Hay algo radical en mostrar a dos hombres heridos encontrando consuelo el uno en el otro, no porque el amor entre hombres sea nuevo en el cine, o en la vida misma, sino porque todavía existen miradas que prefieren verlo oculto, castigado o reducido al estereotipo.
Por ello, la nueva película de David Pablos se convierte en una obra profundamente necesaria.
En el camino se instala en ese espacio incómodo donde la dureza de la carretera convive con la necesidad de afecto; donde el deseo importa, pero la soledad pesa más. Desde ahí, David Pablos construye una historia que habla tanto de amor como de las consecuencias de una masculinidad que ha aprendido a sobrevivir escondiendo sus propias heridas.
“La vulnerabilidad masculina sigue estando muy reprimida. Me fascina observar cómo, dentro de las relaciones masculinas, toda esa vulnerabilidad encuentra maneras de escapar, aunque no pueda verbalizarse directamente. Sale a través de la violencia, de la ira, del enojo o de muchas otras formas cotidianas”, dijo Pablos en entrevista con MILENIO.
“Muchos de los problemas que existen hoy nacen justamente de esa imposibilidad aprendida de expresar sensibilidad o vulnerabilidad masculina. Y poder plasmarlo fue muy significativo, es una reafirmación de algo que sabemos: la fachada no es el todo. Y explorar esas contradicciones fue el motor principal por el que quise hacer esta película”, agregó.
La cinta sigue a Veneno, un joven que se relaciona con traileros, y a Muñeco, un conductor solitario que enfrenta problemas de adicción. Al encontrarse, ambos inician una relación marcada por la necesidad de afecto. Para Pablos, el corazón de la historia nunca estuvo únicamente en el deseo, sino en la necesidad humana de sentirse acompañado.
“Quería hablar de la necesidad de afecto, de la soledad, de las carencias, de las heridas y de cómo dos personajes conectan a partir de esto; de cómo dos personajes se complementan de alguna manera, cómo sus heridas se complementan y, a partir de ahí, forjan un lazo. Había algo que me resultaba muy conmovedor de mostrar en ese contexto”, explicó Pablos.
Esa visión encontró eco en Osvaldo Sánchez, quien interpreta a Muñeco. Para el actor, la película retrata la manera en que dos personas solas encuentran refugio una en la otra, “lo que me fascina de este universo que plantea David es esta unión de dos soledades que se permiten fragilizarse, se permiten vulnerarse y conectan a través de sus propias heridas”.
Sánchez destacó que tanto Muñeco como Veneno cargan con fracturas emocionales derivadas del abandono y el rechazo, particularmente en el caso de este último, cuya orientación sexual no es aceptada por su padre, “el amor aparece como algo que permite unir nuevamente las fracturas que tenemos como seres humanos en ambientes tan hostiles”.
Para el actor, la película trasciende la historia personal de sus protagonistas y funciona como una lectura del momento actual, “este paraje desértico es como una metáfora de la noche oscura que vivimos a nivel mundial, y el amor como algo que permite darle cierto sentido a toda esta barbarie, como si lográramos alcanzar la redención mediante el amor”.
La reflexión sobre la masculinidad también impactó profundamente a Víctor Prieto previo y durante el proceso de filmación. El actor reconoció durante la charla con MILENIO que inicialmente sintió miedo ante las escenas de intimidad entre hombres debido a los prejuicios que él mismo había aprendido. La película se convirtió en un reto que lo transformó.
“Pensé: ‘¿Qué va a decir mi familia? ¿Qué van a decir mis amigos? ¿Qué va a decir la gente?’. O sea, yo soy la persona más machiata, el más machito que hay allá en Ciudad Juárez. Todos me conocen por ser bien hombrecito”, dijo, pero el personaje terminó convirtiéndose en una oportunidad para cuestionar esas ideas y de tomar la historia como motor de cambio.
“Pero, en el fondo, yo sabía que no era eso, que no era eso lo que estaba aparentando. Me dio mucho miedo, pero a la vez también me dio ese pico de adrenalina de querer hacerlo para salir de todo esto. Me puse a pensar en el personaje y dije: ‘Es cierto, ¿por qué está mal? ¿Por qué la gente juzga por amar a cualquier otra persona?’. No es un delito amar a nadie”, dijo.
Entonces, el personaje le marcó la ruta a seguir, “me fui por ese lado. Fue la manera en la que dije: ‘OK, voy a romper este ciclo, voy a romper con esto, voy a dejar de ser como soy y voy a mostrarme como realmente soy. Voy a aprovechar este personaje para ser yo, literalmente’. Por esa razón fue que sí, el personaje me marcó”, explicó Victor.
Aunque En el camino aborda temas como la explotación, la violencia y el abandono de jóvenes, Pablos evitó convertir la película en una denuncia explícita. Más bien, integra estos elementos dentro de una exploración más amplia sobre la masculinidad, “todo esto encaja dentro del discurso de la película: mostrar esta otra dimensión de la masculinidad”.
El cineasta señaló que pocas veces se retratan situaciones donde los hombres también son víctimas de explotación o abuso, “no es común ver este tipo de situaciones entre hombres, donde ellos también son explotados. Me parecía importante mostrar este contexto y darle la vuelta, así como también le estoy dando la vuelta a la imagen de la masculinidad”.
A todo ello se suma el paisaje fronterizo del norte de México. Desiertos, carreteras y tráileres construyen un escenario que, lejos de ser un simple fondo, se convierte en una extensión emocional de los personajes, “ese paisaje desértico se vuelve un personaje que funciona como una metáfora de la historia y de los propios personajes”, explicó David Pablos.
El director buscó impregnar la película de una sensación de desolación, “que existiera una atmósfera postapocalíptica”. En ese territorio árido y hostil, En el camino encuentra espacio para hablar de algo profundamente íntimo: la necesidad de ser visto, amado y comprendido. Y precisamente ahí radica la importancia de películas como esta.
AJR