De ser la casa de verano de Luis Terrazas, el latifundista más poderoso del norte de México, la Quinta Carolina estuvo a punto de perderse tras años de abandono en el desierto de Chihuahua.
Emblema de la arquitectura porfirista, a la construcción se le devolvió su esplendor gracias a su restauración de 2016, que demandó ocho años de trabajo.
Abril Rubio Hernández, directora del recinto cultural, indica que la restauración demandó una amplia investigación documental, pues “aunque estuvo poco tiempo abandonada, registró mucho daño”.
Luis Terrazas (1829 - 1923) fue un empresario con diversos negocios mercantiles, además de gobernador de Chihuahua. La casa de campo la construyó y nombró en honor a su esposa Carolina, convirtiéndose en un inmueble ícono para el desierto en 1905.
“Era como una miniciudad en Chihuahua, con 300 personas viviendo en la hacienda”, relata Abril Rubio Hernández.
Para su época, la construcción contaba con tecnología punta, ya que disfrutaba de energía eléctrica, tuvo la primer sala de boliche en el norte México y contaba con un lago privado.
Con la llegada de la Revolución Mexicana, la quinta quedó en abandono y fue ocupada temporalmente por las tropas de Francisco Villa, quien buscó crear una escuela en la vivienda.
Los movimientos políticos y sociales del siglo XX propició que la hacienda se fuera deshabitando poco a poco, hasta ser abandonada por completo en 1980.
“Aunque duró poco tiempo en abandono, los destrozos fueron muy grandes. Luis Terrazas no era una persona muy querida en Chihuahua y la gente nomás venía a ver qué se llevaba”, mencionó la directora.
La restauración demandó una revisión en documentos escritos y fotografías para recuperar los salones principales, escaleras de cantera para los accesos principales, la carpintería talada y los tapices de los cuartos.
Tras ocho años de trabajo hoy funciona como un centro cultural y es sede del Núcleo Comunitario de Aprendizaje Musical, a donde acuden niñas y niños todas las tardes para ensayar.
Si bien su restauración principal culminó en 2016, el proyecto tiene pendiente la recuperación integral del predio, que hoy se mantiene como un terreno baldío en manos de particulares.