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Jueves , 25.04.2019 / 15:31 Hoy

La carta machista de Albert Einstein dirigida a su esposa

Albert Einstein

A pesar de ser admirado por miles, el físico alemán tenía un "lado oscuro" que demostró en una carta dirigida a Mileva Maric, su primera esposa.
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Albert Einsten es indudablemente una de las figuras más respetadas en el imaginario colectivo, convirtiéndose en un sinónimo del triunfo de la inteligencia humana. 

Por estas razones, se ha convertido también en una figura idealizada a la que a menudo se le atribuyen toda clase de virtudes, valores y rasgos humanitarios. Sin embargo, una carta dirigida a su primera esposa —la física serbia Mileva Maric— que fue publicada por uno de sus biógrafos, revela un lado oscuro del idolatrado científico: el del machismo.

Albert Einstein y Mileva Maric se casaron en 1903, en Berna, Suiza, y procrearon a dos hijos: Hans Albert y Eduard. En 1913, a Albert le ofrecieron un empleo en la ciudad de Berlín, el cual aceptó, y esto causó tensión en la pareja, que acabó divorciándose en 1919.

Durante toda su relación, incluyendo la crisis, el matrimonio Einstein-Maric mantuvo una correspondencia abundante. Durante una de sus separaciones, y en un intento por mantener "buenas relaciones" por el bien de sus hijos, Einstein escribió una carta a Mileva con una serie de "condiciones" para su regreso a la casa marital. Esta fue publicada muchos años después, en 1987, por su biógrafo Walter Isaacson. La carta, escueta y directa, dice así:

CONDICIONES

A. Te asegurarás de que:

  1. Mi ropa y la ropa de cama estén limpios y en orden;
  2. Yo reciba mis tres comidas de modo regular en mi cuarto;
  3. Mi habitación y estudio estén limpios, y especialmente de que mi escritorio sea para mi uso solamente.

B. Renunciarás a toda relación personal conmigo, a menos que sea completamente necesaria por razones sociales. Específicamente, renunciarás a:

  1. Que yo esté en casa contigo;
  2. A que salga o viaje contigo.

C. Obedecerás los siguientes puntos en tu relación conmigo:

  1. No esperarás ninguna intimidad conmigo, ni me los reprocharás de ninguna manera.
  2. Dejarás de hablarme si te lo solicito.
  3. Saldrás de mi habitación o estudio, inmediatamente y sin protestar, si te lo solicito.

D. Te comprometerás a no hacerme menos delante de nuestros hijos, ya sea a través de tus palabras o de tu comportamiento."

Muchos científicos e historiadores han señalado, también, la supuesta participación de Mileva en la obra científica de Einstein, y como éste no le concedió crédito alguno. Y si bien no se trata de juzgar o condenar a un personaje histórico por un determinado aspecto de su vida personal, siempre resulta útil entender que los personajes de la historia no son héroes o villanos, sino seres humanos de carne y hueso con múltiples defectos y virtudes.

Einstein no era un genio inmaculado, ni un santo: era un hombre de su tiempo. Citando a John Stachel, estudioso de la vida del físico, "Einstein se ha idolatrado demasiado; y él no era un ídolo: era un ser humano. Y eso es mucho más interesante".

FM/RL

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