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Sábado , 16.02.2019 / 00:21 Hoy

Arte de alquimistas

Musicópata.

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La capacidad para transcribir los sonidos musicales al papel ha sido uno de los grandes descubrimientos de la humanidad. Un logro digno de los alquimistas. Si no se hubiera desarrollado la notación musical todo el arte sonoro tendría que basarse en la memoria de los ejecutantes y en la improvisación. Es imposible imaginar cómo sería la música si no existiera un lenguaje gráfico para simbolizar los sonidos sobre un papel pautado.

El desarrollo de la escritura musical ha evolucionado a lo largo de los siglos, pero sus fundamentos pueden ser trazados hasta una persona: Guido D’Arezzo, monje italiano que diseñó el prototipo inicial del sistema musical que hoy utilizamos.

D’Arezzo nació por el año 990. Para entonces el mundo occidental ya conocía formas rudimentarias de notación musical. El sistema guía que se usaba para los cantos gregorianos era el de “neumas”. Se basaba en dos rayas paralelas sobre las que se hacían anotaciones muy vagas para indicar a los cantantes cuándo cantar “alto” o “grave”. Los neumas funcionaban bien para quienes ya conocían la pieza, pero era inservible para el que no la conocía. Hasta ese momento, los músicos tenían que aprenderse todas las piezas de oído.

La innovación de D’Arezzo consistió en agregar dos líneas más al papel pautado, estableciendo el sistema del “tetragrama”, mucho más sofisticado, que indicaba de forma precisa cada nota que se debería estar cantando. El sistema funcionó de maravilla y estuvo vigente hasta el siglo XVI, cuando se le agregó una línea más a la pauta para transformarse en el “pentagrama” de cinco rayas que usamos hasta el presente.

Además, D’Arezzo fue quien le puso nombres a las notas musicales. A él le debemos que los grados de la escala se llamen Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si. Guido notó que cada línea del Himno a San Juan Bautista comenzaba con un tono diferente que correspondía a cada una de las notas de la escala musical. Así, tomando la primera sílaba de cada línea, fue dándole nombre a las notas. Aquí está la estrofa del célebre himno con su traducción.

UT queant laxis / Para que tus siervos

RE sonare fibris, / hagan resonar con fuerza,

MI ra gestorum, / lo admirable

FA muli tuorum, / de tus gestas,

SOL ve polluti / quita la mancha

LA bii reatum, / del labio impuro,

Sancte Ioannes. / ¡Oh San Juan!

En el siglo XVIII “Ut” se sustituyó por “Do”, que es la primera sílaba de “Dominus”, el nombre del Señor en latín. El pentagrama se formalizó en el siglo XVI. La forma gráfica actual de las notas musicales se fijó en el XVII. Y muchas de las palabras y signos que describen el tempo y la dinámica musical se incorporaron en el siglo XVIII.

En nuestro tiempo se siguen agregando nuevas notaciones que sirvan para describir las innovaciones y reflejar los avances tecnológicos en la forma de crear sonidos. Pero con todo y eso, la manera en que ahora se expresa la música tiene una deuda directa con aquel monje italiano que vivió hace más de mil años y logró un milagro de alquimista: convertir en algo físico el mundo intangible del arte sonoro.

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