Espectáculos

[Función Dominical] Un dinosaurio en el viejo oeste

"Un gran dinosaurio" es cine rápido, hecho con retazos de aventuras entrañables y una moraleja desechable.

"Si Juárez no hubiera muerto todavía viviría". En esta frase de danzón se resume el espíritu de la historia alternativa, género que se ha puesto de moda en Estados Unidos y que resulta ideal para la creación de una nueva fantasía de Disney y Pixar. Y es que si hace 65 millones de años los dinosaurios no hubieran muerto... todavía vivirían.

¿Cómo vivirían? Según Disney y Pixar en la película Un gran dinosaurio, las cosas no hubieran sido muy distintas. En lo que es hoy Estados Unidos habitarían lagartos, aunque estarían suficientemente desarrollados como para ofrecer al público la imagen de un western televisivo, uno de ésos en que hay una familia perfecta que se ocupa de su casa y su pequeño huerto. Más allá de la montaña habría cuatreros, indios y una naturaleza salvaje.

La historia, vamos viendo, es un cliché. También la animación y los personajes son clichés. Un gran dinosaurio es una de las películas más mediocres que hayan producido Pixar y Disney. Cuando los productores hacen obras por amor al dólar uno sale de ellas sintiendo que alguien nos ha estafado.

Arno es el hijo menor en una familia de dinosaurios verdes. No es menor solo en edad, también en desarrollo y capacidad. Además de chaparro es cobarde, situación tan vergonzosa en el viejo oeste como en el mundo de sus papás. Los hermanos mayores se burlan de él e incluso la mamá termina por hartarse un poco. Tiene razón: Arno es un tipo achicado y con pocas aptitudes para enfrentar a la vida. Tanto que uno también, de este lado de la pantalla, puede desesperarse. El primer giro viene cuando Arno encuentra a un amigo: un niño salvaje con carácter de perrito sin dueño. De hecho los momentos salvables de esta película corren a cargo de este niño que tiene temeridad como para compensar al dinosaurio cobarde.

Arno eventualmente se pierde de modo que, camino a casa, recorreremos con él todas las fórmulas narrativas que se han inventado en el cine de Disney. Aquí está el amigo incómodo de En busca de Nemo, la nostalgia de La sirenita, el crecimiento espiritual de El rey león. En su camino, Arno encontrará también cuatreros e indígenas disfrazados, claro, de dinosaurios. Total que con esta película uno se queda con la impresión de haber devorado chatarra. Porque Un gran dinosaurio es eso: cine rápido, hecho con retazos de aventuras entrañables y una moraleja desechable. ¿Qué cuando uno tiene problema hay que pedir ayuda a los amigos? Puede ser, ya los vimos en Aladino y en Lilo y Stitch. Todo en esta película, incluida la animación, ha sido vista una y mil veces y, sin embargo, hay en Un gran dinosaurio una esperanza, la de que los ejecutivos de los grandes estudios estén recaudando dinero para ponerse a trabajar en serio, en algo original, en chistes nuevos. Que realicen por fin una historia insólita, que a Pixar le vuelva la imaginación. En fin que, por todo lo anterior, Un gran dinosaurio no es una película recomendable en esta función dominical.

Un gran dinosaurio (The Good Dinosaur). Dirección: Peter Sohn. Guión: Bob Peterson, Peter Sohn, Erik Benson, Meg LeFauve, Kelsey Mann. Fotografía: Kris Kapp. Con las voces en español de Emiliano Ugarte, Mario Arvizu, Salvador Reyes. Estados Unidos, 2015.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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