Cultura

"La revolución cristera nos dejó desnudos, perdimos todo"

Luis Sandoval Godoy, periodista y autor de A´i viene la bola: estampas de la Guerra Cristera, lamenta que a los jóvenes de hoy no les interesa ya el tema, dice: “nada quieren saber de la pérdida que desde ahí sufrió México”.

El libro más reciente de Luis Sandoval Godoy se titula A´i viene la bola: estampas de la Guerra Cristera, una especie de diálogos sobre cristeros entre investigadores y protagonistas del movimiento de la talla del propio Jean Meyer, autor de La Cristiada. El escritor comparte con MILENIO JALISCO algunas impresiones de estos textos.

Han pasado ya casi 45 años de la primera edición de la serie de volúmenes de La Cristiada de Jean Meyer y desde entonces los libros sobre el tema continúan. Este que acaba de editar usted es uno de ellos.

Yo creo que el tema cristero no se ha agotado del todo pues en buena parte la relación de aquellos hechos que dicen lo que los vecinos experimentaron y pudieron contar, mientras accedieron a la entrevista o al relato de sus experiencias por alguna persona que deseaba tener la información que ellos tienen, vale como información de primera mano para conocer la lucha. Como en la actualidad ya no viven más combatientes que informen de su acción, ahora han de estudiarse, valorarse, interpretarse los datos que ellos dejaron cuando pudieron decirlo y sacar de ahí conclusiones de la imagen, el modo, las circunstancias en que se desarrollaron aquellas acciones.

¿Cómo abordó este tema sin repetir lo que ya algunos otros autores han abordado?



Yo me enteré de los asuntos cristeros desde que tuve oportunidad de seguir el trabajo que realizó el P. Nicolás Valdés Huerta con la encendida acción en que se dedicó en cuerpo y alma a la investigación del tema. Hijo de un campesino de Villa Guerrero Jalisco, vio como su padre Don Francisco Valdés fue sacrificado de modo salvaje por los federales que lo aprehendieron bajo el cargo de ser un individuo “santucho y rezandero”; lo desplantaron de los pies y lo hicieron caminar por propio pie hasta el cerro de El Pino como a dos o tres horas de distancia del pueblo mencionado.

A partir de ahí, Nicolás entró al seminario y se dedicó a entrevistar campesinos de aquella región y a grabar sus recuerdos en rollo semi-profesional hasta reunir cuatro o cinco horas de entrevista de campesinos cristeros. El empeño del sacerdote mencionado me indujo a estudiar, leer, escribir, hablar de los antiguas historias de los cristeros acompañando todo esto de la investigación que de algún modo venía a mi alcance.

He escrito las biografías de San Cristóbal Magallanes y los trazos biográficos de otros sacerdotes como el P. Agustín Caloca, el P. Isabel Flores, el P. Román Adame; todos originarios de El Teúl mi pueblo natal. En ellos presento los rasgos edificantes de su vida, sus expresiones apostólicas y la entereza y entrega con que aceptaron la muerte por no traicionar los principios cristianos. También pude reunir un compendio antológico con los mejores momentos de aquellas vidas que publicó el arzobispado de Guadalajara.

En el libro A´i viene la bola: estampas de la Guerra Cristera, incluye diálogos entre expertos que han investigado La Cristiada…

Tuve oportunidad de conocer y tratar a Jean Meyer en su valiosa obra La Cristiada en que fue de alguna manera auxiliado por el P. Nicolás Valdés que le facilitó en préstamo sus rollos de grabación sobre los campesinos del Norte de Jalisco y Sur de Zacatecas; yo por mi parte quise publicar la interesante correspondencia privada de Meyer con el P. Nicolás Valdés en un librito que titulé, Nicolás Valdés en la cristiada de Jean Meyer. En alguna relación posterior mantenida con el autor francés obtuve de su parte un bello prólogo para un librito de fotografías, gentes, lugares y actitudes del pueblo que llamé “Y la luz se hizo” en que el autor hace gala de su conocimiento de la idiosincrasia mexicana y de lo que él conoce y ama a nuestra gente.

¿Qué tiene de particular A´i viene la bola: estampas de la Guerra Cristera?

Muestro los relatos de personajes, de los combatientes que los vivieron en carne propia, es una verdad con fuerza y exactitud. Aquel personaje fue testigo y como tal da testimonio razonado y razonable de los hechos que está contando. Nadie puede decirlo con mayor exactitud. Algunas páginas de este libro están tramadas en hechos experimentados, son vivencias, son trozos de una vida ahí expresada y estos testimonios pueden tener todavía una fuerza mayor si el que los relata, un campesino, por ejemplo, lo hace en su lenguaje coloquial, “en el cual suele el pueblo fablar con su vecino”: que está dándonos la expresión exacta de la manera en que aquellas personas afrontaron los hechos: “Nos fuimos amozongando al hilo de aquel lienzo que bajaba desde la loma para formar el potrero “ Esto quiere decir que se venían arrastrando de estómago bajo del cercado, para librar al enemigo.

¿Actualmente escribe algo?, ¿prepara algún otro libro?

La carga de la vejez me agobia, por ello no pienso en otro libro y con grande pesar me duele el desprecio y aún deploro que la sociedad en general y la juventud, muestren tan poco interés por la historia.

¿Cómo deben abordar los jóvenes estos temas?

Sería bueno hacer que nuestros jóvenes entendieran y recapacitaran en el contenido y el significado que aquella lucha tuvo en la vida del país. La actitud sectaria con que fueron reprimidos los valores cristianos, vida y fundamento en el correr de la vida nacional, vino con del odio en que fue tenida la conducta religiosa del pueblo. De qué valió oír a Rubén Darío festejar el caso de un pueblo “que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”, expresión que habla del cristianismo que dejaron los evangelizadores: principios de virtud, de justicia y de honor. Modos de vivir, de hacer, de cantar, de rezar, de llorar, y de morir. Una preciosa arquitectura religiosa en santuarios e iglesias, un florecimiento de todas las artes, con todo lo cual sostuvieron por siglos normas de vida que la población había tenido hasta entonces. Llegó el radicalismo brutal en intención de arrancar desde el suelo la semilla que dejaron los misioneros. Al perder todo eso, la revolución cristera nos dejó desnudos, lo perdimos todo mientras a los jóvenes de hoy no les interesa, nada quieren saber de la pérdida que desde ahí sufrió México.

Con información de Verónica Banda

SRN

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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