Mientras sus compañeros de preparatoria piensan en la próxima fiesta, Camila Jiménez entrena para conquistar su décimo primer campeonato amateur del Consejo Mundial de Boxeo (WBC), con la misma disciplina que la hizo destacar en deportes como el básquetbol y la natación, consciente de que el éxito requiere sacrificios.
La boxeadora todavía no cumple la mayoría de edad, pero ya se codea con estrellas del pugilismo que reconocen su calidad arriba del ring. No por nada ha ganado torneos dentro y fuera del país.
Ella se puso los guantes por primera vez a los 5 años, cuando su familia paterna la llevó a entrenar, pero en ese momento de su vida no lo disfrutó. Una pelea contra una rival con más peso y experiencia la alejó de esa disciplina durante un par de años (en los que nadó y jugó básquet).
“Nunca lo he contado, pero a los 6 o 7 años realicé mi primera pelea y la verdad no me gustó. Recuerdo que me pusieron contra otra niña, pero no teníamos la misma edad y ella era un poquito más grande. Yo sí hacía sparring, pero al momento de recibir los golpes no supe cómo reaccionar, considero que fueron los nervios o la pena, y pues no no tiré golpes. Fue por eso que ya no quise saber más del boxeo”, confesó a MILENIO.
Sin embargo, nunca se quedó quieta: no estaba en el cuadrilátero, pero sí en albercas o canchas con pelota en mano. Así transcurrieron los años, desde que iba al preescolar hasta que terminó la secundaria, tiempo en el que ganó competencias escolares en ambas disciplinas.
Camila creció hasta que su familia abrió un gimnasio enfocado en el boxeo, donde se enamoró de los puñetazos que llenan de adrenalina el cuerpo. La mala noticia fue que en la misma semana de la inauguración se fracturó un tobillo, pero ocho meses después volvió a pisar el ring con más fuerza.
“Me gustó mucho la sensación del primer sparring y me enfoqué más en mi primera pelea. Afortunadamente la gané, me fue bien, entonces quise seguir experimentando eso y empecé a tener más competencias”, recordó con una sonrisa.
En este punto de la historia, con 13 años, ella estaba decidida a vencer a tantos rivales como pudiera. Ya no era la niña que perdió una pelea, sino una guerrera en busca de nuevos retos. Con esa mentalidad, daba igual si el oponente era mujer, hombre o mayor que ella.
“No había niñas en mi gym y me tocaba subir al ring con hombres, la verdad es que sí son muy duros y a veces no somos de la misma categoría de peso. La diferencia en los golpes es muy fuerte y creo que eso me ha curtido demasiado para para todas las peleas y también al momento de competir con niñas. Es un poco diferente el boxeo, sin embargo, siempre ayudan esos sparrings tan duros”, explicó.
De Nezahualcóyotl hasta Bolivia
Camila demostró habilidad para conectar puñetazos y destreza para esquivarlos, entonces decidió inscribirse en un torneo amateur del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) llevado a cabo en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, en abril del 2025. Obviamente, clasificó, sin importar que tuviera menos de 10 peleas en su currículum.
“Me tocó contra una chica en la final que tenía muchísima experiencia. De hecho yo era la rival más débil, nadie confiaba en mí, solamente mi familia y mi entrenador. Y la pelea estuvo buenísima, afortunadamente la pude ganar por decisión unánime. Ahí me di cuenta de que estaba preparada y que podía con esos retos”, comentó.
Su victoria la motivó para competir en otras competencias dentro de la República, desde Tijuana hasta Chiapas. Luego vino su primer reto internacional en Bolivia, un antes y un después en su vida porque fue la única mexicana que salió campeona: “Estuve compitiendo contra peleadoras de otros países; hubo muchísimo fogueo”.
Eso sí, la humildad ante todo, pues la pugilista amateur reconoce que aún no se siente lista para debutar como profesional. Cuestión de tiempo, no hay prisa. Mientras tanto, busca nuevos desafíos en su división peso pluma, aunque no le teme a peleadoras más pesadas.
“Agradezco a mi equipo, porque podemos llevar un plan muy bueno para cada pelea y cambiar la estrategia. Mi categoría es hasta 57 kilos, sin embargo, he estado en varias categorías debido a que a veces no tengo contrincante. Es una parte muy importante porque hay veces que peleo contra mujeres de hasta 60 kg, también compito en categoría élite desde los 16 años, y esa es de 18 a 38 años. Entonces, dependiendo de las participantes que haya, es la categoría en que me meto”, aseguró.
La pelea más difícil es contra el reloj, al que le faltan horas para su rutina.
La 10 veces campeona amateur estudia el quinto semestre del bachillerato en el Tecnológico de Monterrey, con aspiraciones de terminar una carrera universitaria a la par de su trayectoria deportiva. Si ambas cosas son complicadas por separado, imagine usted cómo son juntas.
“La verdad es muy complicado por los tiempos. Tengo que repartir todo mi día entre correr, hacer tarea, mis entrenamientos. Es muy complicado, hay veces que no duermo lo suficiente porque llego de entrenar muy tarde, y todavía tengo que hacer tareas, tengo que estudiar. La verdad es que la rutina se vuelve muy pesada. También hay veces que me cuesta prestar atención en clases”, reconoció.
La parte más difícil de su rutina diaria es ver a sus compañeros “comer alitas o algo que se les antoja, pero yo no puedo porque tengo que cumplir con el peso”. Si bien tiene un metabolismo rápido por su edad, no puede permitirse descuidos ni consentirse. El éxito no es para cualquiera, solo para los que están dispuestos a sacrificarse.
“Entonces, la vida social ya la dejé a un lado y hay veces que también me quitan o no me consideran porque siempre estoy entrenando, tengo otros compromisos, no puedo ir a bailar. Lo que más me cuesta trabajo es el tema de la comida. Me invitan a comer, pero pues no puedo”, lamentó.
Eso sí, cada vez que mira sus 10 cinturones verdes con oro, se le dibuja una sonrisa que ninguna salida de antro puede igualar. Ah, ya en confianza, contó a MILENIO que nadie menos que El Malilla ofreció un concierto en su fiesta de XV años. A fin de cuentas, el baile también es un deporte, y no se necesita alcohol para disfrutarlo.
“Me gusta escuchar reggaetón mexa y corridos tumbados, me motivan antes de las peleas. Me gusta entrenar mucho con esas canciones. Estaría muy padre salir con un artista muy reconocido en mi debut profesional”, adelantó.
El deporte como cura para el corazón
Camila no tiene una vida perfecta, pues ha sufrido como cualquier ser humano, pero la disciplina y el ejercicio han fortalecido tanto su cuerpo como su mente. Cada vez que suda arriba del ring es como si tuviera una sesión con el psicólogo.
“El boxeo literalmente ha sido mi terapia y considero que este deporte te hace estar preparado mentalmente para cualquier obstáculo. Puedes estar en tu mejor momento físicamente, pero si no estás bien claro en cuestión mental, pues te va a te va a costar muchísimo trabajo. Es una parte fundamental y lo he ido trabajando con el tiempo, con la experiencia y la verdad es que también hablando de mi duelo porque yo he estudiado y he hablado también”, compartió.
Desde pérdidas de seres queridos hasta la ansiedad propia de la adolescencia, la guerrera ha superado momentos difíciles gracias a su compromiso con el ejercicio. Bien dicen que cuando el cuerpo se cansa, la mente se relaja.
“La verdad es que mi preparación ha sido muy dura. Tengo a mi equipo y la verdad es que seguimos un régimen muy estricto. He trabajado mucho en la condición física, en mi boxeo y en la parte de técnica. En cada entrenamiento estoy obteniendo más habilidades físicas y me siento muy contenta”, celebró.
Finalmente, Camila Jiménez compartió un mensaje para los jóvenes:
“En esta edad tenemos mucha energía y hay que concentrarla en cosas positivas, para ir construyendo nuestro futuro. También los quiero invitar a que continúen viendo de cerca mi carrera, tengo en puerta el mundial, y me iré a Bolivia a un torneo latinoamericano. Entonces tengo unos compromisos bastante fuertes para cerrar este año”, concluyó.
SNGZ