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Lunes , 18.03.2019 / 10:11 Hoy

Martín Luis Guzmán, un referente olvidado

En su libro Martín Luis Guzmán: entre el águila y la serpiente, la investigadora Tanya Huntington se sumerge en la obra de un autor, al mismo tiempo, admirado y repudiado.

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La figura de Martín Luis Guzmán es de claroscuros: uno de los más exitosos en su tiempo, incluso reconocido por sus pares, que al final de sus días tomó decisiones que lo llevaron al olvido, sobre todo por sus opiniones más políticas que literarias.

Incluso, piensa la investigadora Tanya Huntington, hoy día prevalece esa ecuación: se valora su calidad literaria, no así su posición política, lo que de alguna manera se refleja en la discrepancia que notó entre el respeto que le tenían la mayoría de los autores mexicanos, una lista que incluía a José Emilio Pacheco, a Juan Villoro y un largo etcétera, “quienes identificaban a Martín Luis Guzmán como uno de sus autores favoritos, así como sus modelos a seguir a la hora de crear una prosa”.

“Entonces pensé: bueno, dónde está el reconocimiento, las bibliotecas, las estatuas… porque no hay ninguna; a partir de ahí empecé a indagar acerca de lo que viene siendo la recepción de este autor y su obra”, cuenta la investigadora, quien de esa curiosidad produjo el libro Martín Luis Guzmán: entre el águila y la serpiente (Tusquets, 2015), resultado de 15 años de trabajo de Tanya Huntington.

El autor de La sombra del caudillo interpretó muchos papeles a lo largo de su trayectoria literaria: miembro —algunos dirían que advenedizo, explica— del Ateneo de la Juventud, aunque al mismo tiempo es una férrea defensora de que debería de considerársele como parte de esa generación, porque compartieron muchas cosas, desde líos de faldas, hasta el exilio.

Al mismo tiempo se le puede incluir como integrante de la república española, porque en calidad de editor periodístico fue la mano derecha de Manuel Azaña mientras estaba en Madrid, luego pasó a ser una especie de republicano-mexicano aquí en México, en los años 30; y ya después, “debido a una enemistad que trabó con Vasconcelos, se le empezó a dificultar formar parte de la estructura cultural revolucionaria que se estaba labrando en México, así que tuvo que poner su ‘propio changarro’: su revista o sus librerías”.

En la novela mexicana

Como parte de todas esas etapas, la obra de Martín Luis Guzmán debe entrar en el canon de la novela de la revolución mexicana, un género que sigue dando frutos hasta la fecha, dice Tanya Huntington, quien en el volumen hace un repaso biográfico de la vida y la obra de un personaje que, sin duda, fue polémico.

“Siempre fue un personaje incómodo, tanto así fue víctima del caso más flagrante de censura presidencial que hubo en el siglo XX mexicano, cuando el presidente Plutarco Elías Calles le informó a la editorial que publica las dos obras maestras de Guzmán, El águila y la serpiente y La sombra del caudillo, que si el autor vuelve a mencionar sucesos posteriores a 1910, sacarían a toda la editorial y a sus representantes del país.

“Si adelantamos la película hasta el año 68, Guzmán tuvo un papel desafortunado cuando ocurre la matanza de Tlatelolco, él desde su revista, ‘Tiempo’, ofreció la versión oficial de los hechos, con lo que recibe como “premio” una curul en el Senado y un Premio Nacional, y eso fue muy difícil de perdonar por los escritores de la generación de los 60. Pero podemos concluir que siempre fue incómodo, pero de distintas maneras.”

En Martín Luis Guzmán: entre el águila y la serpiente no existe el interés de hacer una apología de su actuación política hacia el final de su vida, advierte Tanya Huntington, sino más bien tratar de hablar acerca de la obra como un ente independiente, “poder contagiar la lectura de su obra aunque sea a un par de personas más”.


El hombre de los tres sombreros

Martín Luis Guzmán siempre ejercía su vida a partir de lo que denominó los “tres sombreros”, que él llevaba puestos en todo momento: muchos piensan que el periodismo es lo que hace un autor para ganarse el pan, pero Guzmán ejerció el periodismo a lo largo de su vida con mucho gusto y mucho oficio, pero siempre tuvo ese gusanito de la política.

“Era un autor sumamente politizado, aunque yo señalo que en El águila y la serpiente su visión de la política mexicana es sumamente crítica y que esa crítica se extiende hacia sí mismo y se vuelve autocrítica. Del otro lado, en España se convirtió en el autor mexicano que más ejemplares había vendido.”

Tanya Huntington recuerda que los autores que le confesaban su admiración por Guzmán hablaban de ese estilo tan pulcro, tan bien trabajado, y “si vemos con ojos nuevos, vemos que Guzmán se pinta como un revolucionario fracasado y, por ende, se siente culpable”.

“Su obra nos aporta una visión una autocrítica, una especie de literatura del fracaso, que consideramos posmoderno, como terreno de Ibargüengoitia.”

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