Narrador, dramaturgo y ensayista emblemático de Puerto Rico, Luis Rafael Sánchez cerró el Congreso Internacional de Escritores de Bellas Artes de Caguas con la misma fuerza huracanada con que irrumpió en la literatura en español hace 50 años su novela La guaracha del Macho Camacho (1976).
“¿Por qué hay que ver siempre al escritor como una especie de traductor de la idiotez? No lo es (...). Debe ser el gran traductor del diferente, defender lo diferente, que siempre es el acusado o la acusada”, sostuvo Sánchez (Humacao, 1936), en la tercera y última jornada del encuentro literario, auspiciado por el Instituto Cervantes, cuyo director, el poeta Luis García Montero, acompañó a su “tocayo” caribeño.
García Montero, “marido de Almudena Grandes” —como se le presentó con su anuencia— asistió por primera vez al congreso en Puerto Rico acompañado por la directora de Cultura del Instituto Cervantes, Raquel Caleya, muestra de apoyo a un foro que promueve la literatura en español, y por la defensa de la lengua que protagoniza la isla y que le mereció el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1991.
Pero también para entregar al autor de La importancia de llamarse Daniel Santos y de La pasión según Antígona Pérez las llaves de su legado que desde septiembre pasado está en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, con lo que Sánchez se convierte en el primer escritor puertorriqueño en ese tesoro.
Durante el diálogo “Las palabras que nos arman” entre ambos escritores, además se aprovechó para presentar la edición conmemorativa por el 50 aniversario de La guaracha del Macho Camacho que publica ahora Seix Barral y cuyo prólogo fue escrito por Manolo Núñez Negrón, que moderó la charla.
“Quería aprovechar para hacerle entrega a Luis Rafael Sánchez de una llave, porque saben ustedes que el Instituto Cervantes tiene lo que se llama una gran Caja de las Letras, donde se custodia la herencia de lo más significativo de la cultura. A nosotros nos gusta decir que la verdadera riqueza de una comunidad es su cultura y que la mejor manera de comprometernos con el futuro es saber elegir las mejores herencias del pasado. Y ahí hemos recibido la herencia que nos llegó de Federico García Lorca o de Miguel de Unamuno, la herencia de Gabriel García Márquez o de Mario Vargas Llosa. Y fue un honor para nosotros poder recibir también la herencia de Luis Rafael Sánchez”, dijo García Montero.
El poeta y narrador resumió la obra de Sánchez en una cita de la rectora de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, Angélica Varela Llavona: “Desde su icónica novela La guaracha del Macho Camacho hasta sus ensayos, cuentos y obras teatrales ha construido un universo literario en el que el Caribe no es sólo un escenario, sino también un personaje vivo que respira, canta y se rebela”.
Defendió la diversidad del español, como segunda lengua más hablada en el planeta, en la que los españoles sólo representan el 9 por ciento de los hablantes del total, “por lo que cualquier tentación de imperialismo significa hacer el ridículo. Y, bueno, ahora están haciendo el ridículo otros, en vez de los españoles, y me alegro muchísimo”, dijo el director del Instituto Cervantes en alusión a Donald Trump.
Agregó que Sánchez, como todos los grandes escritores, no sólo representa su identidad sino también un diálogo “transnacional”. Elogió la defensa del mestizaje, de lo natural y del deseo en la obra de éste.
Cuando Núñez Negrón quiso concluir el “coloquio de los Luises”, como llamó el diálogo final del congreso entre García Montero y Sánchez, en alusión al poema “Coloquio de los centauros”, de Rubén Darío, al preguntar al puertorriqueño si había un antídoto para combatir la frivolidad del pensamiento, el dramaturgo de Quíntuples cerró con un llamado al silencio del escritor, a no opinar sobre todo.
“Hay que aprender a decir que no. Y lo digo porque siempre se espera que un escritor sea un hombre que siempre está disponible para opinar de todo, como si fuese un todólogo. Y no, no es cierto. Y creo que el escritor debería empezar a aprender que su sitio no es siempre en el escenario, ante las candilejas, ante las grabadoras, que también hay que dar la dignidad del silencio al escritor, lo que parece una paradoja, porque su vida está hecha de contar, de relatar, de decir,
“Sin embargo, quisiera que se entendiera que el escritor no debe hablar de todo, aquí nuestro animador, interlocutor ha usado una palabra que a mí sí me importa mucho, y es que hemos acabando frivolizando todo, hasta el hecho de crear, de trabajar, de encerrarse a lo mejor durante un año para poder hacer un párrafo. El escritor no es un mago, el escritor es un obrero de la palabra, y todo le tiene que necesariamente que dar trabajo, todo lo que es fácil, es frívolo, es pasajero, se evapora. El escritor es un hombre comprometido con hablar en serio, aun cuando su discurso parezca no serlo”, dijo Sánchez.
Contó la anécdota que alguien le reprochó en una carta que, siendo inteligente, no mirara las estrellas.
“¿Qué es eso de mirar las estrellas? Es decir: reducir mi vida a escuchar pamplinas, porque las estrellas es siempre lo que no toca el problema, lo que no toca la esencia de la dificultad. ¿Por qué hay que ver siempre al escritor como una especie de traductor de la idiotez? No lo es”, sostuvo el puertorriqueño.
Y quizás, pensando en Juan Rulfo o Rimbaud, planteó que es mejor que el escritor se quede callado.
“Mejor es que se quede callado muchísimo tiempo, como ha ocurrido con algunos de nuestros grandes nombres literarios, que escriben hoy una novela extraordinaria, y por más que le ofrezcan más de millones y millones y millones de adelantos, quedan callados hasta que tienen algo que decir, con coherencia, con representación de la dignidad del ser humano, del diferente. El escritor debe ser el gran traductor del diferente y defender al diferente que es siempre el acusado, la acusada”, concluyó el diálogo Luis Rafael Sánchez, entre aplausos de pie de los asistentes y de abrazos de García Montero.
Un par de horas antes, en un divertido diálogo entre Mayra Montero y Javier Cercas, que partió con preguntas de la cubana sobre la novela del español, El loco de dios en el fin del mundo, el autor también de Soldados de Salamina recordó a Milan Kundera y su postura en contra de que el escritor entre al debate público porque todo está en sus novelas, pero defendió el deber del escritor como ciudadano de opinar, al alertar que el nuevo populismo usa a la democracia para atacar la democracia.
El espíritu de Bad Bunny
Caguas, localidad a poco más de media hora de la capital San Juan, acogió tres días de conferencias, debates y diálogos del 23 al 25 de abril, arropados bajo el lema general “La libertad de las palabras”, con protagonistas como los colombianos William Ospina y Juan Gabriel Vásquez, la argentina Claudia Piñeiro, el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, la cubana Mayra Montero, el español Javier Cercas y las puertorriqueñas como Magali García Ramis y Ana Teresa Toro o Mayra Santos Febres.
Con el tema “La libertad de las palabras”, la tercera cita bianual de escritores que concibieron en 2021 la novelista Helena Sampedro, su directora, e Ivonne L. Class, titular del centro de Bellas Artes de Caguas, estuvo permeada por la defensa y reinvindicación del español, un idioma siempre amenazado en la historia de Puerto Rico e incluso prohibido en la enseñanza, pero muchas de las ponencias partieron curiosamente de la figura del cantante Bad Bunny por su participación en el Super Bowl LX.
La reacción del presidente de Estados Unidos Donald Trump contra el artista por cantar en español en el espectáculo de medio tiempo en el partido y sus políticas para eliminar al español de las páginas oficiales de su gobierno fueron abordadas por el novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez en su ponencia “El español en los tiempos de la cólera”, que elevó a la categoría de héroe al cantante boricua.
“Me gusta estar en esta isla, que por razones inusuales ha ocupado recientemente el centro de nuestras conversaciones sobre el momento presente de la lengua española”, expuso el autor de El ruido de las cosas al caer y recordó “los días tan turbios” que enfrenta el español frente al gobierno actual de EU.
“Puerto Rico está en el centro de la conversación desde hace unas semanas cuando, en el intermedio de un partido de futbol americano, un cantante cuya música yo no conocía, nunca había escuchado, convirtió esos minutos rutinarios de descanso, de interrupción, meditadamente diseñados para inanidad y el consumismo, en una asombrosa declaración de rebeldía y, si me apuran, de coraje cívico.
“Para hacer lo que hizo Benito Antonio Martínez Ocasio, un nombre que yo hace 15 días no habría sabido pronunciar, en esos pocos minutos, se necesitan una convicción y un valor que no se encuentran con facilidad en nuestros días, porque requieren enfrentarse a fuerzas muy poderosas que cuentan con altavoces muy poderosos”, dijo el narrador colombiano al volver a convocar el espíritu de Bad Bunny.
Ya por la mañana de ese segundo día, la doctora en Lingüística Teórica por la Universidad Complutense de Madrid, egresada de Princeton y miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, Maria Sherwood, había expuesto en un debate por qué decidió estudiar las letras de la música del cantante, sistematizar su léxico y publicar El ABC de DtMF. Diccionario de palabras de Puerto Rico y referencias culturales en DeBí TiRAR Más FOTOS, sobre el álbum icónico de Bad Bunny.
Sherwood no es la única que ha investigado el lenguaje del cantante boricua. En EU las investigadores Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau también publicaron PFKNR. Bad Bunny y la música como un acto de resistencia (Planeta, 2026), sobre el boricua que retó a Trump en español en el Super Bowl LX.
“En estos tiempos de estos tiempos de cosas extrañas, una medida del valor de las cosas es cuánto irritan a Donald Trump, así la posición de España sobre la guerra de Irán, así las posiciones de sentido común del Papa León XIV, así los programas de sátira política de los comediantes Stephen Colbert o Jimmy Kimmel (...). Habrá que convenir que Bad Buddy nos dejó uno de los momentos determinantes de este tiempo confundido que nos ha tocado vivir”, apuntó Vásquez sobre el partido del 8 de febrero en Santa Clara, California, en el que el boricua fue el primero en cantar en español en el Super Bowl.
“Con su puesta en escena de cierta idiosincracia latinoamericana, con su uso desacomplejado de un español impuro, callejero, heterodoxo y, sobre todo, sobre todo, con su recorrido ritmado o rimado país por país por esta América nuestra, Bad Buddy convritió el intermedio de ese partido en una cifra del momento político que vivimos, en una defensa de la multiculturalidad en tiempos de esencialismos, y de la inmigración en tiempos de xenofobia. Y además en un memorando de los poderes del arte y de sus compañeros de siempre: la ironía y la desfachatez, para decir una cantidad de cosas que de otra forma no se pueden decir. Y vino la reacción de Trump: 'No se le entiende una palabra'”, recordó.
En su conferencia inaugural del primer día, su compatriota William Ospina antes había recordado “Las palabras de la tribu global” que muchos de los lugares emblemáticos de EU tienen nombres latinos.
“Los latinoamericanos sentimos un placer singular cuando advertimos que muchos de los lugares más familiares de EU tienen nombres latinos. Nos llega en ellos el rumor de un pasado complejo, desde las peregrinaciones de Cabeza de Vaca y Hernando de Soto por los desiertos del sur, pasando por la historia mexicana de la mitad del territorio, hasta las sagas de la novelas y el cine del lejano oeste, como El tesoro de la Sierra Madre, que según se dice le devolvieron su lugar a la épica en el imaginario de nuestro tiempo”, arrancó el premio Rómulo Gallegos 2009 por El país de la canela.
Pero el poeta, narrador y ensayista no se quedó solo en la defensa, sino que habló del idioma como un territorio de acogida de cultura, tema central de su ponencia inaugural, como la que recibió el castellano del árabe o las lenguas indígenas y que recibe el inglés del español y las lenguas originarias.
Recordó que en la conquista y la fundación de América del Norte también participó poderosa y poéticamente el mundo latino, cuya presencia ahí no es marginal, sino profundamente original.
“También sentimos el agrado de que a pesar de la colonización europea, sobrevivan en el continente tantos nombres del viejo universo mágico de los pueblos indígenas, que no sólo en la América Latina las regiones y las ciudades tengan nombres como México y Bogotá, Cuba y Caracas, Cusco y Oaxaca, Guatemala y Nicaragua, sino que también en Estados Unidos abunden topónimos indígenas.
“Es extraño que la ciudad que representa la suma babélica de la modernidad siga haciendo resonar el nombre indígena de Manhattan. Y es bello que abunden en Estados Unidos nombres como Ohio, Oklahoma, Mississippi, Pomanok, Alaska, Nebraska, Tennessee, Utah, Wyoming, Kentucky o Alabama. Todo relato sobre EU, gracias a la magia de esos nombres, se enriquece con el color de unas mitologías que parecen borradas, pero que vuelven como una atmósfera, una leyenda y una música”.
La nota triste la dio a conocer la escritora y académica Magali García Ramis, quien apenas al despuntar el tercer día de actividades, a las 09:00 horas de Puerto Rico; 07:00 horas de Ciudad de México), empezó con un obituario su conferencia “Estábamos comiendo rábanos. El español de Puerto Rico”.
Dio a conocer el deceso de la antropóloga mexicana Rossana Reguillo esa madrugada y recordó la influencia que la jalisciense tuvo en formar investigadores en la Universidad de Puerto Rico.
PCL