Espectáculos

Daniel Giménez Cacho conversa en exclusiva sobre los retos de la película 'Juana', su ópera prima: "es un viaje de transformación"

La ópera prima de Daniel Giménez Cacho llega esta semana a las salas de cine. En conversación con M2, el actor y ahora director compartió su postura sobre la iniciativa de ley cinematográfica, que ha pasado a discusión en el Senado.

En su debut como director, Daniel Giménez Cacho entrega una obra íntima y profundamente política. Juana no es solo un thriller dramático, es una herida abierta que dialoga con las crisis más dolorosas del país: los feminicidios y la trata infantil, así como con los silencios familiares, la violencia y los riesgos del ejercicio periodístico en México.

La historia sigue a Juana, una periodista que, mientras investiga casos de corrupción política, se ve obligada a confrontar sus propios traumas. 

En ese cruce entre lo profesional y lo personal, la trama se convierte en un viaje emocional que apuesta por la memoria, la verdad y la justicia. Temas que Cacho mantiene presentes en su vida profesional.

“La película es un viaje de transformación, muy conmovedor”, dijo Giménez Cacho a MILENIO.

El debutante en dirección compartió que, en cada espacio en que la presenta, la pregunta se repite: por qué los periodistas, a pesar de que los matan, siguen haciendo su labor. “esa es la respuesta que intento contestarme”, mencionó.

Juana traza un retrato incisivo del oficio periodístico. En un país donde ejercerlo puede costar la vida, la película expone el desgaste emocional y físico que implica perseguir la verdad. Diana Sedano, protagonista de la cinta, lo lleva a un terreno íntimo: “no podía ser ajena a esta historia. Juana necesitaba de mi cuerpo, de mi mente, de mi corazón”.

Una historia local con eco universal

La potencia de Juana radica en su capacidad de trascender fronteras. Así lo vivió Diana Sedano. “Si quieres ser universal, empieza por hablar de tu pueblo”, citó la actriz a Federico García Lorca y agregó: “hay un punto en el que nos podemos reconocer, para que Juana no sea solo una estadística”, agregó.

Lejos de limitarse a un contexto mexicano, la película ha generado conexiones profundas con audiencias internacionales, “en España la gente conectó muchísimo; había una sensibilidad provocada, pero no te hunde”, explicó Sedano, “incluso en un público tan distinto como el estoniano, había una conexión absoluta con la trayectoria del personaje”.

El silencio como violencia

Uno de los ejes más contundentes del filme es la denuncia de los pactos de silencio que se tejen al interior de las familias frente a episodios de violencia. Margarita Sanz, quien interpreta a la madre de Juana, profundiza en esa complejidad: “la película busca que ya no se guarde silencio; en las familias muchas veces se ocultan cosas, especialmente cuando hay depredadores dentro de ellas”.

Su personaje, una mujer que desde la aparente fragilidad es cómplice de una verdad devastadora, encarna esa contradicción: “ese es el resultado de ser cómplice, de guardar silencio. Y la película no trata de eso, sino de lo contrario, de no normalizar la violencia, de no normalizar el asesinato de mujeres, de periodistas, los feminicidios”.

Además de denunciar la violencia de género, Juana desvela la normalización de esa violencia en lo cotidiano, lo doméstico y lo que no se nombra. La protagonista es, de hecho, una víctima que quiere dejar de serlo, pero el sistema parece jugar en su contra, hasta que, poco a poco, encuentra la forma de comenzar a sanar.


Cine mexicano: entre la urgencia y la precariedad

Juana llega a las salas de cine en un momento clave para la industria cinematográfica nacional. En paralelo a su recorrido en festivales, en México se discute una nueva legislación para el cine que busca, entre otras cosas, garantizar espacios de exhibición para producciones nacionales. Giménez Cacho no es ajeno a esta discusión, la ha vivido por décadas.

“Con Juana, lo que vivo en carne propia es la dificultad de distribución. La diversidad es la que está en riesgo. El 10 por ciento que pusieron para el cine mexicano me parece muy poco. Debería ser el 30 por ciento; por lo menos el 20 por ciento. Hay cosas interesantes, pero hay que ver cómo se vuelve práctica”.

La iniciativa, impulsada ahora en el Senado, plantea cuotas mínimas de exhibición para el cine nacional, aunque aún genera dudas sobre su implementación real, los horarios asignados y las condiciones de competencia frente al dominio de las grandes producciones, porque es una realidad que “las salas en nuestro país están conquistadas por Hollywood”, dijo.

Margarita Sanz también opinó al respecto, aunque desde una postura más escéptica: “del dicho al hecho hay un enorme trecho. Qué bonitos planes, pero no son hechos, no estoy esperanzada. El gobierno siempre promete y no se cumple. Eso es una formalidad, incluso aunque se admita ese 10 por ciento —que es nada, cinco centavos—, a ver si se pone en acción y cómo".

En ese contexto, Juana se posiciona como una película necesaria. No solo por los temas que aborda, sino por la forma en que los articula: desde lo íntimo hacia lo estructural, desde el dolor individual hacia la memoria colectiva, y “como dice Juana: ‘Ojalá pudiéramos ir a otro lado, pero ya no se puede, está aquí’”, recordó Diana Sedano.


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Ivett Salgado Méndez
  • Ivett Salgado Méndez
  • ivett.salgado.mendez@gmail.com
  • Periodista y conductora de entretenimiento, con más de 15 años de experiencia. Durante la última década mi especialidad ha sido el cine, en combinación con la producción de televisión.
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