Una escultura de bronce de casi tres metros de altura, formada por dos lazos que se sostienen entre sí, llegó a la Alameda de León, en Oaxaca de Juárez, para plantear una pregunta que rara vez ocupa el espacio público: ¿quién cuida a quienes nos cuidan?
La artista estadunidense Molly Gochman presentó Monumentos a las Maternidades durante el Festival Decididas Oaxaca 2026 bajo el lema Raíces por la Paz: Cultura, Cuidados y Comunidad.
La pieza es parte de Monuments to Motherhood, proyecto que busca reconocer las labores de cuidado, con frecuencia realizadas por mujeres y asumidas como una responsabilidad privada. En Oaxaca participan organizaciones como Pueblos Originarios Oaxaca Market y el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (Caceh). La colaboración no se limita a presentar una escultura: las comunidades están incorporando a ella sus propias formas de memoria y participación. Gochman habla al respecto con MILENIO.
¿Qué hizo de Oaxaca un lugar significativo para esta etapa del proyecto?
La primera vez que fui a Oaxaca me sentí muy acogida por la ciudad, sus relaciones humanas, su arraigo y su creatividad. Decididas nos invitó, pero lo importante es lo que ya sucedía aquí en torno al cuidado, la cultura y el liderazgo de las mujeres mucho antes de nuestra llegada. No estoy aquí para definir nada. Vengo a escuchar con una escultura que sólo se completa cuando la comunidad deja su huella en el bronce.
Oaxaca es hermosa, pero lo que más me ha conmovido es su gente, especialmente las mujeres que he conocido. Me he sentido muy bien recibida y ha sido un verdadero placer estar aquí, compartir y aprender de ellas. También quiero reconocer el gran trabajo de Raymundo Chagoya y su participación en este encuentro. Cada lugar de este recorrido me enseña algo sobre cómo circula el cuidado. En Oaxaca he conocido a mujeres y comunidades que han hecho de él una prioridad. Quiero seguir aprendiendo de esas redes que llevan generaciones trabajando, de su humildad, paciencia y de las relaciones que construyen.
¿Qué relación tiene la escultura con la idea del cuidado?
Mide casi tres metros y es de bronce. Son dos lazos que se inclinan y se sostienen mutuamente. Quería mostrar que no pueden mantenerse de pie solos: se necesitan para conservar su forma. El cuidado nos pide acercarnos unos a otros, no alejarnos. La comunidad también se construye así, persona por persona, hasta formar un tejido capaz de sostenernos.
La forma surgió de una estructura hecha con objetos domésticos: vasos, tazones, envoltura plástica y papel aluminio. Ayudaron a sostener los lazos durante su creación y, aunque desaparecieron, siguen presentes en los vacíos que dejaron. Eso también es el cuidado: el apoyo que nos da forma incluso cuando no podemos verlo.
Al tocar el bronce, los aceites naturales de las manos cambian su superficie; también lo hacen la lluvia, el sol y el tiempo. No sabemos cómo se verá dentro de unos años. La pátina reflejará la historia de quienes se hayan acercado a tocarla, como ocurre con los efectos del cuidado, que no siempre podemos anticipar.
El reconocimiento de las tradiciones artísticas no implica mejores condiciones para las mujeres. ¿Qué puede hacer el arte?
No creo que el arte pueda resolverla por sí solo. El trabajo de cuidados no remunerado representa casi una cuarta parte del PIB de México y las mujeres asumen aproximadamente tres cuartas partes. El reconocimiento sin inversión no cambia las circunstancias de quienes cuidan.
Lo que el arte puede hacer es volver ese trabajo más difícil de ignorar, para que quienes tienen el poder de asignar recursos y legislar deban tomarlo en cuenta. La visibilidad es el inicio de la conversación y quizá de acciones concretas. El arte puede tender un puente entre el hogar y la plaza pública: el cuidado no es solo una carga privada, sino parte fundamental de nuestra infraestructura cívica. El bronce convierte ese trabajo invisible en una huella física dentro de nuestra historia.
¿Cómo incluyes el cansancio, la obligación o los sentimientos contradictorios sin idealizar el cuidado?
El proyecto comenzó con mi experiencia cuidando a mis padres, a mis hijos y a mi comunidad, pero estos monumentos nunca se trataron solo de mí. Quieren dar cabida a todas las versiones, incluso a las que no son tiernas. El cuidado puede surgir de la obligación, el dolor, el agotamiento y de responsabilidades que nadie eligió. No quería reducir esa complejidad a una sola imagen de bronce.
También creé un pódcast en español con el mismo nombre para escuchar a quienes cuidan y reciben cuidados, y a las personas que construyen las estructuras necesarias para valorar ese trabajo. Para la segunda temporada seré coconductora con Bárbara Arredondo Ayala; será en español. Estamos recorriendo México, de Xochimilco y la Ciudad de México a Oaxaca, para conversar con trabajadoras del hogar organizadas por sus derechos, redes indígenas de cuidado, arquitectos y responsables de políticas públicas vinculados con las Utopías y la legislación sobre cuidados de la capital.
En Oaxaca, ¿quién decide qué memorias merecen ocupar el espacio público?
México ya tiene el Monumento a la Madre de 1949, en Ciudad de México, que presenta una imagen de la maternidad. Pienso mucho en él porque me recuerda que mi versión no es necesariamente más completa por ser nueva o interactiva. En Oaxaca, con sus propias historias zapotecas y mixtecas de memoria y ritual, no me corresponde decidir quién debe estar representado ni qué historia cuenta la pieza.
Pueblos Originarios Oaxaca Market, CACEH, Decididas, Raymundo Chagoya y otros colaboradores están dando forma al proyecto, no solo recibiéndolo. El colectivo inauguró la escultura con una Ofrenda a la Madre Tierra en la Alameda de León, algo que yo no habría podido aportar. Para Día de Muertos la convertirán en una ofrenda pública en el Templo de Santo Domingo de Guzmán, donde las personas podrán colocar el nombre y la fotografía de alguien a quien aman.
Eso es lo que se busca, que la comunidad haga suyo este lugar. Se ofrece un espacio y una invitación, pero la decisión de a quién recordar le corresponde a la propia comunidad. Es un esfuerzo colectivo, un acto de cuidado. Mientras la escultura sigue su recorrido, se sigue aprendiendo de todas las voces que se suman.
Condiciones dignas
Para Nadxieli Santiago, cofundadora de Pueblos Originarios Oaxaca Market, el encuentro con Gochman representa una posibilidad de colaboración, pero también una oportunidad para hablar de aquello que suele quedar detrás del trabajo artesanal: las mujeres que preservan técnicas y conocimientos heredados, generan ingresos, crían a sus hijos y cuidan a sus familias.
“Creo que el mayor significado de esta colaboración está en entender que las oportunidades no deben limitarse a abrir nuevos mercados o dar mayor visibilidad al trabajo artesanal. También deben ayudarnos a construir condiciones más dignas para quienes hacen posible que ese trabajo exista”, dice.
Desde el colectivo impulsan Ve’i Ñuu, una iniciativa de formación, encuentro y cuidado comunitario. Para Santiago, cuidar también significa transmitir oficios, proteger las lenguas y las tradiciones, atender a las personas mayores y defender el territorio y el agua. Santiago recuerda que incluso descansar puede despertar culpa entre algunas artesanas. Insiste en que el reconocimiento cultural no basta si no se traduce en descanso, acompañamiento y oportunidades: “¿Quién cuida a las que nos cuidan? No basta con reconocer el trabajo de quienes cuidan; también necesitamos generar condiciones para que no tengan que hacerlo solas”.
El problema tiene una dimensión económica: según el INEGI, en 2024 el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivalió a 23.9 por ciento del PIB de México, y las mujeres aportaron 72.6 por ciento de su valor.