El cielo es, para el cantautor Fernando Esperón, su mayor fuente de inspiración; puede pasar horas contemplándolo en silencio mientras piensa “un millón de cosas” que, paulatinamente, aterrizan en canciones.
Meteora es el resultado más reciente de esa abstracción. Y también el nuevo éxito del artista capitalino: a poco más de un mes de su lanzamiento (27 de febrero), supera el millón de reproducciones en Spotify y roza esa cifra en YouTube.
“Me gusta investigar respecto al cielo. En el caso del meteorito, ver qué me hace sentir, su significado para mí y para otras personas. Con el arcoíris y la Luna es lo mismo. Son como un cuento. Además, es un concepto muy profundo que ha estado muy presente en la historia de la humanidad. Eso me gusta meditar”, dice Esperón en entrevista con MILENIO.
El camino de Esperón antes del reconocimiento
El impacto de Meteora, que formará parte del segundo disco de Esperón —su primer larga duración, Nubia, llegó en 2023—, refleja el buen momento que atraviesa el artista.
Disciplina, descanso y curiosidad son los cimientos que lo han llevado a tener un alcance que se cuenta por millones en plataformas musicales. “Hoy en día un artista no solo tiene que dedicarse a componer, también tiene que hacer contenido en redes, comunicarse con sus fans y pensar estrategias. Tiene que ver mucho con la época que estamos viviendo”, afirma.
Aunque la marea no siempre le fue favorable. Durante años nadó a contracorriente, a pesar de que desde adolescente supo que quería hacer música el resto de su vida: “En la segunda semana que tomé clases de guitarra, dije: ‘Quiero dedicarme a esto’”.
Un momento adverso ocurrió al intentar entrar a la Facultad de Música de la UNAM y no quedarse. “Cuando llegué a los 20, mis papás se empezaron a preocupar, y con justa razón. Hubo discusiones que hoy entiendo”.
Pero la tensión familiar y la incertidumbre ante el futuro no aminoraron su pasión. “Preferiría morirme que no hacer música”, afirma. Y recuerda que, buscando una solución en ese entonces, se aventuró a tocar en camiones: “Era la única manera de tener un retorno inmediato”.
De esos trayectos en el transporte público, cuenta que incluía “uno que otro cover”, aunque principalmente interpretaba sus composiciones, lo cual —reconoce— no era lo más rentable.
“Tocar en las calles es complicado; los músicos callejeros tienen las audiencias más difíciles. Es un camino que viví, que reconozco, pero ahora tengo otro por delante que me emociona”.
Entre constancia, pasión y responsabilidad
En 2018, Esperón comenzó a publicar sus temas en redes sociales. Hoy, casi una década después, celebra tener una comunidad que aprecia lo que hace, y lo atribuye a la constancia y al cariño puesto a su música.
Ante esos miles de seguidores —500 mil en TikTok, 100 mil en Instagram y 13 mil en Facebook—, el músico capitalino habla de un “aprendizaje constante” y de la responsabilidad que implica lo que comunica. También de la importancia de mantenerse activo y, sobre todo, de cómo incide emocionalmente: “He llegado a leer gente a la que mis canciones ayudaron a superar una pérdida o una depresión”.
Hablando de vulnerabilidad, confiesa que le da “un poco de miedo” proyectarse demasiado en sus canciones. “Pero es inevitable”, dice, porque todas nacen de sus experiencias de vida y acervo de sentimientos. “Uno deja mucho de sí mismo”.
Actualmente, los primeros en escuchar un tema nuevo y darle retroalimentación son sus amigos y familiares más cercanos. Aunque éste es “perfecto” cuando "yo me siento cómodo. No publico nada a prisa, porque eso va a ser mi patrimonio; van a pasar años y cada canción va a seguir ahí".
Esta visión de perfección impregna todo su proceso creativo. Destina el 80 por ciento de su tiempo a crear y pulir sus composiciones, y el 20 por ciento restante lo reparte entre el gimnasio, la convivencia familiar y alguna que otra salida recreativa.
“Al empezar en la música, no imaginas hacerte rico, pero llega un momento en que tienes que darle la misma seriedad de un trabajo. Pienso en el dinero, sería mentira decir que no, porque tengo que comer, pagar renta, etcétera. Busco ese balance: hacer lo que me gusta con bríos y pasión, y procurar que también retribuya como un trabajo”, explica Esperón.
"Una aventura nueva"
Admirador de Juan Gabriel y Cristian Castro, el cantautor mexicano señala al amor como el motor de su música, aunque reconoce que es complicado y multifacético. “Creo que todas mis canciones hablan de amor, siendo el cielo la metáfora”.
“Lo entiendo como el gusto por algo o alguien que a veces no tiene explicación. Hay amores imposibles, imaginarios. También el que se le tiene a la familia o a la sociedad. Obviamente nadie es feliz todo el tiempo, es imposible. La vida es como una montaña rusa, y está bien, porque si no hubiera momentos de tristeza, no sabríamos distinguir los momentos de felicidad”.
Al reflexionar sobre el presente, analiza los cambios en la música a partir de avances tecnológicos como la inteligencia artificial: “Ya vemos artistas que no existen porque son generados en segundos por una computadora, o miles de canciones que se generan igual. No sé si estemos ante los últimos artistas humanos, que espero no sea así, pero existe esa posibilidad… Todo es incierto”.
A pesar de estas dudas sobre el porvenir, Esperón se mantiene centrado en el ahora: “Tengo que hacer cinco canciones antes de que acabe el año para publicar el disco”. Ya sacó cinco, hiladas por una temática celestial, como Arcoloria, Luma, Solare y Meteora.
Cierra la charla con MILENIO con una sonrisa, porque aunque va “lento” en la hechura del segundo larga duración, “me gusta vivir el proceso”. Además, se prepara para hacer conciertos, “una aventura nueva”.
hc