Hasta hace unos cuantos años, el Sábado de Gloria se caracterizaba por batallas campales que involucraban mangueras, cubetas y globos llenos de agua. Hoy, debido a la problemática de la falta de agua y la cada vez mayor concientización, esta práctica se ha ido eliminando.
El arrojar agua a otros en este día no es algo que los mexicanos nos hayamos inventado, sino una reinterpretación de lo que hacían los creyentes casi desde los orígenes del cristianismo.
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El objetivo de la Semana Santa, de acuerdo con la Agencia Católica de Informaciones, es recordar por qué murió Jesús; por lo que es un periodo de guardar y de reflexión.
En un inicio, durante estos días, la gente solía cambiar sus actividades y seguir al pie de la letra lo que dictaba la Iglesia, como no bañarse. El asearse era considerado un pecado debido a que el agua se utilizaba como un elemento de purificación.
Por eso, cuando las personas salían a la calle en Sábado Santo se aventaban cubetadas de agua para mojar a la gente. Esto, además, marcaba el fin de las restricciones.
Siglos después de la muerte de Jesús, los cristianos bautizaban a aquellos que querían convertirse a la fe la noche del Sábado Santo, luego de 40 días previos de preparación, tiempo que equivale a la Cuaresma. Este evento también era aprovechado por los sacerdotes para bendecir las pilas de agua y regalarla a los fieles, quienes tenían que mojar al prójimo para perdonar sus pecados.
Actualmente, las autoridades de la Ciudad de México imponen sanciones a quienes sean sorprendidos desperdiciando el agua, las cuales pueden llegar a los 3 mil pesos o 36 horas de arresto.
mrf