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Miércoles , 24.04.2019 / 05:53 Hoy

En novela gráfica, Michel Kichka aborda los efectos del Holocausto

El dibujante belga se propuso crear “una historia balanceada que pasara del drama y la tragedia, al júbilo y la risa; la risa también puede provocar lágrimas”, dice en entrevista.

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El Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial afectó a quienes perecieron en los campos de concentración y a quienes lo sobrevivieron. También ha dejado huella en sus descendientes, especialmente en quienes conforman lo que se ha dado en llamar la Segunda Generación, a la que pertenece el caricaturista Michel Kichka (Bélgica, 1954).

En 2012, Kichka publicó en Bélgica y Francia su novela gráfica La segunda generación. Lo que no le conté a papá con el propósito principal de “definir, por primera vez a mí mismo, lo que significa pertenecer a la llamada Segunda Generación, en qué me hace diferente a otros, cómo me ha afectado y me ha formado. Y con esto, tratar de extender esta definición a más gente de la Segunda Generación, a los sobrevivientes, a mi padre y a mis hijos”, dice en entrevista por correo electrónico el caricaturista que desde hace años vive en Israel.

Sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, durante muchos años su padre, Henri Kichka, había rehuido hablar sobre esa etapa de su vida, hasta que muchos años más tarde, y tras el suicidio de su hijo Michael, publicó sus memorias y se dedicó a dar conferencias sobre el tema. El hijo tenía 50 años.

La segunda generación. Lo que no le conté a papá, libro traducido al español por iniciativa de Orly Beigel —hija de una sobreviviente del Holocausto— y editado por la Fundación Metta Saade, ha sido la obra más difícil para Kichka. “Me obligó a realizar un largo y profundo trabajo de introspección, a abrir mi vida públicamente, a pararme desnudo frente a mí mismo, a mi padre y a otros lectores futuros”, reflexiona el artista.

A eso hay que agregarle, dice, que “en cierta manera, también tuve que deconstruir la imagen de mi padre, conocido como un héroe del Holocausto, al narrar la historia no contada de una familia disfuncional y traer a mi hermano de regreso a la vida porque tenía la sensación de que había sido olvidado”.

El libro ha tenido muchas traducciones, ¿cuál fue su impacto en Alemania?

Para mi editor alemán fue muy significativo tener el libro en alemán porque lo consideró un acercamiento diferente al Holocausto, un libro que les hablaría a la generaciones más jóvenes por medio de una historia personal en una historieta con humor. Para mí era ver mi libro como un mensajero entre yo y la segunda y tercera generaciones de alemanes cuyas familias estuvieron involucradas en la guerra, los hijos de las víctimas y, probablemente, también los hijos de los nazis.

¿Y la reacción de su padre?

En la primera lectura mi padre necesitaba algo de tiempo para recibir el libro como es, para aceptar este strip tease familiar, para enfrentar las cosas que nunca habían sido dichas o discutidas en nuestra familia. Después de seis meses fue capaz de disfrutarlo y aceptarlo totalmente, a estar orgulloso de él e incluso a mostrarlo entre los alumnos de secundaria que veía todo el año en Bélgica. Hoy considera mi libro como el segundo capítulo de su propio libro, publicado en 2004, que es sobre su experiencia durante el Holocausto. No puedo decir si lo curó, pero definitivamente abrió una nueva página en nuestra relación. Todo entre nosotros se ha dicho, contado, explicado y clarificado. Lo diré en estos términos: mi libro fue la apertura de una herida dolorosamente sangrante. Yo cuidé de esa herida y la cerré con una hermosa mascada. Mi libro es esa mascada.

¿Entre los posibles lectores pensó en los niños?

Pensaba que es más bien para adolescentes y adultos. Pero me he dado cuenta de que niños de 9 y 10 años lo han leído y lo han comprendido. Me sorprendieron las reacciones de sobrevivientes que se conmovieron con mi libro, algunos confesaron que era el primer cómic que leían en su vida. Hubo muchas reacciones de gente de la Segunda Generación que se reconocieron en mi historia personal y me dijeron que tuvieron una relación semejante con sus padres. Muchas veces esos lectores me dijeron: “Gracias por contar mi historia”.

El libro es estremecedor, pero también hay momentos de humor, lo que le da equilibrio...

Cuando empecé a escribir mis recuerdos y las anécdotas relacionadas con mi pasado, también tuve algunas historias graciosas. No podía quitarlas del libro, no quería que fuera solamente dramático, después de todo soy un caricaturista que todos los días usa el humor en su trabajo. Sentí y decidí que mantendría esos momentos graciosos y trataría de hacer una historia balanceada que pasara del drama y la tragedia, al júbilo y la risa. La risa también puede provocar lágrimas.

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