Cultura

Para aprender a leer poesía

Reseña

Para hablar de poesía se necesita ser poeta. Eso hace Jorge Esquinca en su libro Breve catálogo de fuerzas (Bonobos/ Conaculta, México, 2016), donde reúne ensayos escritos a través de los años. Los divide en tres partes: “Tentativas”, “Conjeturas” y “Vislumbres”; más una “Adenda”.

En el primer tramo, Jorge Esquinca se ocupa de Octavio Paz, Rubén Bonifaz Nuño, Alí Chumacero, Guillermo Fernández, Elías Nandino, Agustín Yáñez y Salvador Elizondo. En el segundo, analiza la obra de Francisco Hernández, Coral Bracho, Vicente Quirarte y Myriam Moscona. Casi al último, revisa autores extranjeros: Antonin Artaud, Henri Michaux, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Luis Cernuda, Ray Bradbury, Dylan Thomas, Emily Dickinson y Gonzalo Rojas. Casi nada.

Decir algo sobre Octavio Paz parece innecesario, pero cuando se habla de Rubén Bonifaz Nuño se está señalando al mejor poeta de lengua española, del tamaño de Borges y acaso mejor que Ramón López Velarde.

No menores son Guillermo Fernández, Francisco Hernández y Coral Bracho. Creo que ella es, después de Juana Inés de la Cruz y Margarita Michelena, la mayor poeta mexicana.

Reviso mis libros de poesía y me topo con textos extraordinarios, como los de Guillermo Fernández: Bajo llave no tiene límites. Tampoco Mar de fondo, de Francisco.

No sé por qué Jorge Esquinca se olvidó de Francisco Cervantes, quien es, en mi opinión, el más grande poeta luego de los ya señalados. Relatorio sentimental es incomparable. (Sus cuentos Ustedes recordarán y Relatorio deben ser leídos.)

Dice Jorge, refiriéndose a Guillermo Fernández: “Viene la noche a la ciudad que habito y de la que tú, hace tantos años, escapaste. Muy joven, niño aún, dejaste la casa materna y te fuiste por el mundo. Luego de mucho andar cruzaste el Atlántico y te anidaste —durante un tiempo que intuyo especialmente luminoso de tu vida— en Florencia”.

Y de don Rubén: “Y se refiere, por supuesto, a los ojos de Beatriz que lo espera en la otra orilla. Como en la Divina Comedia, el poema de Bonifaz Nuño [se refiere a La flama en el espejo] encuentra su mejor sustento, su eje, su espuela, en la figura poderosamente simbólica de la mujer. Ella es, en palabras de Bonifaz, ‘la criatura mejor realizada del universo’, ya que, entre sus principales atributos, tiene en sí misma el poder de la revelación. El poema habrá de comenzar entonces por la mirada: receptora y silo de la luz, depositaria del ascua divina. Y habrá de comenzar con el amor y así aproximarse, paso a paso, al Misterio. Pues, leemos, ‘es amor el fuego que trasmuta/ y amor la materia trasmutada’”.

Si leemos con atención Breve catálogo de fuerzas, de Jorge Esquinca, acaso aprenderemos a leer poesía. Jorge es poeta, y recuerdo un verso suyo que completa La noche en blanco: “No despiertes aún/ he pasado por ti la noche en blanco”.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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