Con poesía, algo de rock, cuentos, ensayo e historia se nutre la tercera parte de los 25 mejores libros de autores locales. Ahora abarca del lugar 17 al 11.
17. Fernanda Sandoval - Los buenos términos - Tresnubes/Conarte
Fernanda Sandoval se va por Los buenos términos. Esta obra de poesía con una apuesta por lo visual tiene ese efecto de leerse en claves tipográficas: letras grandes, medianas o normales, en menor medida signos y hasta códigos QR guían por la sinuosa lectura. Y lo ideal es acudir al libro, pero aquí un extracto de esta obra llena de matices:
Habla, rata neja.
Escupe, niña blanca.
Vive en un rasguño
y lame tu cicatriz.
Hurga en el vacío
llora en los desechos
quítate la ropa
salta de un barranco
rasga el firmamento y
pinta con tus huesos
la infértil tierra
de este lugar.
16. Raúl Caballero García - Vianey Valdez. Al ritmo de este compás - UANL/La Quincena
“Muévanse todos”, así canta Vianey Valdez para evocar los primeros pasos del rock and roll en Monterrey y su eco en todo México; canción que se volvió programa musical y su popularidad la llevó al estrellato. Raúl Caballero elabora un perfil que abarca desde luego su nacimiento como cantante, su trayectoria y la relación cordial que siempre mantuvo con su público, y cómo su figura se enmarca en los fenómenos sociales de la cultura popular. Y es aquí donde se contextualiza sobre la vida de la juventud de los sesenta que adoptaron este ritmo para heredarlo a próximas generaciones, con Vianey como uno de sus iconos. Rescate de Caballero de una de las figuras importantes que le puso su voz y estilo peculiar al twist y los gritos.
15. Marionn Zavala - La balada de Ninfa- Conarte
Cuatro historias enmarcadas en la violencia; la violencia que duele, que repugna, que lastima. Son cuatro relatos de Marionn Zavala que pueblan lo que se habla en la actualidad, pero también que se oculta, lo encubren, sucede dentro y fuera de las paredes de las casas, que porque no se denuncia no vale... “La balada de Ninfa” tiene como fondo canciones que no dejan de retumbar mientras el ataque a la protagonista ocurre, algo taladra a este mundo que no escucha, son tan fuertes los sonidos que las almas vagan solas, en despoblado; un alma a merced de cuatro tipos; violadores que ven en Ninfa el actuar de su descaro y crueldad. “¡Mi nombre es Cathy!” mezcla la vida de una niña y sus aprendizajes con informes policiales y políticos, hasta culminar en la triste espera de Cathy en la escuela; su papá no puede ir, su mamá está lejos... “–¡Dile que no me mate, mamá!”, vaya forma de empezar el penúltimo relato, de adentrarse en la vida de Marta y leer todo lo que repugna, lo que atenta contra la voluntad y saberse de pronto en este mundo de un machismo que denigra, que mata. “La tía Elo” trata sobre lo que cuenta la sobrina y lo que descubre, más allá de la desdicha de Elo y esas sinrazones de la desolación. Huir de este mundo es lo que se advierte, mejor la despedida, en la soledad y a que alguien recupere la historia de una vida, como la de muchas que se repiten en un país marchito.
14. Hernán Galindo - Teatro de la reconstrucción - UANL
La dramaturgia local tiene en Hernán Galindo a uno de sus mejores representantes. Esta obra reúne una variedad temática que va de los conflictos sociales que le confieren al ser que pule el arte y lo pone en el centro de sus emociones y adversidades. Pero los alcanza la violencia y sus trayectorias toman otros tintes. Vidas de artistas que se trazan en estas piezas, como en “Enmascarada”, que aborda a la escultora estadunidense Anne Coleman Ladd; “Kumbia sumergida”, que narra la historia de los integrantes del grupo regiomontano Kombo Kolombia, quienes fueron asesinados en 2013, o Federico García Lorca y “La destrucción de Sodoma”, poeta granadino y una de las víctimas que dejó la Guerra Civil Española. Tres historias enmarcadas bajo el sello de Hernán Galindo.
13. Jorge Luis Darcy - Nadie prometa el cielo - Laberinto Ediciones
La poesía de Jorge Luis Darcy está trazada para el viaje. Desde la “Carta al viajero” marca esa disposición: la palabra cuestiona lo establecido, es silenciosa, serpentea, abre cerrojos, es firme ante lo caótico. Poética que convoca a observar y ser observado, a recuperar instantes, a capturar los meses, los días, a nombrarlos: “Siempreabril”. A renombrar los silencios que precisan los versos: “Las figuras estrictas de lo incierto”. Darcy pues lleva a captar el oficio y encontrar la verdad; además transita a ese miedo, al “Miedo artista”: “Tengo miedo de ser el río/ que está cansado de recordarnos la belleza/ o de ser la cascada/ que llora hace siglos la misma canción/ miedo de ser el volcán/ que solo puede ser admirado/ porque está dormido” (pág. 70).
12. José Javier Villarreal - Los secretos engarces - UANL/Textofilia
Los ensayos de José Javier Villarreal tienen su ritmo, llevan y guían al lector. Y es también en este encuentro donde ocurre la memoria. Ambos siempre van de la mano, porque ensayo es memoria. Como lector siempre es vital encontrarse entre quienes sellaron la literatura mexicana como Alfonso Reyes, Ramón López Velarde, Carlos Pellicer o Sergio Pitol. Los viajes poéticos son otro boleto con los clásicos y modernos revisitados. Para José Javier Villarreal el ensayo y la poesía establecen ese imaginario que tiende un puente para conformar dos vertientes que domina y que pone a disposición de los lectores con todo y sus secretos.
11. Hugo Valdés - Los confines del fuego. Diarios de Santiago Vidaurri - An.Alfa.Beta/Conarte
Lo menciona Hugo Valdés en las notas de aclaración de esta obra. José Santiago Vidaurri Valdés es un personaje que lo ha merodeado desde hace años. Aparece en un capítulo de su primera novela y en un ensayo biográfico con base en fuentes históricas y ahora está a cargo de los diarios, para aproximarse aún más a esa figura histórica de Nuevo León, que en la etapa en que fueron escritos había tenido una ruptura con el gobierno de Benito Juárez y que de manera posterior abrazó la causa monárquica para servir a Maximiliano de Habsburgo. Pero desde luego hay más, donde se asoman pasajes de su acontecer cotidiano y una exploración a lo que se cifraba en su vida política. Otro aspecto que se rescata es el estilo de escribir de Vidaurri: conciso y a la luz de su pensamiento e ideas no solo políticas, sino de lo social y de relaciones de amistad. Aquí un breve fragmento del primer diario; fechado en Misisipi, en 1864: “Quiero hablar de las personas y de las cosas. Está mal que lo diga, sobre todo porque me valdré de palabras para darle forma a la memoria, pero cómo me resultan aquéllas insuficientes o sirven solo para disimular propósitos. Hay historias que no pasan de viento y mentira: espero que la más no sea una por el estilo, no aun pasto para el mito por el mal uso de las palabras. Tal vez un mito solo es historia viva sin cronología: un libro de crónicas con las fechas y los años desvanecidos y al que hubieran agitado como arenilla en salvadera para revolver los acontecimientos, próximos o de siglos atrás, y aun así dar cuenta de nosotros” (pág. 15). Una obra que rescata el pensamiento de uno de los personajes más recordados de la historia de NL.