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Tito y el meñique levantado

Merde!


Por simple terquedad, amor y conocimiento del cabaret, Tito Vasconcelos es uno de los maestros del género, de los años ochenta al presente; se impuso con un estilo donde la diversidad sexual sentó sus reales y logró alcances estéticos con sus interpretaciones. No es el único pero sí uno comprometido con el activismo: los travestis entraron al cabaret por la puerta grande gracias a los personajes que les inventó en esa cultura del espectáculo. Parece poco, pero para la historia del teatro, no.

Ahí donde las mujeres eran el objeto del deseo, en los cabarets de lujo y pompa a los que acudían Frida Kahlo y Diego Rivera; ahí donde cantaban, en el Leda, personajes como Chavela Vargas o Elvira Ríos, cuando apenas se insinuaban las vidas privadas de las cantantes —por manfloras— y la maledicencia las hacía leyendas; ahí donde Ninón Sevilla y Tongolele triunfaron por su arte, aparece Tito Vasconcelos personificando, imitando, ironizando, mutando en la carne de divas con claras tendencias travestis.

No surgió solo. Antes, Nancy Cárdenas abrió a la sociedad civil el tema con la obra Los chicos de la banda, en 1973. Para 1976, Gustavo Torres Cuesta escenifica Wilder Bataclán, de Thornton Wilder, y en 1978 Radio City, basado en textos de Woody Allen y Elmer Rice. En 1980 aparece José Antonio Alcaraz con Y sin embargo se mueven… Todos están muertos menos Tito Vasconcelos, que —trabajando en la obra de Alcaraz— revela su propia personalidad: un travesti en tiempos del machismo.

Una carrera imparable desde entonces. Y por esas razones —amén de sus actuaciones en cine y teatro “serio”— recibe del International Theatre Institute (ITI/ Unesco), Centro Mexicano de Teatro, la medalla Mi Vida en el Teatro el 27 de marzo, justo el Día Internacional del Teatro. Una carrera que suma 50 años y quién sabe cuántos cambios de vestuario para ser Medea, María Félix, Bette Davis, Frida Kahlo y todos esos travestis sin nombre que rondan en México.

Lo recuerdo cantando una pieza en el antiguo teatro Arcos Caracol de la UNAM, junto con Sergio Torres Cuesta: “De reventón en reventón, ceja depilada, ojo maquillado, mirada lánguida… (y el) meñique levantado”. Eso: Tito es el meñique que pugnó contra López Obrador, quien negaba las sociedades de convivencia —apenas en 2003, iniciativa promovida por la diputada Enoé Uranga—, y el activista se lanzó contra esa política de la costumbre de decir no a la diversidad sexual.

Si este comentario parece de amistad con el artista, diría que no, porque su trayectoria es pública y la admiración la comparte la comunidad teatral. Aunque tampoco tengo empacho en confesar que sí, porque es un honor ser amigo de Tito Vasconcelos.

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Braulio Peralta
  • Braulio Peralta
  • juanamoza@gmail.com
  • Periodista, ensayista y editor. Autor de Otros nombres del arcoíris, El poeta en su tierra, diálogos con Octavio Paz, De un mundo raro, un libro de crónicas de sus personales viajes como corresponsal en España, y El clóset de cristal. Publica todos los lunes su columna La letra desobediente.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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