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“Little fighter”: La canción de White Lion que inmortalizó el atentado terrorista contra el Rainbow Warrior

La muerte del fotógrafo Fernando Pereira y el ataque contra Rainbow Warrior marcaron un antes y un después para Greenpeace; cuatro años más tarde, White Lion convirtió esa historia en una canción que celebra la perseverancia.

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Algunas canciones nacen de un corazón roto. Otras de una historia de amor. Algunas de una guerra. Y muy pocas de un barco.

Pero eso fue exactamente lo que ocurrió con “Little fighter”, de White Lion.

Todo comienza muchos años antes de que Mike Tramp escribiera la canción. El Rainbow Warrior no nació como un símbolo. Era un viejo barco pesquero británico construido en la década de los cincuenta. Greenpeace lo adquirió en 1977 y lo transformó en mucho más que una embarcación: lo convirtió en una especie de embajada flotante para defender aquello que nadie parecía dispuesto a proteger. Durante años navegó enfrentando balleneros, denunciando la caza de focas, documentando el vertido de residuos tóxicos y oponiéndose a las pruebas nucleares que distintas potencias realizaban en el Océano Pacífico.

Pero hubo una misión que cambió para siempre su destino. En 1985, el Rainbow Warrior participó en la evacuación de cientos de habitantes del atolón de Rongelap, cuyas vidas seguían marcadas por la contaminación radiactiva, provocada décadas antes por pruebas nucleares estadunidenses. Después de esa operación humanitaria, el barco puso rumbo a Nueva Zelanda para preparar una nueva protesta: navegar hacia el atolón de Mururoa, donde Francia continuaba realizando ensayos nucleares. Nunca llegó.

La noche del 10 de julio de 1985, mientras permanecía atracado en el puerto de Auckland, dos explosiones estremecieron el casco del barco. Eran bombas colocadas por agentes de la inteligencia francesa en una operación secreta destinada a impedir la protesta. El fotógrafo Fernando Pereira regresó a su camarote para rescatar su equipo fotográfico después de la primera explosión. La segunda lo sorprendió dentro del barco. Murió ahogado. La noticia dio la vuelta al mundo.

No era solamente el hundimiento de un barco. Era la primera vez que un gobierno democrático era señalado por ejecutar un atentado de esa naturaleza contra una organización ambientalista en territorio de un país aliado. Francia terminó reconociendo su responsabilidad política, pagó indemnizaciones y el caso se convirtió en un escándalo diplomático internacional.

Muchos pensaron que ahí terminaría la historia del Rainbow Warrior. Se equivocaron. Cuatro años después apareció una banda llamada White Lion con un disco titulado Big game. El primer sencillo llevaba por nombre “Little fighter”. En las notas del álbum podía leerse una sencilla dedicatoria: “In memory of the Rainbow Warrior”. El videoclip incluso mostraba imágenes del barco y de su legado.

Lo interesante es que Mike Tramp nunca escribió una canción sobre política. Escribió una canción sobre el valor. “Little fighter” habla de quienes siguen adelante, aun sabiendo que las posibilidades de ganar son mínimas. De las personas que deciden levantar la voz cuando el silencio resulta mucho más cómodo. El “Pequeño luchador” no era solamente el barco. Era cualquiera dispuesto a enfrentar algo mucho más grande que él.

El Rainbow Warrior terminó en el fondo del mar, pero jamás desapareció. Con el tiempo llegaron un segundo y un tercer barco que heredaron su nombre y continuaron la labor de Greenpeace alrededor del mundo. El símbolo sobrevivió al atentado.

Quizá ese sea el mayor triunfo del Rainbow Warrior. No haber evitado una explosión. Sino haber logrado que su historia siguiera navegando, ahora convertida en música.



nrm

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Carlos Garza
  • Carlos Garza
  • Productor, creador de contenidos y locutor con 35 años al aire. Desde 1990 ha dado voz a innumerables entrevistas con artistas internacionales y ha impulsado proyectos de radio en México y Estados Unidos. Su trayectoria combina experiencia, técnica y una inquebrantable pasión por la comunicación.
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