Diego Petersen Farah (Guadalajara, 1964) presenta El infierno de la inocencia, (Tusquets), una novela en la que explora los vínculos familiares, los secretos y los conflictos políticos y sociales del siglo XX, incluida la guerrilla en Guadalajara.
“Me cuesta mucho trabajo separar cuál es el novelista y cuál es el periodista. Creo que siempre soy uno. Son dos formas distintas de acercarme a la realidad, que ha sido mi obsesión, la obsesión de un periodista de narrar la realidad”, dice.
El autor explica que es una historia que habla mucho más desde lo personal, de lo que es el dolor y la memoria, que son los dos ejes principales de la novela: “Y entender que en todas las familias, lo que no se dice es, a veces, mucho más importante de lo que se dice y que en esos secretos está la identidad de todos nosotros como personas. Es una cuestión que se construye también con la memoria, una construcción que muchas veces está hecha primero de retazos y segundo con silencios que nos marcan mucho más de lo que pensamos”.
Tras la muerte de su abuela, Ernesto regresa a Guadalajara para enfrentar el duelo. Entre cuadernos de recortes y recetas de cocina, descubre que su pasado está compuesto por más silencios que recuerdos.
El origen de la novela se remonta a 2003, cuando Petersen Farah realizó una investigación periodística sobre el asesinato del empresario Fernando Aranguren y la guerrilla en Guadalajara.
"Es muy difícil, desde el periodismo, narrar el dolor, los huecos de la memoria o los problemas de la identidad, y creo que eso sí te lo permite la novela. Me encontré con que el dolor estaba igual en los dos lados: en quienes habían sufrido o habían sido víctimas, de alguna manera, de la guerrilla, y en las familias de los guerrilleros estaba silenciado el dolor”, dice el autor, quien desde hacía muchos años deseaba escribir esta historia", comenta.
Los sentimientos de los personajes
“A partir de la historia de una familia, narro lo que fue México durante el siglo XX, con un gran nudo dramático que sucede en los años 70, que explica esta ruptura”, añade.
El autor consultó libros para documentar los acontecimientos, aunque precisa que su obra es ficción: "Lo que no pueden reconstruir esos libros más históricos es lo que pudieron haber sentido, cómo vivieron esos momentos. Eso creo que solo te lo da la novela; tienes que ficcionarlo, lo cual no quiere decir que sea falso. La reconstrucción de esos años traté de hacerla lo más apegada posible a los hechos históricos, pero narrados desde los sentimientos de quienes los vivieron”.
Uno de sus principales retos narrativos fue elegir a la madre como narradora y construir una voz femenina: "Es muy complejo y para mí fue un gran reto narrativo. La memoria tiene no solo muchas capas, sino muchos ejes. En ese diálogo con la madre aparece, por ejemplo, que para los migrantes la memoria son los sabores, es la cocina. Como Ernesto es cocinero, esa es una manera de llegarle en esa brusquedad que tiene él por saber quién es”.
Aunque siempre quiso escribirla, Petersen Farah dejó pasar el tiempo antes de abordar la novela: "Primero, porque no sabía escribir novela. Finalmente, uno va madurando como escritor también, a fuerza de hacerlo y de irla regando. Si reviso mis novelas anteriores, digo: todas pueden haber sido mejores, por supuesto que sí. Pero creo que también maduré la forma de entender, sobre todo, el dolor, y eso sólo te lo dan los años”.
El escritor revela que, aunque se obsesionó con el tema que hizo público en 2003, nunca volvió a publicar sobre él, aunque siguió consumiendo información.
"Esos años me permitieron entenderlo, no sé si más y mejor de lo que lo entendía. Fui desechando prejuicios a lo largo de estos 20 años, leí muchos libros como Patria de Fernando Aramburu y pude entender que sí se podía narrar el dolor”.
En la novela aparecen migrantes libaneses y alemanes, sobrevivientes franceses, revolucionarios, anarquistas y amantes marcados por la guerra, el exilio y la violencia.
"Me parece importante reivindicar, a través de una historia familiar, que México es muy plural y diverso, y que ha sido construido por personajes muy liberales. Además, nuestro país creció en los siglos XIX y XX gracias a las migraciones. Esa pluralidad es la que nos da riqueza, y no la negación de ciertas cosas del pasado, lo que nos va a ayudar a entendernos mejor”, finalizó Petersen Farah, fundador de MILENIO Jalisco.
BSMM