Hace un par de semanas estuve a punto de inscribirme en una plataforma para obtener una asistenta virtual. Había escuchado tantas veces decir a mi mujer lo mucho que ha eficientado su trabajo gracias al apoyo de su asistenta que, venciendo mis reticencias sobre lo cibernético, resolví hacerlo. Pero cuando estaba por comenzar el proceso, me topé venturosamente con Los niños azules y otras distopías (Ficticia 2026), de Gará Castro. Lo leí de un tirón y, créase o no, las historias de esta escritora yucateca provocaron que diera marcha atrás en mi tentativa.
Los terribles y tristes efectos de la contaminación en la naturaleza, las secuelas impredecibles del cambio climático, las consecuencias del fenómeno mundial de la migración y los problemas que traen consigo la omnipresencia de lo robótico y la virtualidad son algunos de los materiales con los que esta hábil narradora yucateca, construye Los niños azules y otras distopías.
Ocho inquietantes cuentos, que bien pudieran ser de interés para la exitosa serie británica Black Mirror, integran este volumen que, además de constituir un universo literario redondo de gente común con la que es posible identificarse, retrata con malicia varios de los grandes temores contemporáneos de nuestra especie.
No es mi intención clamar en contra de la inteligencia artificial, pues como herramienta bien usada puede traer enormes beneficios a la humanidad, pero debo advertir a quien se adentre en estos cuentos, que no será fácil eludir las interrogantes que suscitan: ¿Es ético alimentar desde nuestras trincheras la dependencia tecnológica que nos va rodeando? ¿Hasta dónde es capaz de llegar el ser humano en su afán por automatizar las tareas y reducir la reflexión en el pensamiento diario? ¿Qué tan responsables somos de las decisiones que tome una máquina a la que hemos asignado capacidad de razonar?
Así de perturbadores pueden resultar estos cuentos.
Pongamos como ejemplo “Proyecto Kiara”, el relato más extenso y que centra su argumento en el dominio de la virtualidad. Aquí, tanto a Kiara, la joven mexicana con un implante en el cerebro que se encuentra bajo la tutela del estado, como a Kin Hyun-woo, el chico surcoreano que la observa a miles de kilómetros desde un sitio web de apuestas, no les resulta fácil decidir por sí mismos. Cautivos del universo de lo virtual carecen de voluntad. A los dos les ronda constantemente el fantasma del suicidio. A los dos les cuesta trabajo seguir adelante. Da la impresión de que viven atrapados, como describe la propia Gará Castro, en “la hora del atardecer, de la dualidad, del engaño, cuando la luz es dudosa y no se distingue la realidad”.
Algo semejante ocurre con los protagonistas de “Duelo.Exe”, la historia que cierra la colección. Ellos tampoco parecen llevar con firmeza las riendas de su vida. Contado en tercera persona a manera de confesión policiaca, el cuento avanza a través de capítulos cortos en los que la tensión va in crescendo. Alguien ha muerto de manera violenta. Cristi, la voz narradora, sabe de antemano lo que ha ocurrido. Una traición entre amigas y una androide que replica a la perfección el carácter y el físico de una suegra difunta son los elementos de los que echa mano Gará Castro para advertirnos de las fatídicas consecuencias que acarrean los intentos de inmortalidad.
“No todo está perdido” y “La ola”, cuarto y séptimo cuentos del volumen, respectivamente, además de la brevedad, comparten el entorno distópico en el que se desarrollan. El mundo, tal como lo conocemos, ha desaparecido. Ahora los seres humanos luchan por adaptarse a las nuevas circunstancias. El primer relato es una charla entre dos desconocidos. Uno de ellos intenta venderle al otro una reliquia del pasado: una Coca-Cola de lata, algo que las nuevas generaciones nunca han visto porque el estado totalitario ha prohibido el consumo de alimentos reñidos con la salud. El segundo, mucho más desesperanzador, trata de una violenta venganza del océano contra el hombre, el ente que se ha encargado de contaminarlo. Difícil olvidar la escena de la tortuga centenaria que debe empujar la basura con su nariz y cuerpo para desovar en la playa infecta.
En cuanto a “Los niños azules”, la historia que da título al libro, debo reconocer que me recordó mucho a una escalofriante película norteamericana que vi en mi adolescencia: Carrera contra el diablo, de Jack Starret. En aquel filme, al igual que en este relato, una pareja viaja por carretera y presencia sin querer un sacrificio humano perpetrado por una secta. En la película, los fanáticos buscaban complacer al diablo asesinando mujeres hermosas; aquí, a Tláloc, quien se ha olvidado de sus fieles en la tierra. Una pequeña pero significativa diferencia que acerca la anécdota a la disyuntiva ética.
Restan por comentar “Casa 111” y “Posibilidad de una vida”, dos cuentos turbios que suceden en tiempos y circunstancias similares. En ambos, la ciudad se encuentra inmersa en un apocalíptico estado de emergencia. Como consecuencia, los protagonistas tienen que tomar decisiones arriesgadas: robar, invadir, matar, huir hacia las afueras. Lo importante es alejarse del núcleo donde se gesta el colapso económico o esa extraña epidemia que ataca las neuronas.
¿Podrán escapar de su destino? Toca al lector averiguarlo.
Tres años después de su ópera prima (Familias perfectas, Ficticia 2022), con una voz narrativa firme, Gará Castro nos entrega su segundo cuentario. No quiero decir cual de los dos es mejor, pues los temas que trata ahora son absolutamente diferentes. Y en gustos, ya se sabe, se rompen géneros. Lo que sí puedo afirmar con certeza es que Gará Castro cada vez escribe mejor.
AQ / MCB