La escenografía de Julien Peissel muestra una cantera de mármol que se esculpe mientras 16 bailarines mexicanos de 23 estados, seleccionados por (LA)Horde, colectivo a cargo de la dirección artística del Ballet National de Marsella, danzan con paisajes sonoros creados por el músico RONE para Room with a View, con dirección escénica y coreografía de Marine Brutti, Jonathan Debrouwer y Arthur Harel.
“Comenzamos hace cuatro o cinco años con RONE, antes del covid-19. Esto tiene mucha importancia porque, ya antes de la interrupción del mundo entero debido al virus, este proyecto partía del colapso, y que Room with a View haya pasado por esta pandemia fue loquísimo para nosotros”, explica a MILENIO Julien Peissel, un artista escénico para quien éste ha sido su segundo proyecto con (LA)Horde.
“Room with a View es una obra realmente visionaria, porque se empezó a gestar cinco o seis meses antes de la pandemia. Hicimos unas primeras representación en el Théatre du Châtelet, después se cortó la temporada. Y una vez que pasó el covid, pudimos volver. Para nosotros fue completamente una locura trabajar esta propuesta en este contexto de colapso. Es realmente visionaria”, agrega Peissel.
La obra colectiva de RONE y (LA)Horde llega a cuatro escenarios del país, para 7 funciones en conjunto, en el contexto de Francia como invitado de honor al 54 Festival Internacional Cervantino y por los 200 años de relaciones diplomáticas de esa nación europea con México, gracias a las gestiones del artista escénico, promotor y productor cultural Eleno Guzmán, que también convocó a bailarines mexicanos a colaborar con la pieza, entre quienes se seleccionaron 16 de los 251 postulantes.
Con la música electrónica de RONE, (LA)Horde, integrado por Brutti, Debrouwer y Harel, concibió el espectáculo como un difícil despertar de conciencias y una marcha forzada por la aplastante perspectiva del colapso, representados por la polarización sobre las relaciones físicas colectivas y con el entorno.
El espectáculo se ha llevado a diferentes países donde se monta con participación de bailarines locales, como parte de la oferta del Ballet Nacional de Marsella que dirige desde 2019 el colectivo (LA)Horde.
El escenógrafo Peissel recuerda que en principio el Théatre du Châtelet encargó a RONE (Erwan Castex, 1980) crear una pieza y éste a su vez invitó a (LA)Horde a desarrollar una coreografía alrededor de la obra sonora que entonces logró el afamado productor, DJ y músico electrónico francés.
Room with a View se estrena en México este viernes 9 de octubre (20:30 horas), en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, donde se programó una función más el sábado 10 (19:00 horas). Después irá al Teatro Bicentenario de León, el martes 13; para luego clausurar el Festival Internacional Cervantino en el Auditorio del Estado de la ciudad de Guanajuato, con funciones el 17 (20:00 horas) y 18 de octubre (12:00 horas).
También dentro del Circuito Cervantino, el espectáculo de (LA)Horde se despedirá del país con presentaciones en Ciudad de México, en el Teatro Julio Castillo, sábado 24 (19:00 horas) y domingo 25 (18:00 horas).
Room with a View se presenta como una nueva exploración por parte del músico y del colectivo a la protesta y la revuelta a través de la danza, justo en momentos que las protestas sociales y estudiantiles regresan a Francia, donde jóvenes han tomado calles y se han atrincherado en escuelas y ocupado la Plaza de la Bastilla, mientras el gobierno de Emmanuel Macron vuelve a recurrir a la represión policial.
“En escena aparece una cantera de mármol, con dispositivos ocupados, cortando y puliendo la roca. Y en este lugar fuera de su mundo y detrás de sus máquinas, RONE esculpe amplios paisajes electrónicos y emocionales para una horda de ravers. Si los escultores trabajaban con mármol para 'liberar la forma humana dentro del bloque' (Miguel Ángel), los intérpretes bailan para escapar de la inmovilidad blanca de las piedras, se levantan para examinar los contornos infinitamente humanos de un desastre anunciado y consideran la posibilidad de su belleza”, reseña el sitio del Ballet Nacional de Marseilla.
(LA)Horde eligió encarnar los movimientos clandestinos, de odio y de amor, en una coreografía que se encuentra con la música para contar la historia del sufrimiento y la ira legítima de las generaciones actuales que buscan agruparse para darse sentido en comunidades de celebración y combate, abrumadas por la violencia infinita del mundo, que repiten en bucle, en su carne, como si quisieran exorcizarlos.
Según esa sinópsis, (LA)Horde imagina un espacio turbio que resalta la belleza paradójica del caos, la belleza que nace de la energía ahorradora y la fuerza colectiva que surgen de múltiples colapsos.
“La temática con la que partimos es la del colapso. De los lugares donde ambientar la obra, elegimos la de la cantera de mármol, en una historia que me conté de que estamos cavando nuestra tumba, pero seguimos acabando con nuestros recursos naturales, no hay más, pero seguimos. En términos de imaginación, esa fue la temática con la que me fui”, señala Peissler en una pausa de su trabajo de supervisión en Guadalajara, sobre cómo debe irse montado su escenografía de Room with a View.
Aclara que en la versión que se presentará en los escenarios de México no contará con una de las máquinas que se utilizaron en el Théatre du Châtelet, que evoluciona de forma autónoma a lo largo del espectáculo y que sigue cortando en la cantera de mármol a pesar de que ya no hay más materia en ella.
“El espectáculo comienza con la última fiesta en una gruta y esa gruta se cae”, señala el escenógrafo.
Los 16 bailarines mexicanos seleccionados en la producción de Eleno Guzmán de Room with a View son: África Arvizu Roa, Aimé Irasema Sánchez López, Andrea Villarreal Lozano, Andrés Felipe de los Ríos Valens, Carla Patricia Segovia Flores, César Andres Brodermann Sancez, Elisa Romero Ramírez, Farid Yeudiel Sarmiento Vázquez, Irvin Fernando Montiel Carpinteyro, Mariana Becerra Campa, Miguel Ángel Ramírez Sagaon, Sabina Villagómez Guzmán, Éric Emmanuel Soto González, Andrea Valeria Cortez Rendón, Víctor Jesús Rodríguez Mejía y Anom Hazael Sánchez Rangel.
Peissel indica que en el proceso de creación con (LA)Horde el colectivo le nutre de información, él envía sus propuestas a Brutti, Debrouwer y Harel, se las regresan en un largo recorrido de ida y vuelta, que cuando se va perfilando debe tomar ya en cuenta a los bailarines, RONE y los músicos en vivo.
“Hay un montón de problemas técnicos que deben tomarse en cuenta: ¿dónde comienzan las máquinas? ¿Cuáles son las máquinas? ¿Los conectores? La fragilidad de las máquinas, la humedad, porque aquí tenemos húmedad. Hay un montón de parámetros que tienen que considerarse en la obra. Y luego su evolución, sus instrumentos. ¿Cómo van a ser conectados? ¿Cómo van a poder evolucionar? ¿Cuál es la interacción con los bailarines? ¿Cuál es la interacción con los diferentes efectos de las máquinas?”.
Sobre cómo se inicia su trabajo escenográfico, Peissel comenta que primero parte de las palabras del director de escena o del coreógrafo, que pueden definirse como meras sensaciones o intuiciones.
“Al principio no tienen la capacidad de nombrar claramente el espacio y la historia en la que quieren evolucionar. Me van a dar un cierto número de indicios, quizás me mostrarán dos o tres fotos, dos o tres imágenes, me van a hacer escuchar un sonido, etcétera. Y a partir de ahí, yo voy a recoger esa cosa.
“Mi proceso, que no es el de todos los escenógrafos, consiste en que primero hago una especie de cuaderno de tendencias, recojo imágenes, etcétera. Eso es la base para verificar que vamos en la buena dirección y juntos. Así van surgiendo los colores, los materiales, los eventos, las sensaciones”, agrega.
Y explica por qué concibió que en Room with a View tenía que salir la maquinaria que corta el mármol.
“Yo soy totalmente fan de la maquinaria. Para mí, la maquinaria es realmente la dinámica. En todas mis escenografías o dispositivos escenográficos, prefiero llamarlos así que decoraciones, interviene la maquinaria, da vida a un espacio que va a ser llevado a evolucionar a lo largo del show, de la historia.
“Va a ser un actor en sí mismo, va a contar su historia, esa decoración, ese ambiente. Y no estaremos seguros de lo que vemos: ¿está vivo? ¿Es carnal? ¿Es mineral? ¿Es orgánico? ¿Es visceral? Tiene que ver con la emoción. Me gusta abordar la escenografía en la forma de la emoción, de la sensación. Es decir, no pasa por el cerebro, pasa por los visceral, por algo mucho más”, agrega el artista escénico.
Recuerda que como escenógrafo, a diferencia de los coreógrafos, debe pensar en que su trabajo va a estar en diferentes salas, así que desde un principio concibe su obra para llevarse a varios escenarios.
Peissel, de 52 años, comienza a trabajar con imágenes, elabora un mapa para verificar que en cuestión de visibilidad la historia, la circulación de actores o bailarines sean óptimas, igual que todos los efectos.
Para Room with a View el escenógrafo reunió un montón de documentos sobre edificios que se destruyen o sobre canteras de mármol de las que se extraen bloques enormes.
“Me fascina este lado monumental que, de repente, se reduce a nada. Alimento mi propuesta con todo esto. Puede ser un edificio que se destruye o, más literalmente, una piedra que se extrae de una cantera de mármol. Todo eso lo voy a proponer y traducir esas propuestas con eventos concretos que ocurrirán en la escena con los bailarines. Y así escribimos juntos la historia a partir de ahí, hasta que la escenografía es validada, en este caso por el colectivo de (LA)Horde”, concluye Peissel.
PCL