M+.- Hay quienes dicen que el futbol y la política no deben mezclarse, pero están inevitablemente unidos y, lo que parecía un hecho hasta hace un par de semanas, hoy puede generar dudas con respecto al actual poseedor del mandato de la Federación Internacional de Futbol Asociación.
Durante casi una década, la FIFA operó bajo una idea que, por mucho tiempo, pareció ser sólida desde los cimientos: la figura de Gianni Infantino era incuestionable. Ya sea en las asambleas globales y ante delegados de más de 200 naciones, el noveno presidente del organismo rector del futbol mundial proyectaba una imagen de control absoluto, respaldada por las finanzas y el gran apoyo recibido por diferentes Federaciones.
Sin embargo, la semana pasada, cualquier idea de que su reelección en 2027 era un mero trámite, ya no es cien por ciento segura. Que el dirigente suizo-italiano haya pasado de un entorno de dominio completo y un camino allanado en el cargo hasta 2031, a un panorama divisivo en el futbol global, ha puesto las miradas encima de él.
Porque un fallido intento de comercialización privada, además de maniobras ejecutivas tras las sombras y hasta acusaciones directas de coacción política han, por lo menos, encendido el debate de si lo que parecía un proceso largo y exitoso en el escritorio, ha pasado a vivir un capítulo inesperado en busca del control del balompié profesional.
La semana que desató la tormenta
A diferencia de su antecesor Joseph Blatter, quien fue figura central en el caso FIFA Gate y diferentes investigaciones judiciales externas, Infantino generó ruido a través de una iniciativa financiera surgida dentro de su propio organismo. Y todo surgió la semana pasada, poco más de una semana después de que la Selección de España se proclamara campeona del mundo por segunda vez en su historia.
Bajo el nombre de FIFA Forward Enterprise, el mandamás pretendía constituir una filial privada para gestionar los valiosos derechos de comercialización de los grandes torneos, incluidos la Copa del Mundo de selecciones y el Mundial de Clubes, con el fin de traspasar un 20 por ciento de dicha sociedad a fondos de inversión internacionales, siendo Thrive Eternal, firma liderada por Joshua Kushner (hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump) la que se perfilaba para comandar ese grupo de inversores.
El proyecto, que se reveló más tarde que fue planeado de forma sigilosa, fue percibido como una amenaza directa a la soberanía de las confederaciones, lo que provocó un rechazo inmediato por parte de la UEFA (la Confederación de Europa), la AFC (Asia) y la Concacaf (Norteamérica, Centroamérica y el Caribe).
Los disgustos se intensificaron cuando se reveló que la FIFA contaba con reservas patrimoniales estimadas en 7,000 millones de dólares, lo que hacía incomprensible la cesión de activos a capitales privados como el de Kushner.
Ante la presión y la pérdida de respaldo de varias confederaciones de manera unánime (la Federación Mexicana de Futbol y la Conmebol de Sudamérica señalaron que iban a evaluar el proyecto antes de tomar decisiones), Infantino anunció que daba un paso hacia atrás con respecto a FFE y lo canceló.
No obstante, la suspensión de la idea no apaciguó el fuego: diferentes figuras claves de la política futbolística internacional, como el secretario general Mattias Grafstrom y el director de desarrollo global Arsène Wenger, manifestaron públicamente haber sido apartados de las deliberaciones, lo que ha acentuado el aislamiento de la presidencia en este tema.
El intento de privatizar de manera encubierta la explotación de los torneos más importantes del futbol rompió el pacto de confianza implícito entre la oficina de Infantino y las diferentes confederaciones.
Denuncias por coacción
Otras voces han surgido a raíz de este tema y que han puesto a Infantino bajo la lupa. El príncipe Ali bin Al Hussein, titular de la Asociación Jordana de Futbol (JFA, por sus siglas en inglés) y también titular de la Federación de Futbol de Asia Occidental, denunció abiertamente haber sido víctima de presiones por parte de la cúpula de la FIFA.
De acuerdo con sus señalamientos, el organismo central condicionó la asistencia en gestiones administrativas prioritarias a cambio de un compromiso explícito para recibir su apoyo en el próximo proceso electoral, pese a que la JFA, cuya selección calificó al Mundial por primera vez en 2026, necesitaba de ese respaldo institucional.
Entre los trámites bloqueados figuraban la facilitación de visados de ingreso para la afición jordana en la Copa del Mundo, el asesoramiento fiscal para los impuestos que tanto los jugadores como el personal jordano debían pagar tras jugar en territorio estadunidense, así como el adeudo de los premios económicos de la Copa Árabe, en la que Jordania llegó invicta hasta la Final, que perdió 3-2 frente a su similar de Marruecos.
La negativa de la federación jordana a ceder ante tales condiciones dejó en claro que el descontento no se ha limitado a las federaciones europeas, también con bastante inconformidad dentro del futbol asiático y del Medio Oriente.
Así funcionan las elecciones de la FIFA
Habrá comicios el próximo 17 de marzo de 2027 y cualquier candidato podrá hacer oficial su candidatura hasta antes del 18 de noviembre de 2026. Pero antes, hay que entender cómo trabaja el poder en el máximo organismo del futbol y su proceso de sufragio.
A diferencia de otros esquemas corporativos, el sistema de la FIFA se basa en un principio democrático igualitario: cada una de las 211 federaciones afiliadas posee un voto, sin importar su peso económico o tradición futbolística.
Para que una candidatura sea válida, los aspirantes deben cumplir diferentes requisitos, como haber ejercido roles activos en el futbol durante al menos dos de los últimos cinco años. También es indispensable superar un examen de idoneidad realizado por un Comité de la FIFA, así como presentar el aval por escrito de por lo menos cinco federaciones antes de la fecha límite.
Las reglas de la FIFA también establecen dinámicas de acuerdo con el número de candidatos. Si solo son dos, el vencedor necesita ganar por mayoría simple, es decir, contar con el apoyo de 106 o más de las 211 federaciones afiliadas a la FIFA.
Por otro lado, en caso de que haya tres o más aspirantes, la primera vuelta exige una mayoría dos tercios, representada en 141 votos. De no alcanzarse esa cifra, se realizan rondas sucesivas y se eliminará al candidato menos votado en cada turno hasta que la mayoría simple determine al ganador.
Aunque el voto es secreto y por cada federación, las alianzas continentales resultan determinantes en el conteo final. La UEFA ostenta 55 integrantes, la AFC aporta 46 y la Concacaf reúne 35. En teoría, la suma de estas tres entidades reúne la fuerza suficiente para poner en jaque la reelección de Infantino; sin embargo, un voto unánime por confederación es un caso raro, ya que hay países como Qatar que han manifestado su apoyo hacia la administración actual.
¿Quiénes suenan para oponerse a Infantino?
El proyecto fallido de la FFE pone un panorama diferente rumbo a las elecciones que se celebrarán en el Congreso ordinario en Marruecos. Por primera vez en 10 años, parece que una elección sin oposición no será un hecho, lo que pone, hasta cierto punto, una duda con respecto a la continuidad de Gianni Infantino, como sí sucedió con el amplio apoyo recibido en los procesos de 2019 y 2023.
Entre las figuras que han resonado como la oposición están Victor Montagliani, presidente de la Concacaf y vicepresidente del Consejo de la FIFA, un dirigente que, de acuerdo con reportes, considera lanzar su candidatura al ser visto por diversos sectores como alguien que puede representar el descontento de UEFA y Concacaf.
Otro que también se ha perfilado como posible candidato es el príncipe Ali bin Al Hussein de Jordania, exvicepresidente del organismo y candidato en las elecciones de 2015 y 2016, y quien reaparece como un crítico de la gestión actual a raíz de las denuncias públicas que hizo en redes sociales.
Pero la viabilidad de las posibles candidaturas de Montagliani, Al Hussein y otros aspirantes podría depender del trabajo diplomático que hagan antes de que cierren las inscripciones en noviembre, con una oposición que buscará que las inconformidades surgidas actualmente les ayuden a fortalecer sus frentes.
Es raro un cambio repentino de poder
Desde que el periodista francés Robert Guérin la fundó en 1904, la FIFA ha destacado porque sus presidentes han tenido largas gestiones, con apenas nueve titulares en más de 100 años de historia, con una era contemporánea marcada por los longevos procesos de João Havelange y Joseph Blatter, que tan solo entre ellos acumularon más de cuatro décadas en el poder.
Las reformas estructurales de 2016 fijaron un tope máximo de 12 años de mandato, divididos en tres periodos de cuatro años, aunque Infantino ha sorteado parcialmente esta restricción al argumentar que su primer trienio de gestión no debe computarse como un mandato completo, siendo interpretación que le permitiría llegar hasta 2031 en caso de triunfar en los próximos comicios.
Pese a esto, hay dos mecanismos normativos que podrían acelerar las definiciones antes de la fecha pautada en Marruecos. El primero contempla la pérdida de confianza por parte de la mayoría de los 37 integrantes del Consejo directivo de la FIFA; el segundo sería una solicitud formal de un Congreso extraordinario firmada por la quinta parte de las federaciones miembro, un recurso que la UEFA podría usar de manera unilateral dada su representatividad numérica y su poderío en el ámbito internacional.
La política del futbol mundial vive uno de los capítulos más inesperados de todos los tiempos. Tras una Copa del Mundo que para muchos fue la más exitosa de la historia, la propuesta de un proyecto encendió la furia de la confederación europea, se sumaron más voces y hoy por hoy hay cierto ruido con respecto a lo que pueda suceder el futuro. Se verá más adelante si Infantino logra refrendar el apoyo casi unánime de años anteriores… o si la oposición logra destronarlo.
RGS