Antes, la cantautora Covi Quintana siempre andaba de negro. "Me creía ese personaje de ser una chica triste, misteriosa, de taparme los ojos con el sombrero". Pero de un tiempo a la fecha empezó a llenar de color no solo su atuendo, también su música.
Reflejo de esta amplitud cromática y emocional es su nuevo disco, Oye eta vaina, que desde marzo de este año está disponible en plataformas digitales, con 10 canciones que exploran el merengue, la bachata, un poquito de pop y mucho pambiche, ritmo tradicional de su natal República Dominicana.
El sombrero negro también quedó atrás: ahora usa uno blanco. "La gente conocía una versión de mí por mis canciones de antes, que son baladas mayormente de desamor, pero yo soy este nuevo disco: alegría", dice a MILENIO.
La reinvención tropical de Covi Quintana
Con Oye eta vaina, Covi, además de abrirse a ritmos tropicales, abraza sus raíces. “Quería que se sintiera el merengue y la bachata, que la gente conociera lo que son realmente”.
"Sigue estando en mí la melancolía, la soledad, tengo mis días. Pero mayormente soy un baile y alegría", reitera.
A diferencia de sus materiales anteriores —De la cama a la guitarra (2024) y De: ti; para: mí (2023)—, con éste decidió "soltar" más en todo sentido. Por ello confió la producción a Ronny Cruz, su pianista y amigo desde hace más de una década: "Me dejé llevar y eso ha sido hermoso".
A esta "reinvención" la acompaña una nueva filosofía de vida: "Vivir el momento". Por eso comenta que está "disfrutando tanto este proceso que no sé qué sigue: si voy a volver a la balada triste o lo voy a mezclar con lo tropical".
"Vivimos tan deprisa que ya estamos pensando qué vamos a cenar. Es estar aquí, disfrutar los procesos, porque nos hacen reinventarnos y descubrir qué sigue".
Aunque este 'carpe diem' no la inhibe de un trasfondo cultural: reivindicar la música popular y tradicional de su país. "Históricamente, quien escucha esta música es, en su mayoría, de clase popular. Pero poco a poco la están adoptando otras comunidades y eso es precioso".
Una dominicana en Ciudad de México
Para llegar a su etapa actual, abierta a nuevos sonidos y consciente de vivir el presente, Covi atravesó una mudanza a la Ciudad de México.
Dejar su hogar dominicano, dice, fue como "tirarme a una piscina al vacío". Pero la confianza en sus sueños venció la idea de que no iba a durar ni tres meses en la capital: "Ya llevo tres años comiendo tacos y con mi perro que se llama Mezcal".
Este cambio de dirección llegó después del fin de una relación y en medio del crecimiento mediático de su música: "Eso siempre hace que uno quiera conocer y hacer cosas nuevas".
¿Y en qué piensa cuando piensa en su hogar? "Es donde sea que yo lo lleve, donde la gente te abraza".
Celebra que en la Ciudad de México la oferta sonora permite a todos crecer. "Pa' gustos, colores", señala, celebrando que la capital mexicana deja que "puedes hacer un concierto de punk o bachata el mismo día, y se te llenan. Aquí todos son muy fans".
El lugar más seguro del mundo
En tiempos donde la industria se cimenta en la inmediatez y lo viral, Covi Quintana se mantiene al margen y privilegia su sentir personal: "Yo no hago música para números. Es cansado. Hago música para mí, y si la gente la toma, qué bonito".
Admite que en sus más de diez años de carrera ha sido tentada por el algoritmo, pero su convicción es más fuerte que la complacencia. "Uno hace música para uno".
"Así como la música fugaz pegó, está volviendo lo romántico... No sé a dónde, pero algo viene", apunta esperanzada.
Su camino se sostiene en la disciplina, que asumió antes de cambiar la raqueta por una guitarra; jugando tenis a nivel profesional, entendió la importancia de la constancia y el rigor.
Hoy, la admiradora de John Mayer y Juan Luis Guerra, cuando titubea, halla fortaleza en su familia y arriba del escenario: "El lugar más seguro del mundo es cuando subo a cantar una canción".
Tal vez por ello, al pensar en su mejor recuerdo musical, se traslada a su infancia. Particularmente a la voz de su madre cantando Lucía, de Joan Manuel Serrat. "Ella siempre me escribe, me dice que está orgullosa, me dice estrella", revela. Y sonríe.
hc