Memorias de un Barista (establecido en 2007), Frontera 83, Local A, Ciudad de México
“Tengo tu memoria”, me dice el barista, refiriéndose al pequeño dispositivo USB que se me cayó de la bolsa la semana anterior y acabó en el suelo de la cafetería.
Tenía prisa en el momento que se cayó. Mucha prisa. Recogí todo lo demás que se me había caído y me olvidé por completo de la memoria.
Qué extraño. La memoria era posiblemente el objeto más importante de todos, ya que contiene documentos que no quisiera que ningún malhechor encontrara y utilizara. Cuando llegué a casa ese día, vi que había desaparecido y llamé a la cafetería.
Ahora bien, la gente del café Memorias de un Barista entiende el concepto de la memoria, y de los objetos perdidos y luego encontrados, como nadie más. Fíjate, por ejemplo, en la forma en que honran sus recuerdos en su nombre.
Estoy siendo presuntuosa. Estoy suponiendo que los recuerdos se pierden hasta que se encuentren —hasta que algo, en algún lugar, desencadene su rescate.
En cualquier caso, en la cafetería ya habían encontrado mi memoria y la habían puesto a buen recaudo. Le doy las gracias al barista y me acomodo en un asiento con un Pumpkin Spice Latte, una bebida especial para conmemorar Halloween y el Día de los Muertos, ambos a la vuelta de la esquina.
Alguien detrás de mí, en una mesa de seis, lee la pantalla de su celular y llama la atención a sus compañeros: “¡Checa esto! Han encontrado mosquitos por primera vez en Islandia”.
¿Alguien recordará dentro de unos años el día en que encontramos mosquitos en Islandia?
*Dorothy Dean Walton formó parte del consejo editorial de poesía de la revista The Chicago Review. Escribe ficción, guiones para cine y no-ficción creativa.
** Estos relatos también pueden encontrarse, tanto en inglés como en español, en el blog Third Place Cafe Stories (https://www.thirdplacecafestories.com).
AQ / MCB