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Buena Vista Social Club: cuando lo latino no necesita traducción

Luis Miranda encontró en Buena Vista Social Club la confirmación de que una historia profundamente latina puede conquistar nuevos públicos sin renunciar a su idioma, su música ni su identidad.

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Antes de que Buena Vista Social Club se convirtiera en un musical de Broadway, Luis Miranda ya conocía el poder de la música en español. Como uno de los productores de la puesta que se estrenará en Teatro de los Insurgentes, en noviembre, recuerda lo primero que le llamó la atención del fenómeno original.

“Yo conocía la música de Buena Vista Social Club cuando ellos triunfaron. Yo era presidente de la Federación Hispana, que había empezado en 1990, y lo primero que me atrajo a Buena Vista, además de la música, era que habían triunfado más allá del mundo latino”.
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​Atravesar la frontera que tantas veces se impone a la cultura latina sigue siendo uno de los criterios para involucrarse en un proyecto: que la historia diga algo de su comunidad y, a la vez, sea capaz de ir mucho más allá de ella.

“Cuando se convierte en la posibilidad de ser una obra teatral, inmediatamente recuerdo cómo 25 años con anterioridad yo había estado envuelto en eso para dar a conocer la latinidad”, explicó Miranda, productor y activista político, además de padre de Lin-Manuel Miranda (Hamilton, Moana).

En entrevista desde Nueva York, Luis Miranda explicó qué fue lo que más le entusiasmó de este musical sobre los grandes artistas cubamos que enamoraron al mundo hace décadas.

“Era la primera vez que Broadway iba a tener una obra, un musical, donde toda la lírica y música era en español y no había letritas”.

Luis Miranda creció en Puerto Rico, donde se acostumbró a que todo lo que llegaba en inglés tenía subtítulos. Por eso le resultó especialmente significativo contemplar ahora el proceso contrario: una audiencia angloparlante siguiendo la historia, pero entregándose físicamente a canciones cuyas palabras no necesariamente comprendía. 

“Ver una y otra vez un público que estaba siguiendo la historia, porque la estamos dando en inglés, pero que movían su cuerpo cuando se tocaba la música, aunque no entendían una palabra de lo que se estaba cantando... Para mí, esa es la magia de la música, esa es la magia del teatro”.

El contraste con otros momentos de Broadway también le sirve para medir cuánto ha cambiado el público.

“Yo recuerdo cuando Lin-Manuel escribió In the Heights. Hubo discusiones de cuánto español podía digerir una audiencia norteamericana. Eso no fue una preocupación en Buena Vista, porque los tiempos van cambiando. El público tolera más cambio, tolera más diversidad”.

Los espectadores latinos fueron quienes terminaron transformando parte de la experiencia. Luis Miranda cuenta que muchos salían de la función diciendo que escuchar esa música sentados era casi imposible. La respuesta fue crear presentaciones especiales en las que el público puede levantarse y bailar durante determinados números.

“Los latinos que iban al show después nos decían: ‘Ay, Dios mío, pero estar sentado es como una tragedia, nosotros queremos movernos’. Ahora estamos haciendo una función una vez al mes en la que la gente se puede parar a bailar”.

La relación entre representación, cultura y acción política atraviesa prácticamente todo lo que hace Luis Miranda. Su propia llegada a Nueva York, desde un pequeño pueblo de Puerto Rico, se convirtió en la confirmación de que había encontrado su lugar.

“Yo recuerdo haber caminado hasta el Village y después de vuelta al apartamento como a la una y media de la mañana y pensar: ‘¿Pero dónde estuvo esta ciudad toda mi vida?’, porque llegué y era como pez en el agua”.

Pero también entendió que para la comunidad latina abrirse camino exigía algo más.

“Triunfar en Estados Unidos para miembros de nuestra comunidad requiere trabajo extra. Cuando uno nada contra la corriente, se da cuenta de cuáles son los pescados que van a hacer. Porque necesitas, por un lado, resiliencia; por otro lado, no tener miedo”.

Por eso para Luis Miranda es difícil separar las historias que se cuentan del momento social y político en el cual aparecen.

“Para mí la política y el arte son dos alas del mismo pájaro. Porque el trabajo de ambos es dar a conocer las historias que son importantes para nosotros en sociedad”.

Ese principio puede llevarlo a Broadway, pero también a proyectos mucho más pequeños. Luis Miranda recordó el correo que recibió de dos jóvenes que querían hacer un documental sobre adolescentes mariachis en la frontera de Texas. 

Lo entusiasmó encontrar a muchachos de entre 14 y 17 años preservando y propagando una cultura que ha sobrevivido a numerosos intentos por desaparecerla. Se convirtió en productor ejecutivo de Going Varsity in Mariachi, proyecto que eventualmente llegó a Netflix.

“Mira, tienen que ser proyectos que estén dando a conocer una historia que sea importante. O una historia que a lo mejor no es la más importante en el mundo, pero demuestra algo que nuestra sociedad debe tener”.

Para Luis Miranda, esa es también la razón por la que el fenómeno de Buena Vista Social Club trasciende la nostalgia. La obra no sólo recupera canciones que sobrevivieron décadas: demuestra que una historia profundamente cubana puede ocupar Broadway y ahora viajar a México sin renunciar al idioma que la originó.

“Cada vez que empezaba una canción, era como si la gente la conociera de toda su vida. Siempre me emociona que la música puede mover su cuerpo, que no son las palabras lo que están sintiendo, porque yo sé que no las entienden. Pero la música está teniendo un impacto en quiénes son ellos”.

El musical de Buena Vista Social Club ganó cuatro premios Tony en 2025, más un Tony especial para los músicos de la producción. El álbum del elenco original ganó el grammy 2026 a Mejor álbum de teatro musical.

SLL


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Susana Moscatel
  • Susana Moscatel
  • 25 años de periodista y conductora de entretenimiento. Ha publicado tres libros, traducido 18 obras y transmitido el Oscar y el Tony, entre muchos otros. Escribe de lunes a viernes su columna Estado fallido.
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