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Un Quijote para trovadores

Teodoro Martín de Molina le da a la clásica obra de Miguel de Cervantes la cadencia y melodía del octosílabo.


Durante casi cuatro décadas, la vida profesional de Teodoro Martín de Molina estuvo dedicada a la docencia en España, en particular en la región de Granada; su última actividad fue como profesor de inglés, por lo cual no se piensa ni como narrador ni como poeta.

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Lector sí que lo es. De ahí los casi 15 años de esfuerzo entregados a una tarea que aparecía como titánica y que surgió casi de una casualidad, según recuerda el profesor español, al grado de que llegó a pensar que su proyecto concluiría en un par de años, pero no fue así: El Quijote en romance (Editorial Funambulista, 2016) es el resultado de su trabajo.

“Cuando empecé a escribir el libro lo tomé de una manera lúdica, casi una provocación de mi trabajo en clase: he sido maestro durante 42 años y una tarde en que estaba leyendo una edición infantil del Quijote que tenía en casa, sin darme cuenta al mismo tiempo lo estaba traduciendo al romance, como si fuera un trovador que estaba ‘cantando’ esa historia en una plaza pública”.

Así comenzó a desarrollar el proyecto editorial, cuya reescritura no resultó nada sencilla por el mismo interés de Teodoro Martín de Molina de darle una estructura que tuviera sentido por sí misma, que no fuese simplemente una copia de una obra que “no tendría que ser copiada”.

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“Mi Quijote no está escrito para sustituir al de Cervantes sino, por el contrario, acercar a los lectores desde otra perspectiva, por lo que he intentado que la versión se presente como un mismo contenido, pero con un envoltorio diferente, que es el romance castellano, que desde mi perspectiva aporta una manera diferente de escuchar la narrativa y la poesía. Dentro de la lengua castellana, el octosílabo es lo más próximo al discurso de la narrativa castellana, y lo que quise fue que se leyera la obra con la cadencia y la melodía del octosílabo”, explica el autor vía telefónica desde España.

El Quijote en romance está escrito para un público diverso, tanto para aquellos que ya leyeron la obra, a fin de que puedan hacer una comparación y ver sus similitudes y diferencias, como para aquellos que nunca se han atrevido con la obra de Cervantes y puedan hacerlo a través de esta forma poética.

“Desde siempre se ha considerado que Cervantes se sirvió del romance viejo para los primeros capítulos de la novela; incluso Juan Ramón Jiménez llegó a decir que en un primer momento empezó a escribirla en romance. Menéndez Pidal y Lázaro Carreter sostuvieron una idea distinta, y dicen que Cervantes se apoya en el Entremés de los romances, una obra anónima en la cual su protagonista, Bartolo, se vuelve loco con la lectura de los romances”.

Desde la perspectiva de Martín de Molina, esos antecedentes pueden estar en la génesis de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, aunque al mismo tiempo se debe recordar que dentro de la narración aparecen referencias a romances.

“Incluso Cervantes escribe romances que aparecen en El Quijote, aunque en mi versión no quise recuperar esos versos, porque sería un despropósito de mi parte querer comparar los suyos con los míos”, reconoce.

Entre las múltiples versiones de El Quijote que se han escrito a lo largo de más de cuatro siglos, la propuesta de Teodoro Martín es compartir la historia a partir de la cadencia del romance castellano, con lo que en cierta medida se aproxima a los romances viejos en los que sus héroes eran protagonistas de épicas acciones cantadas por juglares y trovadores.

Valoración

Una de las características de El Quijote es su permanente actualidad en diferentes temas, el gran problema que rodea a la obra de Cervantes y al escritor mismo es que no parece leerse de la misma manera en España y fuera de allí, en palabras de Teodoro Martín de Molina, para quien el lector español no pareciera interesarse de la misma manera por los suyos como un inglés o un francés.

“Siento que El Quijote y Cervantes es más valorado en Hispanoamérica que en su propio país, como se ejemplifica con el hecho de que se están haciendo referencias a una obra como la mía (El Quijote en romance), que no es de gran importancia sino una versión hecha con mucho entusiasmo. Mi obra no es cosa del otro mundo, pero en Chile, en México y en El Salvador ha tenido una acogida mayor que en España”.

Y si bien la historia del ingenioso hidalgo sigue siendo inmortal, sus asuntos tienen la misma vigencia como cuando la escribió Cervantes, el problema es que, por lo menos en España, “a la obra no la valoramos tanto como deberíamos de hacerlo”.

Te compartimos un fragmento:

EN UN LUGAR DE LA MANCHA,

DEL QUE NO QUIERO ACORDARME,

NO HA MUCHO TIEMPO VIVÍA

UN HIDALGO INIGUALABLE.

POSEÍA EL TAL HIDALGO

UN ROCÍN DE POCAS CARNES,

Y UN GALGO MUY CORREDOR

QUE SACABA POR LAS TARDES

EN BUSCA DE ALGUNA PIEZA

CON QUE SOBREALIMENTARSE,

YA QUE LA COMIDA DIARIA

NO ES DIGNA DE MENCIONARSE,

SOLO DUELOS Y QUEBRANTOS,

LENTEJAS Y ALGÚN BREBAJE

ERAN, JUNTO A POCO MÁS,

LOS DE SUS MEJORES MANJARES.



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