Ella era la emisaria
de Dios
y tenía su casa
en la gruta celeste.
Un día, de mala suerte
que descendió a la tierra,
fue incitada a probar
el alimento de los hombres
y a cortar la fruta de los árboles
antes de su maduración.
Tal gusto por la vida terrestre
le costó su destino divino,
y le fueron cerradas
las puertas del cielo.
Desde entonces un ave negra
merodeaba en los caminos
limpiando la inmundicia,
arrastrada por nubarrones bajos.
Este poema pertenece al volumen Tiempos divinos, publicado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Está inspirado en el mito nahua de Veracruz en que se cuenta que, después del diluvio, Dios envió un ave a la tierra para vigilar que los hombres no comieran la carne descompuesta. El ave consentida cayó en la provocación de la gula y comió del manjar de peces muertos. En castigo, Dios la convirtió en zopilote.
AQ / MCB