Cultura

El caleidoscopio de Elena Garro

Fragmento

Con autorización de la autora, publicamos cuatro fragmentos de su libro ‘¿De qué huías, Elena?’ en el que explora la relación de la escritora con uno de los más poderosos funcionarios del gobierno de Díaz Ordaz.

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La otra Elena: la delatora en 1968

Elena Delfina Garro Navarro tenía 19 años de edad cuando conoció a Octavio Paz, en los inicios de 1935. A mediados de junio, se hizo su novia. El 25 de mayo de 1937, se convirtió en su esposa. Pero la llama del amor se apagó pronto entre ellos. Sin embargo, ella siguió casada con Paz; tal vez por prejuicio religioso, quizá por conveniencia social y económica. Luego, ambos llegaron al acuerdo de vivir como pareja abierta: cada uno podía tener amantes.

En aquel hueco que dejó el amor, creció la maleza del rencor y la desesperanza. Garro vivió así, largo tiempo, sin encontrar una motivación para su vida, más allá de su literatura. Al parecer, escribir tampoco la satisfacía del todo, tal vez porque sus obras no siempre se publicaban en forma de libro, o porque el México cultural de aquella época no valoraba a plenitud la obra creada por mujeres.

Entonces, un día Elena decidió llenar esa oquedad con una actividad secreta: servir a la policía política mexicana, durante un tramo del Movimiento Estudiantil de 1968. Pero es posible que aquel vacío matrimonial y existencial no fuera la única razón que la moviera para involucrarse en aquella tarea; tal vez la necesidad de dinero para mantenerse, y el anticomunismo en el cual se formó, condujeron a Garro para trabajar con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

Hay documentos que prueban que Elena Garro se involucró con ciertos políticos del régimen Diazordacista, desde antes del trágico 2 de octubre de 1968. Algunos de esos papeles pertenecieron a la hoy extinta Dirección Federal de Seguridad. En ellos, es posible corroborar que Elena, por voluntad propia, estuvo ante Fernando Gutiérrez Barrios, titular de la DFS, proporcionando datos y direcciones específicas de algunos conocidos o amigos suyos que participaban de distintas maneras en el Movimiento Estudiantil de 1968.

La escritora en busca de reconocimiento

Antes que surgiera la Elena delatora, había nacido la Elena cuentista, novelista, dramaturga y también periodista; uno de sus primeros artículos reporteriles lo publicó en 1941, en la revista Así, según datos de Patricia Rosas Lopátegui. En la década de los años cuarenta y marcadamente en los cincuenta, Garro ocupaba buena parte de su tiempo en leer piezas fundamentales de la literatura universal. A la par, escribía su obra; acudía a bibliotecas cuando los temas ameritaban investigación profunda; luego se encerraba en su recámara a escribir, apasionadamente.

Su sobrino Francisco Guerrero Garro, a quien entrevisté en 2004, vivió con Elena siendo niño; le sorprendía el grado de concentración de su tía al estar escribiendo una obra:

“Yo era un niño cuando me tocó estar un tiempo en el departamento de mi tía Elena. Recuerdo que ella era compulsiva para escribir. Se metía a la recámara, se sentaba en cuclillas, ponía la máquina sobre la cama, y a darle. No se despegaba del lugar ni un instante. Pasaba horas y horas sonándole a las teclas. Nadie podía interrumpirla.
“Casi siempre ocurría que, días antes de tomar la decisión de aislarse para escribir, mi tía Elena como que andaba piense y piense mientras bordaba sus manteles o hacía reuniones sociales en su casa. De pronto, un día decidía enclaustrarse y nadie podía hacer ruido; mi prima Helena y yo —que éramos casi de la misma edad— sabíamos que seguía viva por el sonido de las teclas de su máquina. Zas, zas, zas, las golpeaba con energía, hora tras hora”.

Elena tenía varios libros en mente y sobre su escritorio dejaba madurar bocetos de cuentos y novelas. En los años sesenta ya era conocida y respetada como creadora. Desafortunadamente, su postura frente al Movimiento Estudiantil y lo que declaró a la prensa ―luego del 2 de octubre― empañaron su prestigio y detuvieron su trayectoria durante muchos años.

La Elena que abortó a “el Gaucho”

Hago aquí un paréntesis para hablar de ese momento tan complejo para Elena Garro, la mujer. Esta vez había abortado, en París, al producto de la relación amorosa que sostuvo con el escritor argentino Adolfo Bioy Casares. Ella y él dieron en llamar “el Gaucho” a ese no nacido. Garro confesó alguna vez que Bioy había sido el amor loco de su vida, por el cual estuvo a punto de morir.

Muy poco tiempo después de ese legrado, Paz llegaba a Tokio y Elena ―aún en París― se mudaba a un apartamento más barato en un barrio populoso, por falta de dinero. A la par, debía hacerse inyectar una batería de más de seis vacunas, requisito indispensable para ingresar a Japón. Sin embargo, las múltiples ocupaciones de Garro la hicieron olvidar la indicación médica de aplicarse una vacuna cada semana.

Una de esas ocupaciones fue viajar al Valle de Loira, para alcanzar a su hija que vacacionaba en el Castillo de Luynes, invitada por el mismísimo duque del igual apellido. Ahí permanecerá varios días. Elena y la Chata volverán a París con el tiempo encima, apenas para preparar maletas. Paz la llamó por teléfono para exigirle que llegara a Tokio, ya.

Así pues, haciendo a un lado la advertencia médica y el peligro, Garro decidió que ella y su hija se harían aplicar la inoculación contra tifus, peste, viruela, tetanus, difteria, fiebre amarilla y cólera, en una misma semana. La reacción biológica no se hizo esperar: su hija pasaba los días con fiebre alta, pero en Garro fue más allá, y pronto se convirtió en una emergencia.

La Elena que busca a Carlos Madrazo

Un mes después de que se publicara esa entrevista donde reconoce “soy del gobierno” de Díaz Ordaz, Elena Garro empezó a buscar a Carlos Alberto Madrazo, justamente el opositor político del presidente. Era 22 de noviembre de 1965, cuando Carlos Madrazo renunció a dirigir el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Por esas fechas, Garro se acercó a Madrazo porque dijo que deseaba entrevistarlo. No fue una vez, sino dos o tres ocasiones que charló con él y publicó el resultado de esos encuentros. Llama la atención que por esos mismos años se diera también su paulatino acercamiento con el titular de la Dirección Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios.

Elena, pues, estaba en busca de algo, relacionándose con tan complejos, antagónicos y polémicos personajes de la política mexicana; exploraba fuentes de motivación extra literarias. A veces por ingenuidad, otras por interés real, interactuaba con quienes pensaba que se sentían tan fuera del reconocimiento como ella. Esa fue, quizá, una de las aparentes razones que la hizo acercarse a Carlos Alberto Alberto Madrazo.

Si bien el vínculo de Garro con Madrazo se inició, como dije, cuando ambos eran estudiantes, se estrechó en 1965, en la transición de Madrazo, otrora poderoso, a víctima del sistema; un sistema político que, al correr del tiempo, lo mandaría asesinar.


¿De qué huías, Elena? La tarea de Elena Garro para la policía política, en el 68 (Edición de autor, 2026) se presentará el 18 de agosto en la Feria del Libro de la Universidad La Salle, campus Condesa, a las 17 horas. El libro está disponible en la página web de la autora: www.elviragarciaentrenos.com

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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