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Domingo , 24.03.2019 / 20:10 Hoy

Un puma en Buenos Aires

Hombre de celuloide

Acusada de Gonzalo Tobal es una cinta que se resiste a darle al público soluciones fáciles. El misterio que envuelve a una chica señalada de asesinato, queda en las manos del espectador
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@fernandovzamora 


El cine creció a la sombra del suspenso. Hitchcock enseñó al mundo que más que revelar misterios lo que el cine tiene que hacer es generarlos. Como Acusada, película de factura mexicana y argentina en la que el director Gonzalo Tobal se resiste a dar al público una solución como quien ofrece papilla a su bebé. Acusada es la historia de una chica que está siendo juzgada por el asesinato de su mejor amiga. Si es culpable o no es algo que a nosotros nos toca decidir. Ahí están los elementos y, sobre todo, la actuación sorprendente de Lali Espósito quien auténticamente se transforma ante nosotros. Deja de ser la adolescente calenturienta y de aspecto culpable para convertirse en una mujer que, no teniendo nada que perder, mira nostálgica en el techo de una casa en Buenos Aires a un puma.

El acierto de Acusada no estriba, por supuesto, en una historia tan trillada que pudiese, en el peor de los casos, ser un capítulo de La ley y el orden. Sus aciertos son de otra naturaleza. Están en la historia del cine como lo pensaba Hitchcock pues Acusada es una película hecha para pensar. No en cuestiones existenciales, por supuesto, sino pensar como quien arma un rompecabezas. Ahí están los elementos: el fastidio de la chica, las tijeras que aparecen llenas de ADN, un pleito, un móvil y un video viral. Están los guiños y la ilusión de que estamos encerrados en la casa de esta mujer acusada. Está, sobre todo, la conciencia de que el hombre puede cobrar venganza en formas por demás aparatosas. El otro protagonista son las redes sociales que juzgan y manipulan con un deseo que no es de justicia sino más bien de venganza.

Pero es necesario volver al puma. ¿Qué hace un puma en Buenos Aires? Visto que Acusada deja todo el peso del misterio del lado del espectador y que deja claro que la verdad jurídica y la verdad histórica son cosas muy distintas (la primera se soluciona, la segunda no), el guión hubiese podido parecer trunco. Hay sin embargo otra mujer que va y viene en la televisión: una enferma que también se ha vuelto viral en las redes sociales y que con cara delirante anuncia que hay un puma suelto en la ciudad. Uno pensaría que está loca pero finalmente su puma y su verdad sirven como símbolo para resolver el misterio de este asesinato como mejor nos acomode. El símbolo, dicen los hermeneutas, es como una campana que nos invita a hacerla sonar como queramos. ¿Qué significa este animal? ¿Que la justicia se equivocó? ¿Que los únicos que aquí dicen la verdad son los niños y los locos? El puma se lame la enorme pata delantera, cómodamente recostado sobre un tejado en una lujosa casa bonaerense. La protagonista ha dejado de ser una niña y parece haber dicho por vez primera lo que piensa. El puma se despereza y comienza su camino pausado. Sin prisas. La protagonista ha terminado por darse cuenta de que quienes nunca creyeron en su inocencia eran quienes estaban defendiéndola. El novio y el hermano ahí están, junto a ella, que mira absorta el misterio de la muerte, la verdad y todo lo que queramos. Porque justamente eso es un misterio y por eso este animal resuelve tan bien una película que se resiste a ser una típica historia judicial. ¿Qué hace la gente cuando mira a un puma en el techo de la vecina? Saca su celular. La mujer, en esta película tan entretenida, lo que hace es mirar. Dejar que siga ahí, como la vida, que es un misterio que vale la pena mirar, un misterio que es idiota tratar de atrapar en un celular.

Acusada. Dirección: Gonzalo Tobal. México, Argentina, 2018.


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