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Lunes , 18.03.2019 / 23:05 Hoy

Nicanor Parra, montaña rusa de la antipoesía

“¿Aspira a ser el mejor poeta de Chile?”, le preguntó en alguna ocasión Pablo Neruda; “No, me conformo con ser el mejor poeta de Isla Negra”, respondió.

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Contaba con 77 años de edad cuando recogió el primer Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo —aún no cambiaba de nombre el reconocimiento otorgado por la FIL de Guadalajara—, y no encontró mejor manera de mostrar su agradecimiento que con las formas que lo definieron en vida y en obra:

“Rulfo se puso firme contra viento y marea / tres veces 100 y punto/ ni una página más/ el escritor no es una fábrica de cecinas”.

“Los detractores de la poesía/ van a tener que pedirnos perdón en cuclillas/ ha quedado de manifiesto/ que se le puede hacer la pelea a la prosa:/ la cenicienta de las bellas letras/ no tiene nada que envidiar a sus hermanastras”.

Llegó a los 103 años de edad y ahí se quedó, en una madrugada de martes. Hay quien cuenta una anécdota que muestra el sello que lo definió: “¿Aspira a ser el mejor poeta de Chile?”, le preguntó Pablo Neruda tras la aparición de Poemas y antipoemas. “No, me conformo con ser el mejor poeta de Isla Negra”, respondió Parra, en alusión al pueblo costero en el que vivía Neruda y donde pasó los últimos años de su vida.

Otra vez, en Guadalajara, le preguntaron si aspiraba al Nobel después de haber recibido el premio: “Si no se lo dieron a Rulfo, ¿por qué me lo van a dar a mí?”

Parra nació en San Fabián de Alico, el 5 de septiembre de 1914, y aunque su primer texto poético data de 1937 (Cancionero sin nombre), no fue sino hasta 1954 que llamó la atención con sus Poemas y antipoemas, que causaron asombro o rechazo.

El mayor de nueve hermanos artistas —entre ellos la folclorista Violeta Parra—, Nicanor llegó en 1932 a Santiago, estudió Física en el Instituto Pedagógico y después en EU; también residió en Reino Unido, donde cursó un doctorado en Cosmología en Oxford, pero su estancia allí solo lo acercó más a la poesía: “Es que conocí a (John) Donne”, se justificaría después.

Cuando obtuvo el Premio Cervantes, en 2011, Vicente Quirarte definió su obra como liberadora de la tradición poética en español, “porque al enfrentarse al canon desde el provocativo nombre de antipoemas, ya manifestaba una lucha contra la academia, lo cual no significa que su poesía no respete el lenguaje, al contrario: la finalidad de la poesía es transformarse y revolverse como el mar, y eso hace él con la suya”.

Lo cotidiano

Utilizar el “lenguaje del pueblo” es uno de los elementos principales de la poética de Parra, además de su temática, que pone al hombre común enfrentado sus dilemas de la vida corriente.

La antipoesía es la de lo cotidiano en su forma y en su fondo, y Parra lo dejó en claro ya en 1954, cuando proclamó que “durante 50 años la poesía ha sido el paraíso del tonto solemne”. Fue un hombre que definió su poesía como una montaña rusa donde quien se sube baja echando sangre por las narices.

En el ámbito de lengua hispana, su partida generó infinidad de reacciones, sobre todo entre intelectuales y políticos —casi como una de sus últimas travesuras, opacó las designaciones del gabinete del presidente electo, Virgilio Piñera—, pero su presencia llegaba a ser tan cotidiana que hasta en la cuenta de Twitter de la selección chilena de futbol se lamentó su partida.

Ganador de premios como el Nacional de Literatura de Chile y el Miguel de Cervantes, Parra fue considerado por Harold Bloom como uno de los mejores poetas de Occidente.

El velatorio de Parra se realizará en su casa de La Reina, y el jueves se efectuará el funeral en la residencia que tenía en el balneario de Las Cruces, en el litoral central chileno, donde vivió sus últimos años, informó Nano Parra, sobrino del poeta.

El gobierno chileno decretó dos días de duelo oficial y “la suspensión de los actos como ceremonias que revistan el carácter de festejo”.

Últimas instrucciones

Estos no son coqueteos imbéciles

háganme el favor de Velarme Como Es Debido

dáse por entendido Que en la reina

al aire libre —detrás del garaje

bajo techo no andan los velorios

Cuidadito CON velarme en el salón De honor De la universidad

o en la Caza del Ezcritor

de esto no cabe la menor duda

malditos sean si me velan ahí

mucho cuidado con velarme ahí

Ahora bien —ahora mal— ahora

vélenme con los siguientes objetos:

un par de zapatos de fútbol

una bacinica floreada

mis gafas negras para manejar

un ejemplar de la Sagrada Biblia


Gloria al padre

gloria al hijo

gloria al e. s.

vélenme con el Gato Dominó

la voluntad del muerto que se cumpla

Terminado el velorio

quedan en LIberTad de acciOn

ríanse —lloren— hagan lo que quieran eso sí que cuando choquen con una pizarra

guarden un mínimo de compostura:

en ese hueco negro vivo yo.

“Obra gruesa” (1969)

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