Nadie dijo que los buenos tiempos se fueron. Regresan de la pluma de David Keenan (Glasgow, 1971) en una vuelta a los convulsos años setenta en Irlanda del Norte donde los Chicos, Sammy, Tommy, Barney y Patrick, hacen de todo. Desde meterse hasta la cocina para llevarse un arsenal, dar de golpes hasta cansarse a quien se les atraviese al menor desacuerdo y no se diga cuando están inmersos en su idea de aprobar el “examen” para ser parte del IRA... le entran a todo.
Así es como en “Por los buenos tiempos” ambulan por esas calles y buscan que en el norte de Belfast, de mayoría católica, muchos paguen los platos rotos. Sammy habla desde el presente y se asume producto de ese tiempo: sometió a diestra y siniestra a quien se opusiera a sus “ideales”, aunque no tanto como los stars violentos de sus compañeros, quienes tantas veces celebraban cuando paraban a sus opositores, desde darles muerte, extorsionarlos o hasta incautarles una tienda de cómics (para darle el toque pop, por si poco le faltaba a David Keenan) y hasta “robarle” la novia al dueño.
Kathy es un personaje ambivalente que se mueve con destreza entre los matones.
Y vaya que surte efectos leerse hasta la saciedad a Conan el Bárbaro y casi terminar como él, aunque ya metidos en personaje, no hay quien pare a los chicos que entonan canciones de Perry Como para afianzar su identidad.
Si el trasfondo social duele, lo es aún más cuando el rumbo parece perderlos y recuperar esos discursos de lo terrible que tan bien solían explotar. En ese organigrama las reglas y las traiciones cambian, y del rojo se pasa al negro, pese a que las canciones de Como no dejan de sonar, con humor y una gran carga de alusiones a los setenta, se viene la debacle para la que nunca estuvieron preparados, pues ya los Chicos vivían su propio apocalipsis.
Cada personaje vale las páginas de esta trama, bien armada y con grandes efectos, para advertir que recordar es volver a vivir los buenos tiempos.
David Keenan. “Por los buenos tiempos”. Traducción de Francisco González López. Editorial Sexto Piso.