Desde que Olimpia Coral Melo comenzó su cruzada contra la violencia digital —que desembocó en la ley que lleva su nombre, aprobada a nivel federal el 29 de abril de 2021—, su historia ha pasado por múltiples plataformas y medios. “Pero alguien me comentaba que nunca la había visto reírse... hasta el documental”, dice Indira Cato, directora de Llamarse Olimpia (2025).
Descubrir esos detalles, más en alguien que a los 18 años enfrentó ofensas y escarnio tras la difusión ilegal de un video de contenido sexual por parte de su entonces pareja, “humaniza”, precisa la realizadora, que habla con MILENIO en el marco del Festival Ambulante 2026.
Acompañar a Olimpia
Entendiendo el documental como “la oportunidad de sumergirte y complejizar un tema o problemática”, Indira decidió contar la lucha de Olimpia desde lo íntimo.
Durante casi un lustro acompañó a la activista, originaria de Puebla, y a su entorno inmediato. El resultado es un trabajo que exhibe tesón, vulnerabilidad y, sobre todo, un deseo de justicia colectiva.
Esa mirada personal se refleja en el rodaje del día en que la Ley — que sanciona con 3 a 6 años de prisión a quien difunda contenido íntimo sexual de una persona sin su consentimiento — fue aprobada a nivel federal:
"En las noticias salen los políticos tomando las decisiones en San Lázaro. Pero no a las chicas organizándose durante semanas, esperando la fecha y, cuando por fin la tienen, van a acampar afuera de San Lázaro. Y cómo mientras se vota, están las chicas haciendo presión social, gritando consignas, haciendo todo un espectáculo cultural".
"No queríamos la cámara en los curules, sino viendo a quienes levantaron la Ley desde cero y la acompañaron tanto tiempo".
Cato recuerda que, tras ponerse en contacto con Olimpia y plantearle la idea del documental, tenía un plan muy claro que al final “se reestructuró de mil maneras”.
De lo primero que se dio cuenta fue que “la estética” del documental tenía que subordinarse a “la velocidad de Olimpia, porque tiene muchas actividades al día y no estaba dispuesta a parar por el acomodo de un tripie o el lugar de la cámara”.
“Tomamos decisiones respecto a eso: un equipo chico, una cámara muy portátil y estar siempre alerta. Y entender que las cosas no iban a repetirse. Por eso estuvimos al tiro para registrar”, apunta.
Llamarse Olimpia resultó “un reto fuerte”, reconoce la directora. Pero ese dinamismo, dice, “refleja la vida de Olimpia: no para, no mira atrás”.
Darle un cierre al documental fue una de las decisiones más meditadas, y ayudó que Indira y su equipo siempre tuvieron algo muy claro: "No íbamos a acabar con la aprobación nacional, porque eso podría dar la sensación de 'Se resolvió la violencia digital', lo que sería una mentira, algo irresponsable".
Entonces, la ley cruzó fronteras: en 2023 se aprobó en Argentina. “Después del viaje comenzamos a editar, y por limitaciones de tiempo y recursos tuvimos que ir cerrando. Hicimos el primer esqueleto mientras seguíamos filmando necesidades específicas”, recuerda Cato.
De la convivencia con Olimpia, Indira forjó un “vínculo” que hoy las mantiene en comunicación. El documental ya tuvo su estreno internacional en el Festival de Málaga, España, donde ganó el Primer premio del ciclo Afirmando los Derechos de las Mujeres. “Estamos en la misma lucha como defensoras digitales, pero con la claridad que nos da el enfoque cinematográfico”, dice.
La mirada de Indira Cato
El documental Llamarse Olimpia, que tuvo su estreno nacional el pasado 6 de marzo, "cambió mi forma de habitar las redes sociales", confiesa Indira Cato. “A la mayoría se nos olvida que hay personas detrás de los avatares: hacen un alter ego, se construyen con fotos cuidadosamente elegidas y con un perfil ideal. Y no siempre se comportan como en la vida real”.
Le sorprende la facilidad con la que alguien, en plataformas como X, Facebook o Instagram, “tira una bomba y se retira. Si estamos aquí hablando de un tema polémico, nos sentamos a discutirlo hasta llegar a una conclusión. En redes no existe esa necesidad, y eso nos ha hecho poco responsables de lo que ponemos ahí”.
“Eso tiene consecuencias fuertes y se refleja en lo que compartimos y consumimos. Incluso con las fake news: es fácil leer algo superficialmente, respostearlo y no verificar. Hay que ser más responsables y tratar de no caer en la paranoia”.
Esa conciencia se enlaza con su compromiso social, cuyo foco es hacer "cine esperanzador", incluso a partir de problemáticas complejas.
“Es importante recordar que sí hay gente luchando porque el mundo sea más justo. Que sí hay avances, que no estamos estancados; puede ser un granito de arena, pero muchos granitos de arena hacen una playa. A veces uno se desentiende, pero es importante saber la repercusión que pueden tener nuestras pequeñas acciones”.
Mientras acompaña la promoción y proyección de Llamarse Olimpia “hasta el último día”, Indira no descuida su rol de productora en Chumbera Producciones, empresa enfocada a la creación de proyectos con perspectiva de género: pronto estrenarán Mickey, de Dano García, en el festival estadunidense SXSW.
“No es fácil vivir de hacer cine documental, pero tratamos de que esta estructura se sostenga mejor, para poder concentrarnos al 100 por ciento”, zanja la realizadora, quien, desde su cine con propósito que conecta socialmente y abre debates, alimenta una luz entre la penumbra.
hc