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Miércoles , 20.03.2019 / 04:41 Hoy

Los objetos en el espejo, una novela “tridimensional” sobre feminicidios

La novela se enfoca en la desaparición de una adolescente supuestamente violada y de su búsqueda por parte de sus padres, acompañados por un reportero machista.
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Como en el teatro griego, Sofía Sámano parece una máscara sobre las tragedias de Mara Fernanda Castilla Miranda, Daphne Fernández, Lesby Berlín Osorio Martínez, Kenia Romero Gutiérrez y de las miles de mujeres asesinadas en México para quienes la novela Los objetos en el espejo es un memorial.

Sin una investigación específica sobre algún feminicidio, el relato de Rafa Fernández de Castro se enfoca en la desaparición de una adolescente en Valle de Bravo, supuestamente violada por un grupo de juniors, y de su búsqueda frenética por parte de sus padres, acompañados por un reportero machista.

Fernández de Castro, joven periodista premiado por participar en la investigación de Panama Papers, obtuvo con su ópera prima el decimosexto y último Premio Internacional de Narrativa, que hasta 2019 otorgaron Siglo XXI Editores, la Universidad Autónoma de Sinaloa y El Colegio de Sinaloa, y que por motivos presupuestales y baja participación se extinguió. Sus jueces: Élmer Mendoza e Iliana Olmedo.

En Los objetos en el espejo, que remite a la leyenda de los retrovisores en los autos que señalan que la realidad (y una posible tragedia) está más cerca de lo que parece, el narrador buscó mezclar la crónica periodística con la novela negra, para contar “una historia muy noticiosa pero desde la ficción” sobre lo que ocurre desde hace al menos 20 años en México con los feminicidios, la corrupción y la impunidad, con una “autocrítica” a los medios de comunicación, a la profesión de periodista y a las redes sociales.

“Quería plasmar todos estos conceptos en la novela y decidí hacerlo en forma de thriller, con una historia personal de este periodista que está perdiendo a una mujer muy cercana a él, al mismo tiempo de que está tratando desesperadamente de encontrar a una que no conoce, con otra historia mucho más grande, mucho más política, este crimen en Valle de Bravo, esta desaparición, contada por personajes masculinos”, comenta en entrevista Fernández de Castro, que presentó el libro en la Feria de Minería.

“Me estaba llamando mucho la atención, al momento de sentarme a escribir, esta crisis que estamos viviendo de mujeres que desaparecen, que son violadas, torturadas, asesinadas, y hay poca justicia y mucha impunidad en los juicios contra quienes están detrás de estos feminicidios”, explica el narrador.

-Tu historia remite de inmediato al caso de Los Porkys y su víctima Daphne, en Veracruz, e incluso a la película Después de Lucía, de Michel Franco.

El caso de Los Porkys es un punto de partida, un escándalo nacional. Pero otra noticia que me llamó la atención fue de esta chica en Puebla (Mara Castilla Miranda), secuestrada, violada y asesinada por un taxista de Cabify. Y también el caso de La Manada, un grupo como el de Los Porkys pero en España, si uno se empieza a fijar hay un escándalo así en muchos países de Latinoamérica, en Colombia, en Argentina... mi novela es una una suma de casos y noticias terribles que uno ve a diario de otra mujer que sale de casa, desaparece y días después la hallan violada, torturada, asesinada, la suma de esas noticias que estamos viviendo desde los noventa, desde Ciudad Juárez, que ahora todavía es mas visible y se siente más cerca de casa, porque hoy el récord de feminicidios lo trae el Estado de México.

Subraya que Sofía es víctima de un feminicidio, aunque, como ocurre en la vida real, no se tipifica como tal por las autoridades judiciales locales y se investiga, si es que se investiga, como un homicidio.

“Hay mucha diferencia entre un homicidio y un feminicidio. Los feminicidios nacen del odio hacia la mujer, de un micro o macro machismo, son la máxima expresión de ello. Yo planteo en la novela que sí es un feminicidio. Como escritor no debo preocuparme mucho por el lenguaje políticamente correcto, trato de describir, que los personajes hablen como hablan, con groserías e insultos, con machismos, con cualquier cosa que hace al personaje más tridimensional”, dice Fernández de Castro sobre su alter ego.

En el tema de la impunidad y cómo las fiscalías tratan de evitar tipificar los feminicidios, refiere que un caso que “le brincó mucho” ocurrió en el Estado de México, donde a un feminicidio lo procesaron como suicidio, de manera muy similar a como hizo la procuraduría de Justicia en Ciudad de México, en el gobierno de Miguel Ángel Mancera, con Lesby Berlin, joven estrangulada en Ciudad Universitaria.

“También hay algo de este debate (sobre el caso de Lesby Berlin) en la novela, respecto a cómo los usuarios de las redes sociales empezaron a echar la culpa a esta chavita que apareció muerta en CU. Qué pasa en los medios de comunicación también, cómo cubren un feminicidio, y también en las redes sociales cómo se arman estas discusiones, incluso con un bando que insiste en culpar a la víctima.

“No investigué ningún caso en particular. De hecho no sabemos mucho de Sofía Sámano, una de las protagonistas del libro, la chica que desaparece, yo lo quería dejar así en el libro a propósito porque Sofía Sámano podría ser una mezcla cualquiera de estas mujeres jóvenes que desaparecen. Quería casi casi que fuera un arquetipo, que cada quien le pudiera poner una cara. Si alguien quería que fuera Lesby o la chica de Puebla (Mara), que así lo hiciera”, expone el autor de Los objetos en el espejo.

-¿Por qué elegiste a un periodista hombre para narrar en primera persona tu novela?

Porque soy periodista. Y me interesa cómo los periodistas se meten a su trabajo, esta comezón de cómo si se meten a investigar, dejan todo de lado. En el libro hay una reflexión sobre cómo el reportero se mete a investigar y de repente deja de lado una relación personal que se le está deteriorando y se le acaba muriendo. No hay mejor investigador que un periodista, no quería un detective privado o un policía; el periodista tiene mucho más espacio de maniobra como personaje para contar los hechos. Al final, lo que hace es denunciar y presionar a la autoridad a que tome cartas en el asunto del feminicidio.

-Fernando Cossío, tu reportero y alter ego, también es un antihéroe, bastante machista para estar investigando un feminicidio.

Así es. Es un personaje tridimensional, no es ni tan bueno ni tan malo, y puede ser tan bueno como tan malo. Es un personaje humano, un hombre que trae sus propios micro y macro machismos, que se equivoca mucho. Al final también es una crítica al periodista: quiere ganar la nota, nunca sabes qué tan interesado está en salvar a la niña o encontrarla o sí simplemente quiere armar un súper reportaje que le devuelva credibilidad y fama. Intentaba poner sus debilidades, sus propios machismos y sus demonios.


RL

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