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Un espejo en mil pedazos

La guarida del viento


¿Seríamos los mismos sin haber leído a Juan Rulfo? Gracias al espejo roto en mil pedazos que el escritor fijó para siempre frente a nosotros, sabemos que la muerte no es un hecho sino una experiencia íntima. Estamos todos muertos siempre. Nuestra vida se ha vuelto rulfiana.

Pocas obras nos han enseñado más sobre quiénes somos que Pedro Paramo. En sus primeras líneas, Juan Preciado nos dice que ha llegado a Comala para buscar a su padre, “un tal Pedro Páramo”. A partir de entonces, lo seguimos solo para descubrir que Abundio, el arriero a quien encuentra, le diga que él también es hijo de Pedro Páramo (un “rencor vivo”) y que su padre murió muchos años antes. Poco después nos enteramos que Abundio también es un fantasma, como todos los otros, y que la diferencia entre la vida y la muerte se disuelve en los murmullos, alzados por el viento.

La novela está compuesta por 69 fragmentos. El uso de expresiones “un tal” y “como” (“como si fuera un montón de piedras”) señala que estamos en un universo latinoamericano de dudas e imprecisiones. En ese universo todas las voces aparecen. Habla Juan Preciado, habla Damiana Cisneros, habla Fulgor Sedano, habla Pedro Páramo. Si los muertos evocan y sufren de nostalgia, es porque el tiempo se ha congelado. Todos están condenados a un destino sin redención, que los emparenta con las “estirpes condenadas a cien años de soledad”. El tiempo no avanza. Ideas como el progreso o la evolución o el desarrollo son exóticas en esta realidad. Todos están muertos pero desde la muerte cuentan historias eternas. El pasado es el presente y es el futuro.

En un mundo sin tiempo, las pasiones forman una cadena: Pedro Páramo es el dueño del pueblo pero tiene una debilidad por Susana San Juan que a su vez desea a Florencio. Susana es el erotismo y el misterio. Pedro es el poder y la tierra. El sol está representado por Pedro pero la luna se dibuja en la boca plateada de Susana.

Pedro es la primera piedra, el origen de todo, una obsesión de la América Latina, y el Páramo es su destino. Se ha comparado Pedro Páramo con el teatro japonés, con Jean Paul Richter. Todo puede ser cierto. En 120 páginas resumió el mundo. “Tengo la boca llena de tierra”, dice Susana poco antes de morir. Y luego: “Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimidos mis labios”. La poesía visceral de estas páginas nos sigue conmoviendo. Y su autor apenas cumple cien años.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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