Cultura

Muñeca de la emperatriz Carlota ya tiene nueva casa

El Museo Casa de las Mil Muñecas ha recibido en donación la pequeña joya que encierra no sólo belleza en su hechura, sino historia.

La figura apenas medirá poco más de 30 centímetros, delgada, de piel blanquísima, pelo negro, natural, recogido en un moño. Viste un vestido largo, de muselina de algodón, tipo imperio, aretes, y trae una pulsera en el brazo. Es la muñeca de cera que trajo Carlota, la primera mujer que, como emperatriz regente, realmente gobernó lo que hoy es México, 160 años antes que la presidenta Claudia Sheinbaum.

El Museo Casa de las Mil Muñecas ha recibido en donación la pequeña joya que encierra no sólo belleza en su hechura, sino historia, mucha historia, y no sólo la de la emperatriz esposa de Maximiliano, sobre quien se han escrito tantos libros como la prodigiosa novela Noticias del imperio, de Fernando del Paso, sino también de la mujer que fue su dama de compañía: Ana María Carrasco.

La familia del pintor Gonzalo Carrasco (1859-1936) decidió donar no sólo la muñeca de Carlota de Habsburgo, sino también una casita para muñecas que él mandó a hacer para sus cuatro nietas y que reproducía su casa. Duffour, directora fundadora del museo sobre avenida Chapultepec, la restauró después de generaciones de niñas que la visitaron en sus juegos.

La antigua hacienda donde vivía Carrasco, una de las primeras que gozó con una tienda de mercancías, que nada tenía que ver con las habituales entonces tiendas de raya, se convirtió en Museo de Otumba.

Para coronar ambas donaciones, este 30 de abril, Día de la Niña y el Niño, ambos museos se hermanaron en una ceremonia institucional en Casa de las Mil Muñecas, con un tour para las herederas de Carrasco, a la que asistió MILENIO, que en 2024 publicó que la premio Cervantes 2013, Elena Poniatowska, inauguró la casa en avenida Chapultepec 420 metro Sevilla, acompañada por Duffour.

“Tengo amigas bistataranientas de Ana María Carrasco, mamá del pintor de figuras religiosas Gonzalo Carrasco, quienes poseían una hacienda en Otumba, cerca de las pirámides (de Teotihuacan). Me regalaron la casita de muñecas, que restauré antes de exhibirla en el museo, porque ya habían pasado varias generaciones por ella, y también la muñeca de cera inglesa, que tenía Carlota”, comenta Duffour.

La figura apenas mede poco más de 30 centímetros. (Foto: Especial)
La figura apenas mede poco más de 30 centímetros. (Foto: Especial)

“Las bistataranietas juntaron todo lo que pudieron y lo donaron a la antigua casa de la hacienda, que abrió como el Museo de Otumba, que es muy interesante por todo lo que tiene”, agrega la directora.

“Esa hacienda tuvo una de las primeras tiendas, no de raya, muy grande, pegada a la casa donde vivían. Esa tienda surgía de cualquier tipo de productos a todas las haciendas de pulque por Teotihuacan. Y la familia, cuando decide rehabilitar la tienda, todos en el pueblo que guardaban antigüedades, las donaron. Y la tienda se ve tal como en aquellas épocas, vale la pena visitarlas”, expone Rossana Duffour.

Narra cómo el padre de Gonzalo Carrasco mandó a hacer una casa de muñecas igual a su hacienda, para que las mujeres de la familia, a partir de sus cuatro nietas, generación tras generación, jugaran.

María de Lourdes Orellana y María Teresa Resa Carrasco, las herederas, decidieron donar al museo de Duffour la casita de muñecas y el juguete de la emperatriz María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina, que ahora se exhiben en diferentes salas de la institución cultural privada ubicada en la Roma Norte.

Duffour restauró la casa de muñecas después de las generaciones y generaciones de niñas que pasaron por ella. Y se puso a investigar la veracidad del relato sobre la historia del dama Ana María Carrasco.

“Me regalaron la muñeca y me dijeron que su bistatarabuela había sido integrante de la corte de Carlota. Pero yo no podía eso en el museo sin investigarlo y corroborar que es verdad. Y el único especialista en muñecas de cera en México, el doctor Marco Antonio Miranda Razo, me llevó con el director de la biblioteca de historia de Chimalistac (la biblioteca Ernesto de la Peña del Centro de Estudios de Historia de México Carso)”, relata la fundadora del Museo Casa de las Mil Muñecas.

“Con el director busqué en libros antiguos, que ya los tienen todos computarizados, están en la red. Y, efectivamente, ahí encontré que Ana María Carrasco fue la dama de honor de Carlota y su amiga, una de las pocas personas que asistieron a todos los bailes y los eventos que hizo la emperatriz”, añade.

La historia de Ana María Carrasco recuerda a la de la cortesana de Carlota loca, como terminó ella, que el escritor José Luis Trueba Lara inventó para su novela Carlota. La otra historia (Océano, 2025)

Duffour también descubrió que cuando Carlota de Bélgica (1840-1927) llegó a México en 1864, trajo a artesanos austriacos para que enseñaran a pares mexicanos a hacer figuras de cera, una tradición que había comenzado en Italia, por lo que la emperatriz también fue la primera en importar esos juguetes.

La pieza se exhibió de julio a septiembre del año pasado en la exposición La cera en México en el Palacio de Iturbide, que justamente curó Miranda Razo, un investigador de la cerería y el arte plumario.

Hoy cualquier persona puede verla la pequeña figura en la primera sala del Museo Casa de las Mil Muñecas, a casi un siglo de la muerte de la emperatriz Carlota de México, que se cumplirá en 2027, rodeada por otras figuras de porcelana que la muestran a ella y a su esposo Maximiliano de Habsburgo.

El 24 de enero de 2024, la premio Cervantes 2013 Elena Poniatowska inauguró el Museo Casa de las Mil Muñecas en sobre avenida Chapultepec, que antes fue un antro llamado El Toluache.

Duffour pudo así exhibir su colección que se inició cuando su abuela Rosa Fres de Vivanco, una exiliada por la Guerra Civil española que llegó a México, le regaló la primera muñeca, cuya foto existe.

“Era una muñeca mexicana, de carita moldeada y cuerpo de tela; desde los siete años la tuve”, comenta.

Durante años buscó casa para sus más de mil muñecas hasta que dio con la mansión que el primer médico que practicó una endoscopia en el país, Pedro Pablo Pedrero, se construyó en 1919, en plena revolución pero aún con la nostalgia del estilo porfiriano. Cuando Duffour fue a verla con su marido en 2014, la casa en venta todavía tenía vasos de cerveza y botellas de vino de una juerga de la víspera.

Era un antro conocido como El Toluache. Duffour encontró su museo. Tardó años en conseguir los permisos para remodelar la casa, que Rafael Tovar y de Teresa gestionó por intercesión de la amiga de Rosana, la premio Cervantes 2014, Elena Poniatowska, quien inauguró el museo hace dos años.

“Poniatowska ha sido nuestro ángel de la guardia”, contó entonces a este reportero. La autora de Tinísima y La noche de Tlatelolco le donó su muñeca zapatista que recibió en Chiapas de la Comandante Ramona y también tiene su propia muñeca, mandada a hacer ex profeso por la directora.

Con cinco pisos, la casa recibe a los visitantes con una sala de muñecas mexicanas, donde pueden verse los ejemplares que trajo Carlota desde Europa o por época.

“Alemania fue el primer país que vendió muñecas y produjo las primeras de porcelana. A México las trajo la emperatriz Carlota, dicen que cuando iba en su carruaje vestía a su muñeca igual que a ella y que a las niñas que iban a Chapultepec les regalaba de ese tipo de muñecas de porcelana”, dijo Duffour.

“La historia de la muñeca es la historia de la mujer, van de la mano. Las muñecas que hay, todo a su alrededor es de acuerdo con la historia de la mujer”, añadió sobre la perspectiva feminista del museo.

PCL


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José Juan de Ávila
  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.
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