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  • El Turco Mohamed antes del Toluca: no se da por vencido ni aún vencido

El “Turco” Mohamed, una carrera forjada entre derrotas, duelo y persistencia | Especial

‘Turco’ Mohamed sigue agigantando su figura como uno de los mejores técnicos del fútbol mexicano. Sin embargo, para alcanzar la gloria, tuvo que pelearla dentro y fuera de la cancha.

DOMINGA.– Muchas cosas cambiaron desde aquella época. ¿Cómo no iban a cambiar? Si Antonio Ricardo Mohamed Matijevich era un nene que iba a la escuela al Instituto Cristo Obrero, en Villa Soldati, un barrio humilde de Buenos Aires, una zona de tierras bajas cerca del Riachuelo. Ya entonces jugaba –siempre jugó– pero no pateando una pelota como los demás: el Turquito jugaba distinto. A la hora de definir quién con quién, sus compañeros sabían que el equipo en donde él estuviera era el que iba a ganar.

Cuando tenía siete años, en el barrio, a su padre le decían: “Antonio, ¿dónde aprendió el pibe?”, “es imparable”, pero el hombre seguía en la suya. Hasta el día en que se asomó a verlo y lo descubrió como quien encuentra una esmeralda en el patio de la casa: gambeta corta y pegada fuerte, ahí abajo, a un costado del palo, donde por más que se estirara el arquero nunca iba a llegar.

Antonio Mohamed, entrenador y referente del futbol sudamericano | Fototeca Milenio
El ‘Turco’ Mohamed es director técnico, entrenador y referente del fútbol sudamericano | Fototeca Milenio


Un tiempo después, luego de que cumpliera ocho años, lo llevó a probarse a Huracán. Aunque trataba de disimularlo, el padre estaba más nervioso que el hijo. Se quedó a ver la prueba y a partir de ese día, lo acompañó a todos lados. Era el hincha número uno y a la vez el más crítico de todos. Veía los partidos atrás del alambrado y, al final, camino a casa, aunque hubieran ganado por tres goles, como quien no quiere la cosa, le preguntaba por un pase impreciso al comienzo del segundo tiempo. Era directo, punzante, pero como le costaba expresarse bromeaba.

En vez de hacerle un comentario sobre el peinado le preguntaba: “¿Qué tenés en la cabeza? ¿Un nido de caranchos?”. Y Turquito reía a carcajadas. Años después confesaría: “Fui jugador por mi viejo, soy gracioso por él, alegre por él, mentiroso por él y, también, soy un tipo de barrio y querido por mis amigos por él”. Hasta el apodo le legó: al principio él era Turquito porque Turco era el padre.

Hay cosas que cambian porque la vida se mete en el medio y otras porque las personas crecen y van pensando de otro modo. En esa época, en esos partidos de inferiores en los que peleaba cada pelota como si fuera la última, o en los del barrio Villa Soldati donde se jugaba por plata, para el Turquito Mohamed ganar era una obsesión: lo único que importaba.

Mohamed junto a su papá, figura clave en su formación futbolera y personal desde la infancia | Cortesía
La muerte de Faryd, hijo de Mohamed, fue un duro golpe y parteaguas en su carrera | Cortesía

Hoy, a los 55 años, después de ascender con Huracán a la primera división luego de perder varias promociones, de ganar la Copa América en 1991 con la selección Argentina, de jugar en Boca, en Independiente y en siete equipos mexicanos (69 goles en 293 partidos); de convertirse en director técnico y ganar 12 títulos (en Independiente, Tijuana, América, Monterrey, Atlético Mineiro y Toluca), de la furia de hace poco por el estado del césped del Estadio Cuauhtémoc y del partido de ayer con el Cruz Azul, le parece que lo trascendente para alcanzar el éxito en este Torneo Clausura es disfrutar el camino. Porque de ese modo, cree, aumentan las oportunidades de ganar.

El ‘Turco’ Mohamed: del debut al ascenso

Jugando, la rompía. No podían pararlo, ya en esa época era rebelde. A los 11 se peleó con el técnico de las inferiores. Se peleó fuerte: tanto que durante dos años tuvo que irse a Vélez. Le dolió pero finalmente pudo volver. Insistir. Porque ésa es una de las constantes de la carrera del Turco: lo de ir y seguir yendo hasta llegar. “No te des por vencido ni aún vencido”, como decía el poeta Almafuerte.

El Turquito volvió y el 11 de junio de 1988, en el equipo de su vida, Huracán, debutó en la B Nacional contra Douglas Haig. Asustado, con los nervios lógicos de la primera vez, en un partido difícil por el octogonal, apenas al entrar se olvidó de todo: fluía dentro de la cancha. Encaraba y, cuando el defensor le salía, sorprendía con la gambeta corta. Era aguerrido y frontal. No saltaba. En los corners no iba a buscar la pelota pero, cuando cabeceaba, la metía adentro.

Como aquel 19 de mayo de 1990, frente a los Andes, último partido del campeonato. Héctor Cúper se escapa por la derecha, va hasta el fondo y manda el centro, se la pone en la cabeza y él, “tac”: abajo, a la izquierda, al “ángulo de las ánimas”, la pelota toca la red, los hinchas invaden el campo, el partido se suspende a los 41 minutos del segundo tiempo. Pero ya no importa nada porque Huracán, luego de cuatro años, consigue el ascenso y en Parque Patricios todo es euforia.

El estadio de Huracán, escenario del debut y el primer ascenso del “Turco” Mohamed | Shutterstock
El estadio de Huracán fue escenario del debut y el primer ascenso de Antonio Mohamed | Shutterstock


Otras cosas se modifican aunque la esencia se mantiene. Nunca vas a ver al Turco con camisa y corbata. Se viste relajado: ya no con el pelo largo o las bandas y las licras fluorescentes que usaba debajo del pantalón cuando tenía 20 años, pero la camisa todavía va abierta en el primer botón. “Fue un precursor en todo eso”, recuerda el exfutbolista Sergio Saturno, compañero de Mohamed en el equipo que salió campeón y ascendió en 1990. “Hacía cosas que otros no hacían. Nosotros lo mirábamos y decíamos: ¿Cómo te vas a poner eso?”.

Al Turco no le importaba. Si la primera vez que viajó a Italia en 1991, su representante Settimio Aloisio le preguntó cómo iría vestido. “Traje, sobretodo”, dijo él. “¿Pensaste que allá va a hacer 40 grados de calor? ¿Que al bajar tenés que tener ropa de verano para la conferencia de prensa?”. No lo había pensado, contaría años después a carcajadas. Le compraron un traje de Versace y zapatos elegantes para la prensa italiana.

Nunca le haría daño a Huracán

A pesar de haber sido fichado por la Fiorentina, junto a Gabriel Batistuta y Diego Latorre, el club finalmente lo transfirió a Boca. Había un cupo limitado de jugadores extranjeros: no pudo jugar ni un partido pero no se rindió. La peleó hasta en las más difíciles. A veces, se le complicó, como la vez que jugaba contra Huracán, en la Bombonera. Iban nueve fechas y venía afilado.


El técnico, el uruguayo Óscar Washington Tabárez, le dijo que no jugara. “Todos saben que sos hincha de Huracán, Turco. Mejor, guardate”, le propuso. “Nooo, maestro, pero si no hay problema. Yo quiero jugar”, desafió Mohamed. Cuando salió del túnel, “La 12”, la barra brava de Boca lo aclamaba: “¡Turcooo, Turcooo!”. Pero él en vez de mirar para ese lado, encaró hacia la tribuna visitante, como saludando. Ahí empezó el problema.

Siguió al final del primer tiempo: el Turco recibe en la puerta del área, avanza y ve al costado del arquero Gabriel Puentedura, libre, el primer poste. Parece que va a patear pero en vez de hacerlo, inexplicablemente gira, la toca para atrás. Diego Latorre busca llegar pero Cúper se anticipa y la puntea fuera del área. Los hinchas de Huracán, al unísono, corean: “¡El Turco los cagó! ¡El Turco los cagó!”. En el entretiempo, el técnico lo reemplaza. Y durante ocho meses, va al banco de suplentes.

El “Turco” Mohamed, entre la decisión futbolera y la lealtad a la camiseta | Fototeca Milenio
El 'Turco' Mohamed entre la decisión futbolera y la lealtad a la camiseta | Fototeca Milenio


En los años que siguieron, decenas de periodistas le preguntaron: ¿Lo erraste a propósito? La anécdota se fue transformando en mito: en un ambiente hipercompetitivo y comercial como el del fútbol, una vez un jugador –
en contra de los intereses de su equipo, por amor a la camiseta– decidió no meter un gol: héroe de los hinchas del Globo. “Se exageró mucho”, respondía. Miraba en silencio. “¿Pero lo erraste?”, insistía el periodista de turno. Y él: “Nunca le haría daño a Huracán”.

La sonrisa pícara, como diciendo que sí, que podría haberle pegado con esa furia que lo caracterizaba y que, seguramente, la pelota hubiera entrado. Durante años se rio y no negó, sabiendo que el que calla otorga. Finalmente en una nota de 2005, 14 años después de esa jugada, reconocería: “Me traicionó un poco el hincha”.

Todos sabían dónde vivía el ‘Turco’ Mohamed

Cambia todo cambia, dice Mercedes Sosa, pero también dice que hay cosas como el amor que siguen igual. Cuando tenía 20 años, para divertir a sus compañeros en la concentración antes de los partidos, el Turco llevaba su cámara y entrevistaba al electricista del club, al que vendía los sándwiches en el bar y, luego, a la noche, pasaba las grabaciones.

Entrador desde chico, después de jugar 16 partidos en Boca, pasó a Independiente. Y aunque ya era un jugador famoso, todos lo conocían: sabían dónde vivía en Villa Soldati. El 22 de noviembre de 1992, Independiente le ganó a Boca en la Bombonera. El árbitro expulsó a Blas Giunta, por una supuesta falta que le había hecho al Turco.

Las calles de Villa Soldati, donde todos sabían quién era el “Turco” Mohamed y dónde vivía | Shutterstock.jpg
En las calles de Villa Soldati todos sabían quién era el “Turco” Mohamed y dónde vivía | Shutterstock


Al día siguiente, a las seis de la mañana, Giunta tocaba el timbre en la casa de Villa Soldati. “¡Señora! ¡Abra la puerta!”, gritaba. ¿Qué habrá pasado?, deben haber pensado los vecinos y cuando Mohamed salió a ver, Giunta desesperado. “¡Abrí que te rompo todo! Vamos ya mismo a la AFA [Asociación del Fútbol Argentino]. ¡Tenés que decir que no te toqué! ¡Andá a decir que no te toqué!”.

Finalmente, Mohamed declaró que no había habido falta y el mediocampista xeneize recibió sólo una fecha de suspensión.

La vida cambia en un instante

Luego, vino el recorrido por el fútbol mexicano: en agosto de 1993 arrancó jugando en Toros Neza. Luego, pasó por Monterrey, León, Irapuato, Atlante, Atlético Celaya, Zacatepec. Y como técnico en Zacatepec, Morelia, Querétaro, Jaguares. El 2 de abril de 2005 renunció a este último. Habló con su cuñado y su padre que le contaron que Huracán, el club de su infancia, lo quería de técnico. Qué emoción la vuelta a su tierra, aunque dudaba.

Pero la vida cambia rápido: al día siguiente, lo llamaron de Buenos Aires para avisarle que su padre había fallecido. Tuvo que viajar de urgencia y eso aceleró la decisión de quedarse. Fue duro dirigir durante el duelo. “Trémulo de pavor piénsate bravo, y arremete feroz ya malherido”. Porque ésa es una de las constantes de su carrera: ir y seguir yendo hasta llegar. No le fue bien en esa primera etapa: en 2005 dejó la posibilidad de ascender a la primera división al perder con Gimnasia y Esgrima de Jujuy y al año siguiente, otra vez, tras empatar de local y de visitante con Argentinos Juniors en la promoción.

Antonio Mohamed con los Potros del Atlante, durante su paso por el fútbol mexicano, una etapa marcada por el ir y seguir yendo | Oswaldo Ramírez
Con la inesperada muerte de su padre, el 'Turco' Mohamed supo que la vida cambia en un instante


La vida cambia en un instante. Hay cosas que lo modifican a uno: un relámpago que cae cerca, aturde y durante un tiempo inmoviliza. Faryd, el segundo de sus cuatro hijos, se había criado en Monterrey: desde chico era fanático del Rayados y, apenas llegar a la Argentina en 2005 a los ocho años, también se hizo hincha de Huracán. Acompañaba al padre al club, a los entrenamientos, a los partidos y a veces también a las charlas técnicas. Tenía dos sueños: ver campeón a Monterrey y ver campeón a Huracán. En el cuello, siempre, llevaba un rosario. Con sólo nueve años le decía a su padre: “vos, como técnico, tenés dos objetivos: ascender a Huracán a primera y sacar campeón a Monterrey”.

Al Turco lo sorprendía la claridad del pibe, sin saber que esas palabras, esa frase, mero deseo, se transformaría años después en un pilar para sostenerse. “Si te postran diez veces, te levantas otras diez, otras cien, otras quinientas”.

Al final del segundo partido con Argentinos Juniors, del empate dos a dos, Faryd lloraba con bronca, una mezcla de enojo e impotencia; lo cerca que habían estado. El pibe quería ir al Mundial de 2006. Y el Turco, que tenía preparado el viaje con amigos, lo vio tan triste. Le propuso que fuera.

El “Turco” Mohamed, atravesado por una etapa que redefinió su manera de estar en la cancha y fuera de ella | AFP
El 'Turco' Mohamed redefinió su manera de estar en la cancha y fuera de ella | AFP


Era un grupo de 16 amigos: fueron a España, fueron a Italia. Alquilaron dos motorhomes. En Alemania, recorrieron todo. Iban a cada partido. Se transformaron en esos personajes del Mundial que a la distancia uno recuerda con cariño. El 30 de junio era viernes. Argentina jugaba con Alemania en cuartos de final en el estadio olímpico de Berlín. Hacía 35 días que venían dando vueltas por Europa. Faryd, el único nene del grupo. El partido arrancaba a las cinco de la tarde, pero un rato antes ya estaban cerca del estadio. Aunque los argentinos eran pocos, se hacían notar. La euforia del comienzo del segundo tiempo por el gol de Roberto Ayala se transformó en ansiedad con el empate de Miroslav Klose.

En los penales, Alemania ganó por cuatro a dos. Argentina quedaba afuera de la Copa del Mundo: el grupo de amigos volvió al hotel, cambiaron los vuelos. Podían volver vía Frankfurt a las 11 del día siguiente. Eran las 22. Podían dormir unas horas y salir o arrancar directo. “Yo manejo sin problemas”, dijo el Turco y ahí fueron. Manejaba despacio –la motorhome no superaba los 60 km/h– escuchando temas de Luis Miguel y Maná. Hasta que después de cinco horas le dio sueño. Pegó el grito y un amigo agarró el volante. El Turco se fue a dormir al techo de la motorhome con Faryd.

El siguiente recuerdo que tuvo fue descubrirse acostado en una camilla: lo subían a un helicóptero. Estuvo internado 60 días, casi pierde la pierna izquierda: tuvieron que injertarlo. Luego supo. Supo que dos chicos de 18, 19 años los habían chocado de atrás. Que venían a unos 200 km/h. Que cuatro días después del choque, Faryd había fallecido. ¿Cuántas veces se habrá preguntado, luego de esa noche, por qué él? ¿Por qué no otro?

Mohamed, atravesado por el dolor y sostenido por la necesidad de volver a la cancha | Jorge López
Mohamed, atravesado por el dolor y sostenido por la necesidad de volver a la cancha | Jorge López


En plena recuperación física, durante un duelo que parecía hacerse cada vez más espeso, lo llamaron de Huracán. Estaban en la fecha diez. El equipo iba muy mal en el torneo. “Procede como Dios que nunca llora/ O como Lucifer que nunca reza/ o como el robledal cuya grandeza/ Necesita del agua y no la implora”.

Habían pasado cuatro meses de la tragedia pero el Turco aceptó: llegó al primer entrenamiento en muletas. Colgado del cuello: el amuleto que usaría durante los años siguientes, el rosario que llevaba Faryd. “Nos necesitábamos las dos partes. Huracán, por el momento complicado que atravesaba, y yo, porque quería volver a trabajar”, dijo después. Ir y seguir yendo, hasta llegar: dos objetivos.

Asumió la dirección técnica de Huracán en octubre de 2006. Nueves meses después, luego de ganarle como visitante a Godoy Cruz, ascendía a la primera división. Pero esas palabras, esa frase, ese mero deseo, un pilar del que poder sostenerse: le faltaba Monterrey.

El ‘Turco’ Mohamed soltó el rosario en México

En México siguió su carrera: campeón con Tijuana en 2012, campeón con el América en 2014. En 2015, lo llamaron del Rayados. “Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo”. ¿Cómo no iba a ir? Armó el equipo. En mayo de 2016 perdió la final con el Pachuca. En diciembre de 2017, perdió la final contra los Tigres. El objetivo seguía pendiente.

Se fue a España a dirigir el Celta de Vigo. Estuvo seis meses, volvió a Huracán. Y en octubre de 2019 lo volvieron a llamar de Monterrey. Le dijeron que había dos frentes: el Mundial de Clubes y cuatro fechas del torneo: clasificar a la liguilla estaba complicado pero él conocía el plantel. “No podemos pensar en un técnico de afuera”, le dijeron. “Tenés dos meses para llegar al Mundial de clubes”. Y él dijo: “Hagamos un contrato de tres meses y voy”. Aunque recordando lo que le había dicho Faryd, pensaba: “Si gano tres partidos, me meto en la final y tengo posibilidad del campeonato”.

Clasificó entre los ocho. El 18 de diciembre de ese año, en el minuto de descuento, perdió la final del Mundial de Clubes con el Liverpool: pero en la cabeza el Turco tenía otra cosa. El 29 de diciembre, por penales, el Monterrey derrotó al América y se consagró campeón del fútbol mexicano. Ese día el Turco pensó que había cumplido el deseo de su hijo. Dejó de usar el rosario. Había perdido tres finales con Huracán, y dos con Monterrey, pero había seguido intentándolo: una y otra vez hasta llegar.

El “Turco” Mohamed, después de años de intentos y derrotas, finalmente campeón en el fútbol mexicano | Edgar Negrete
El 'Turco' Mohamed, después de años de intentos y derrotas, finalmente logró la gloria en el fútbol mexicano | Edgar Negrete


Años después, reflexionaba al respecto. En una entrevista dijo que la muerte de Faryd lo había cambiado mucho. “Yo no sé si hubiera dejado la rebeldía y el ir contra el sistema todo el tiempo.
Desde ese golpe me volví más pensante”, confesó:

“Me puse mucho más en el lugar de la otra persona. La familia, los amigos, valorar lo que uno tiene, eso es lo que pongo en mi lista de prioridades. Prefiero que me recuerden por haber sido buen tipo, que por haber jugado bien a la pelota”.


GSC / MMM


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Federico Bianchini
  • Federico Bianchini
  • Periodista. Trabajó como redactor en los diarios argentinos 'Clarín' y 'La Razón', y como editor en la revista 'Anfibia'. Colaborador de medios internacionales como 'Gatopardo', 'El País Semanal' y 'The New York Times', entre otros.
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