Las breves palabras de Ana María Icaza al finalizar el acto de entrega del premio Joaquín Xirau Icaza reflejaban el objetivo primordial del galardón: “Es una manera de recordar a mi hijo”.
Y es que, fallecido su hijo en 1976, tanto Ana María como Ramón Xirau impulsaron un reconocimiento que permitiera tenerlo en la memoria a través de dos de sus intereses vitales: la economía y la poesía. La cuarta edición la ganó Miguel Maldonado por su poemario titulado El libro de los oficios tristes.
Convocado en colaboración con El Colegio de México y la Fundación Colmex, el premio se entregó ayer, en el auditorio Alfonso Reyes de esa institución educativa, donde el secretario de Cultura federal, Rafael Tovar y de Teresa, definió al galardón como un acto de amor filial: “Anita y Ramón, en un acto de generosidad y amor filial a su hijo, mantienen viva su presencia, y qué mejor modo de lograrlo que dotando de apoyo a jóvenes poetas, a jóvenes economistas, para que continúen una trayectoria, con lo que el reconocimiento se convierta en un detonador en su talento”.
Elegido por Adolfo Castañón y Juan Villoro entre 37 trabajos que respondieron a la convocatoria, El libro de los oficios tristes “está hecho desde una conciencia moral que pone en tela de juicio la recompensa que el ser humano recibe por su esfuerzo.
“Se trata de un álbum de estampas y viñetas que tiende puentes hacia el pasado y la tradición, pero también se abre hacia el aliento, hacia el presente porvenir. Sus oficios tienen algo de melancolía, de pudor y casi diría que de risueño, pero parecerían como sacados de un libro de historia natural, una gesta de los artesanos de lo invisible e inmaterial, una poesía de la pobreza”, dijo Castañón.
En un acto encabezado también por el secretario general de El Colegio de México, Gustavo Vega, y por el presidente de la Fundación para las Letras Mexicanas, Miguel Limón Rojas, Villoro definió a Maldonado como miembro de la estirpe de quienes prefieren ocuparse de lo mínimo para entender de otra manera el mundo.
“Maldonado es el poeta de una economía que ni siquiera alcanza el rango de informal: se ocupa de quienes venden su cabello para fabricar pelucas, prueban medicinas para constatar la eficiencia de un fármaco, recogen la basura o sencillamente esperan que la suerte o la destreza de sus manos les permitan asumir una tarea o, de perdida, convertirse en ayudantes de ayudantes”.
Sus poemas se convierten en una reflexión moral sobre el significado de los esfuerzos ignorados y, ciertamente, necesarios, rescata personajes y resume en unas cuantas líneas sus hojas de vida: desde el reparador de calzado, el trailero, la botarga o la señora que lava ajeno, hasta el artesano del vidrio, el recolector de basura o los que venden su cabello.
“Se ha creado la falsa idea de que un trabajo tiene más prestigio que otro; hoy importa más el lugar que tiene uno en el cuadro del organigrama, que el lugar que nos ganamos en la cuadra, en la colonia como buen vecino o buen ciudadano. No hemos podido construir una sociedad más solidaria y colaborativa, una donde el llamado trabajo sucio lo hagamos todos”, destacó el poeta galardonado.
Miguel Maldonado, nacido en Puebla en 1975, se suma a Paula Abramo, Ricardo Cázares y Armando Salgado en la lista de ganadores del premio Joaquín Xirau Icaza en el área de Poesía.