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Marco Caballero: Ganar no significa subir al podio, sino superar las adversidades

El mexicano terminó cuarto en el Maratón de la Ciudad de México, por primera vez en aproximadamente ocho años, no hubo podio.

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Podría parecer una derrota. No lo fue, hay carreras que se miden con cronómetro y otras que se entienden mirando todo lo que ocurrió antes de que el atleta llegara a la línea de salida.

Marco Caballero llegó al Maratón de la Ciudad de México 2026 con una preparación distinta. Hoy también es entrenador y buena parte de su tiempo está dedicada a sus atletas, a esos chicos a los que intenta enseñarles lo que él aprendió a fuerza de kilómetros, caídas y años de competencia.

"Esta carrera la tomé como un domingo más, para hacer algo que me gusta", contó, y aun así, durante 35, 36 kilómetros estuvo con los punteros.

Ahí está la verdadera dimensión de su cuarto lugar.

No porque haya que romantizar la discapacidad ni convertir cada esfuerzo en una historia de superación prefabricada. Marco es atleta. Competidor. Y quiere ganar. Punto.

Pero también es un hombre que hace 15 años tuvo un accidente, una bala perdida lo alcanzó y lo dejó postrado en una silla de ruedas que cambió su vida para siempre.

Su madre todavía recuerda aquel momento como algo que nunca imaginó tener que enfrentar. "Cuando uno tiene un hijo, nunca piensa que va a suceder una situación así", confesó.

No fue sencillo. Tampoco lo fue para una familia de cinco hijos. Marco es gemelo y pertenece al último embarazo de su madre. De pronto, todos tuvieron que aprender una nueva manera de vivir.

La señora Ernestina Padilla con los ojos llenos de lágrimas, reconoce que ha sido difícil. Pero hay algo que nunca cambió: verlo luchar. "Él siempre ha buscado la manera de salir adelante".

Y quizá por eso la escena de este domingo resulta tan poderosa. Mientras Marco habla de kilómetros, preparación y competencia, su familia habla de algo mucho más profundo: de un hombre que decidió no quedarse en el lugar al que la vida intentó condenarlo.

Hace un año, precisamente en este mismo maratón, Marco terminó segundo y después tomó el micrófono para reclamar por las condiciones de la ruta. Dos competidores en silla de ruedas habían sufrido caídas por las irregularidades del pavimento y Marco cuestionó que aquello se repitiera año tras año.

No estaba pidiendo privilegios. Estaba pidiendo que la competencia fuera realmente competencia, y este 2026 volvió a demostrar que pertenece a ese lugar.

Ahora terminó cuarto en los 42.195 kilómetros del maratón capitalino.

Pero hay un detalle que quizá explica mejor su carrera que cualquier posición: no estaba completamente preparado. Y hasta el kilómetro 35 seguía ahí. Eso habla de un atleta que no desapareció cuando dejó de tener el tiempo para entrenar como antes. Habla de alguien que cambió de papel sin abandonar su esencia.

Antes corría para ganar. Ahora también entrena para que otros aprendan a hacerlo, quizá ésa sea una de las transformaciones más difíciles para cualquier deportista: aceptar que ya no se puede vivir exactamente como antes sin dejar de ser quien uno es.

Marco no se retiró. Tampoco se rindió. Simplemente cambió de lugar dentro del mismo deporte.

Su pareja Montserrat, lo mira con esa mezcla de admiración y amor. Lo describe como un hombre aguerrido, alguien que todos los días encuentra una manera de fortalecerse y seguir adelante.

Su madre lo dice todavía más sencillo: "Para mí es ganador".

No necesitó explicar por qué. Una madre que vio a su hijo después de un accidente hace 15 años, que tuvo que aprender a convivir con una realidad que jamás imaginó y que hoy lo observa atravesar una ciudad entera sobre una silla de competencia tiene una definición de victoria muy distinta.

Para ella, el resultado aparece mucho antes de la meta: está en cada entrenamiento. En cada carrera. En cada día en el que Marco decidió levantarse y seguir.

Por eso el cuarto lugar de este domingo en la XLIII Maraton de la Ciudad de México tiene una lectura incómoda para quienes todavía creen que el deporte adaptado necesita ser contado únicamente desde la lástima.

No. Marco no necesita lástima. Necesita que entendamos que es un atleta de alto rendimiento, que quiere competir, que quiere ganar y que también puede tener un mal día, que puede quedar cuarto.

Y que un cuarto lugar no borra ocho años de podios ni todo lo que ha construido después de aquel accidente. Quizá ésa sea la parte que más cuesta entender.

La discapacidad no le quitó la vida a Marco. Le cambió la vida y él decidió qué hacer con la que quedó.

Este domingo no subió al podio, pero volvió a terminar donde siempre ha estado: del lado de los que no se quedan quietos y para alguien como Marco Caballero, probablemente ésa siga siendo la victoria más importante.


RGS

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Olga Hirata
  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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