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María Luisa Morales reclama un lugar para el ciclismo de mano tras podio en el Maratón CdMx a los 70 años

Su participación abrió una discusión sobre inclusión y categorías, pero ella lo tiene claro: no compite contra nadie; corre por ella

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No todos los que llegan a la meta están corriendo contra alguien. María Luisa Morales lo tiene claro. A sus 70 años, llegó al XLIII Maratón de la Ciudad de México para competir, sí, pero no para demostrar que es mejor que nadie. Llegó en tercer lugar en la disciplina en silla de ruedas por una razón mucho más personal: porque todavía quiere hacerlo. 

Su participación, sin embargo, provocó cuestionamientos entre algunos competidores debido a que el ciclismo de mano pertenece a una disciplina distinta. Ella no entró en la discusión. La respuesta de María Luisa fue mucho más sencilla y, quizá por eso, mucho más contundente: "Yo no estoy compitiendo contra ellos ni contra nadie. Yo vine a competir, pero por mí. Yo vine a correr por mí, no a competir con nadie".

Para entender el verdadero significado de esa frase hay que retroceder mucho más que los kilómetros que recorrió este domingo. Hay que regresar a su infancia, cuando la polio dejó secuelas que modificaron para siempre la manera en la que tendría que desplazarse por el mundo. María Luisa camina con aparato ortopédico y bastones, pero aprendió desde pequeña a vivir con esa realidad. "Yo creo que cuando una discapacidad es desde pequeño, uno se adapta a su vida así. Y cuando una persona tiene una discapacidad ya a mayor edad, es diferente", explica. No lo cuenta desde la tragedia.

Tampoco parece interesada en que alguien la mire con lástima. Habla de su vida como quien habla de una circunstancia que tuvo que aprender a conocer y con la que, sencillamente, siguió adelante.

Nació en Tlaxcala y terminó haciendo su vida en la Ciudad de México. Y si algo deja claro al escucharla es que la discapacidad nunca consiguió quitarle el carácter. Cuando recuerda su infancia no habla primero de las dificultades, sino de que era "la más traviesa", "la más callejera", la que hacía cosas que sus hermanos no se atrevían a hacer. "Mis hermanos nunca lo hacían", cuenta. En la escuela tampoco intenta construirse una historia perfecta. Cuando se le pregunta cómo era como estudiante responde primero que era buena, pero enseguida se corrige con una honestidad casi divertida: "Regular. ¿Para qué vamos a decir qué bueno? Regular".

Esa manera de hablar explica mucho de María Luisa. No exagera, no se adorna y tampoco parece necesitar que alguien le coloque una etiqueta de heroína. Su historia ya es suficientemente grande sin necesidad de convertirla en una fábula.

Lleva 45 años practicando deporte. Entrena todos los días y lo repite con una naturalidad que hace que la cifra parezca todavía más impresionante. "Yo entreno diario. Diario. Diario". Su silla es especial porque practica ciclismo de mano: no hay piernas impulsando el movimiento, todo el esfuerzo recae en los brazos. "Es ciclismo de mano. O sea, puro brazo, puro brazo, puro brazo, puro brazo". Así ha construido una relación con el deporte que ya no parece una actividad, sino una forma de entender su propia vida.

A los 70 años vive sola. Sus hijos ya hicieron su camino. Uno es médico odontólogo y el otro está relacionado con el deporte. Su esposo falleció y ahora tiene también un nieto. La vida cambió de muchas maneras alrededor de ella, pero hay algo que permaneció intacto: sus ganas de entrenar y competir.

Por eso resulta paradójico que, después de 45 años dedicada al deporte, todavía tenga que explicar por qué quiere participar en una competencia. María Luisa sabe que su disciplina es distinta, pero justamente por eso considera necesario que las instituciones deportivas la contemplen. No está reclamando una ventaja ni un lugar que no le corresponda. Está pidiendo que exista un lugar para el ciclismo de mano.

"Yo sí le pediría a toda la dirección deportiva que nos tomen en cuenta a nosotros como ciclismo de mano para poder participar y que tengamos abierta toda la institución para que no tengamos ese tipo de problema", señala.

Y entonces aparece esa palabra que en el deporte se pronuncia con enorme facilidad: inclusión. María Luisa también la utiliza, pero no parece dispuesta a conformarse con que exista solamente en los discursos. "Podemos hablar de inclusión, que somos, que tenemos que ser incluyentes, pero si nos damos cuenta ahorita, pues, ¿incluyentes en qué aspectos?", cuestiona.

Es una pregunta sencilla, pero incómoda. Porque incluir no debería significar únicamente permitir que alguien llegue a la puerta. También significa preguntarse si esa puerta realmente está abierta para todos, si las distintas disciplinas tienen un espacio y si quienes quieren participar pueden hacerlo sin convertirse, ellos mismos, en el problema que hay que resolver.

María Luisa Morales terminó en el tercer lugar en silla de ruedas del Maratón de la Ciudad de México 2026
María Luisa Morales terminó en el tercer lugar en silla de ruedas del Maratón de la Ciudad de México 2026 (X: @conadeoficial)

María Luisa ya hizo su parte. Lleva 45 años entrenando. Sale todos los días. Se prepara. Compite. Y este domingo volvió a ponerse en la línea de salida con una silla que funciona únicamente con la fuerza de sus brazos. Terminó en el lugar 41, pero quizá ese número diga muy poco de todo lo que tuvo que recorrer para estar ahí.

Porque su historia no comenzó este domingo y tampoco termina cuando cruzó la meta. Comenzó cuando era una niña y tuvo que aprender que caminar sería distinto. Continuó cuando descubrió que podía competir. Se hizo adulta mientras el deporte permanecía a su lado. Formó una familia, perdió a su esposo, vio crecer a sus hijos y ahora vive sola. Y, sin embargo, cada día vuelve a entrenar.

Diario. Diario. Diario.

A los 70 años, María Luisa no corre contra nadie. Corre contra la idea de que existe una edad para dejar de hacerlo, contra la tentación de quedarse quieta y, quizá, contra una sociedad que todavía habla mucho de inclusión y no siempre sabe cómo practicarla.

Por eso aquella frase que soltó casi al pasar termina siendo la más importante de toda su historia: "Yo vine a correr por mí".

No pide que corran por ella, no pide que la lleven hasta la meta.

Sólo quiere que le permitan llegar con sus propios brazos y después, si puede, volver a empezar mañana.​


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Olga Hirata
  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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