Un crucifijo de madera tallado por Miguel Ángel a la edad de 18 años, que estuvo perdido durante siglos, regresó ayer a la iglesia de Santo Spirito de Florencia, para la cual había sido concebido.
El artista florentino había donado en 1493 a la iglesia de los agustinos la efigie de Cristo crucificado como un gesto de agradecimiento con los sacerdotes por haberlo hospedado tras la muerte de su primer mecenas, Lorenzo de Médicis.
Miguel Ángel pasó un año en el convento con los agustinos y aprovechó esa época para estudiar anatomía en los cadáveres del hospital de los monjes.
El crucifijo de madera, de casi 1.40 metros de largo, durante mucho tiempo estuvo perdido y fue hallado en un estado irreconocible en la década de 1960 en un corredor del convento, donde había sido abandonado tras haber sido varias veces pintado.
La pieza se encuentra en medio de la antigua sacristía de la iglesia, donde fue suspendida de un cable para permitir a los visitantes admirarla desde todos los ángulos.