios
El análisis estatal también revela otro fenómeno que pasó prácticamente inadvertido ya que durante años se asumió que Pachuca concentraba el mayor número de accidentes de tránsito por tratarse de la ciudad más importante del estado. Sin embargo, la información oficial muestra que el liderazgo es otro.
Entre 2014 y 2024, el municipio de Mineral de la Reforma acumuló 11 mil 469 accidentes, convirtiéndose en el municipio con mayor número de percances registrados mientras que en segundo lugar aparece Pachuca, con 7 mil 993 accidentes, seguido por Tulancingo, con 6 mil 180; Tula, con 5 mil 432, y Progreso de Obregón, con 3 mil 39.
Este dato modifica por completo el mapa de la movilidad estatal, ya que Mineral de la Reforma superó a la capital del estado por 3 mil 476 accidentes durante el periodo analizado.
El cambio coincide con la transformación urbana que experimentó la zona metropolitana durante la última década; el crecimiento habitacional de Mineral de la Reforma, la expansión de los fraccionamientos, el desarrollo del sector comercial y el incremento de los desplazamientos diarios terminan reflejándose en la estadística oficial.
Miles de personas viven en la zona de Mineral de la Reforma y diariamente se trasladan hacia Pachuca para trabajar, estudiar o acceder a servicios. Esa integración metropolitana convirtió a ambas demarcaciones en un solo sistema de movilidad donde millones de recorridos cruzan cada año los límites administrativos prácticamente sin que los conductores lo adviertan.
Sin embargo, la historia cambia cuando el análisis deja de concentrarse en el número de accidentes y comienza a observar sus consecuencias humanas. Aunque Mineral de la Reforma encabezó los accidentes, Pachuca registró el mayor número de personas fallecidas en el lugar del siniestro, con 92 víctimas durante el periodo analizado.
Mineral de la Reforma contabilizó 44 fallecidos, mientras que Tulancingo sumó 26. La diferencia demuestra que el municipio donde ocurren más accidentes no necesariamente es aquel donde las consecuencias resultan más graves. Esa conclusión rompe una de las percepciones más extendidas sobre la seguridad vial. Un mayor número de accidentes no implica automáticamente un mayor número de víctimas fatales.
La misma lógica aparece al revisar el número de personas lesionadas. Entre 2014 y 2024, Mineral de la Reforma acumuló mil 531 lesionados, la cifra más alta del estado. Le siguieron Pachuca, con mil 210; Tulancingo, con 970; Tula de Allende, con 646, y Progreso de Obregón, con 589.
Estas cifras reflejan que la siniestralidad vial no sólo representa daños materiales. Cada persona lesionada implica atención prehospitalaria, ocupación de servicios médicos, gastos familiares, pérdida de ingresos, rehabilitación y, en numerosos casos, secuelas permanentes que modifican la calidad de vida de las víctimas y de quienes las rodean.
La propia metodología del Inegi obliga a interpretar los datos con cautela pues la ATUS únicamente contabiliza a las personas que fallecen en el lugar del accidente y no incorpora a quienes pierden la vida durante el traslado a un hospital o mientras reciben atención médica. Esto significa que el impacto humano de la siniestralidad vial puede ser mayor al reflejado por la estadística oficial.
La información también permite identificar que la concentración de accidentes responde, principalmente, a los municipios con mayor movilidad urbana. Además de Mineral de la Reforma y Pachuca, Tulancingo de Bravo se consolidó como el tercer municipio con más accidentes del estado. Su posición como centro comercial y de servicios para la región oriente de Hidalgo genera un flujo permanente de vehículos que se refleja en la frecuencia de los percances.
En el caso de Tula de Allende, el corredor industrial y logístico explica parte de la intensa circulación de transporte de carga y vehículos particulares, mientras que Progreso de Obregón destaca por registrar un número de accidentes superior al que podría suponerse únicamente por su tamaño poblacional. La estadística confirma el comportamiento, aunque por sí sola no permite establecer las causas específicas de esa concentración.
Lo que sí demuestra con claridad es que la siniestralidad vial se concentra en los principales polos urbanos y económicos del territorio estatal. Conforme aumenta la movilidad, también crece la probabilidad de que ocurra un accidente. Sin embargo, la intensidad del tránsito no explica por completo las diferencias entre municipios, especialmente cuando se comparan las personas fallecidas y lesionadas.
De modo que la seguridad vial dejó de ser un asunto exclusivo de ingenieros de tránsito o corporaciones policiacas pues hoy representa un desafío que involucra planeación urbana, transporte público, infraestructura, educación vial, diseño de calles y capacidad institucional para responder a una movilidad que cambia con rapidez.
El crecimiento de la zona metropolitana de Pachuca ilustra esa transformación. Durante años, el desarrollo urbano avanzó hacia Mineral de la Reforma hasta convertir ambos municipios en una sola dinámica de desplazamientos diarios. El resultado quedó registrado en la estadística oficial: el municipio vecino desplazó a la capital como el principal concentrador de accidentes de tránsito.
Más allá de los números, la conclusión es contundente: los accidentes de tránsito dejaron de ser episodios excepcionales para convertirse en un fenómeno estructural de la movilidad. Mientras esa frecuencia permanezca prácticamente inalterada, la tragedia seguirá repitiéndose con una regularidad que la sociedad ha terminado por asumir como parte de la vida cotidiana.
Y quizá ése sea el dato más preocupante de toda la serie estadística: la violencia vial ocurre con tanta frecuencia que ha dejado de sorprender. Los números demuestran que nunca debió parecer normal.
Reconocen problema
La incidencia de accidentes y percances viales llevó al gobierno de Hidalgo a plantear un endurecimiento en los requisitos para obtener una licencia de conducir. En este sentido, el gobernador Julio Menchaca Salazar sostuvo que actualmente este documento es de fácil acceso y que las evaluaciones aplicadas no son suficientes para asegurar que quienes manejan conozcan y respeten la normativa de tránsito.
El planteamiento surge después de diversos hechos de tránsito registrados en la entidad, entre ellos el caso de una unidad del transporte público que atropelló a tres personas cuando intentaban cruzar una vialidad. Sobre ese incidente, el mandatario estatal recordó que, si el concesionario no cuenta con un seguro para responder por los daños ocasionados a las víctimas, podría enfrentar el retiro y la cancelación de la concesión.
“Es una muestra más de la poca educación vial en el país y en el estado. Estamos en pláticas para hacer más estricta la expedición de licencias de conducir; en cualquier parte del mundo cuestan mucho y es un examen difícil de pasar, hoy son muy accesibles", afirmó el mandatario.
Julio Menchaca Salazar también atribuyó parte de los accidentes a la falta de cultura vial entre la población, al señalar que muchos peatones cruzan las calles fuera de las zonas destinadas para ello, lo que, combinado con la falta de pericia de algunos conductores, incrementa el riesgo de siniestros de tránsito.